Ana Laborde
Profesora de Yoga
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Emergemos de la sesión de Yoga comprendiendo que el momento es ahora para sentir plena armonía física, mental y espiritual. Permanecemos sentados en la mat, buscamos la lecturita habitual y en la página señalada vemos que desde 1985 Indra Devi recorrió nuestro país difundiendo el aprendizaje del Yoga. Entonces leemos:
“Encontré que en el interior de la Argentina existe una labor muy importante que hacer… Esas fueron razones muy importantes que determinaron que me mudase a la Argentina. Comencé a dar clases en lugares alquilados hasta la adquisición de un estudio, en el que creamos una Fundación con el propósito de que el trabajo del Yoga continúe cuando yo haya salido de este mundo”. Recordando nuestros comienzos una década después, comprendemos los maravillosos y multiplicados efectos de sus iniciativas y seguimos leyendo:
“En Argentina me ha ocurrido algo increíble. Nunca había asistido a un congreso de Yoga. Ni en la India, ni en los Estados Unidos, ni en México. Sin embargo, estando acá, me invitaron a un congreso en Montevideo, Uruguay. Estando allá, el presidente del evento dijo: ‘Este congreso está dedicado a Mataji Indra Devi’. La verdad es que yo no entendía nada. No conocía a nadie allí. Había entre los participantes varios instructores del Brasil, de los cuales algunos de ellos, al comenzar su exposición, dijeron que Indra Devi había sido su primera maestra de Yoga y que me conocían gracias a mis libros traducidos al portugués. En ese congreso me eligieron Presidenta Honorífica de la Unión Latinoamericana de Federaciones Nacionales de Yoga”. Nos detenemos a considerar ese proceso de institucionalización que desarrollaban aquellos instructores y continuamos la lectura:
“Posteriormente hicimos en la Argentina el Primer Encuentro Nacional de Instructores de Yoga, al que asistieron más de trescientas personas y fue inaugurado por la Sra. Embajadora de la India Sonu Kochar. Por último, me han invitado al Congreso Mundial de Yoga en Suiza, como representante de América Latina. Creo que no merezco esos honores, pero estos hechos me hicieron pensar que quizás esto sea lo que Swami Vivekananda quiere que yo haga, que unifique a todas las ramas del Yoga y lo difunda. Estoy muy contenta por haber escuchado sólo mi corazón cuando tomé la determinación de venirme a la Argentina, porque las cosas maravillosas que me están pasando lo justifican plenamente”.
Aquí ponemos el señalador porque debemos retirarnos, y nos vamos recordando con una sonrisa la lectura. Namasté.








