Para la Asociación Civil Dar a Luz, cumplir 27 años de historia significa mucho más que una fecha. Es la cuenta de miles de pañales y camisones hechos a mano entregados, además de muchas horas de escucha en las salas del Hospital Materno Neonatal de esta ciudad.
Desde 1999, este grupo de mujeres se volvió la cara visible de la solidaridad para las mamás que llegan de urgencia al hospital, muchas sin nada en el bolso más que la esperanza y la ansiedad que trae la llegada de un hijo al mundo.
Iris Melano, vicepresidenta de Dar a Luz, conversó con PRIMERA EDICIÓN acerca de estos años de trabajo incansable, que hoy se reparte entre 20 voluntarias que recorren las salas de lunes a sábado, mientras otro grupo cose y remienda desde sus casas.
“Sigo con el voluntariado desde hace 27 años y creo que seguiré mientras me den las piernas para andar. Lo hago cada vez con más alegría, porque es brindar un poquito de tu tiempo a aquel que nos necesita. Todas lo hacen con mucho cariño”, aseguró Melano.
De la crisis a la actualidad
El trabajo de Dar a Luz comenzó formalmente en 1999, cuando se convirtió en asociación civil. Pero la vicepresidenta contó que venía desde mucho antes, de la mano de quienes fueron sus fundadoras: Maia Ayrault y Elva Cabrera de Stampella, acompañadas por Susana Blanch, Noemí Barbero y más mujeres.
En aquel entonces, a poco de cambiar de siglo, Melano recordó que “había una crisis muy grande y hasta la aguja mosquito se necesitaba para los bebés”. Con el tiempo, los desafíos para las voluntarias fueron cambiando, pero la esencia de la asociación siguió intacta.
“Crecimos muchísimo. Empezamos siendo poquitas voluntarias y ahora somos muchas más”, valoró la vicepresidenta. El hospital también fue cambiando: se convirtió en un centro con más tecnología pero que sigue necesitando ese toque humano que le agregan las voluntarias.
“Llevamos pañales, gasitas, todo lo que necesita la mamá en ese momento. Ropa para ellas o para el bebé. No todas lo necesitan, por supuesto. Charlamos un rato con ellas, nos interiorizamos un poquito de cómo están ellas y sus bebés, si el bebé mama bien. Vamos cama por cama”, explicó Melano.
Hoy no solo asisten en las salas de internación, también apadrinan la Residencia de Madres, un espacio importante para que las mamás puedan acompañar a sus bebés mientras permanecen en Neonatología, sobre todo si vienen de otras localidades.
Las mamás que perdieron a sus bebés también tienen su sala y Dar a Luz acompaña ese momento si hace falta. “Cada mamá es una historia. Algunas quieren contarla, otras no”, contó la vicepresidenta.
Red solidaria
El voluntariado es una tarea que, cuando llega en la etapa de jubilación o la edad adulta, como pasa en varios casos de Dar a Luz, tiene que ver con la oportunidad de devolver tiempo y gratitud a la sociedad.
“Cuando me jubilé, hace ya unos cuantos años, pensé que tenía que devolver a la sociedad algo de todo lo que me brindó a mí”, contó Melano. Para ella, son 27 años de una cadena de favores que, como definió, “alarga la vida” de quienes dan y de quienes reciben.
En su caso, llegó a la asociación gracias a la invitación de una amiga, y así se suman muchas otras voluntarias para seguir tejiendo esta red solidaria. Los socios también son una parte importante del trabajo: colaboran con una cuota mensual que sirve para la compra de insumos.
El círculo se completa cuando las mismas mamás que recibieron ayuda vuelven a donar la ropita que sus hijos ya no usan. Hoy, la vicepresidenta contó que buscan sumar más de esas voluntades: necesitan socios y manos que quieran ayudar desde casa cosiendo camisones o tejiendo escarpines. Para sumarse, el número de contacto es: 3764695455.




