En una sociedad que corre contra el reloj, la motocicleta se fue transformando en el vehículo predilecto de muchas familias. Es económica, rápida y soluciona el drama del estacionamiento. Sin embargo, esta “solución” tiene un reverso oscuro que se cobra vidas a diario.
Para Carolina Lovera, técnica superior en seguridad vial, el problema es estructural y cultural: “Naturalizamos cosas que no son normales”, afirmó con preocupación.
En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, Lovera puso el dedo en la llaga al analizar el proceso de otorgamiento de las licencias de conducir. Para la especialista, el carnet no debería ser un trámite administrativo más, sino un filtro riguroso.
“La licencia de conducir es un punto de inflexión, cuanto más facilitamos la entrega, más muertos terminamos levantando de las calles”, sentenció. La falta de criterios unificados entre municipios, según explicó, genera un sistema poroso donde la exigencia brilla por su ausencia.
Vulnerabilidad
Las cifras que maneja la experta son contundentes: 4 de cada 10 víctimas fatales en siniestros viales son motociclistas. Esta estadística no es azarosa, sino el resultado de una exposición desigual frente a vehículos de mayor porte.
Lovera destacó que, aunque la moto sea una herramienta de movilidad necesaria, el riesgo de circular sobre dos ruedas es intrínsecamente superior y requiere una formación técnica mucho más profunda que la actual.
“Circular es una acción social y depende de los valores que tenemos como sociedad”, dijo. La experta sostiene que la calle no es “tierra de nadie”, sino un espacio de todos donde la responsabilidad es compartida. Desde el peatón que debe cumplir sus deberes antes de exigir derechos, hasta el conductor de transporte pesado; todos forman parte de un engranaje que, cuando falla, suele castigar al más desprotegido.
El casco: inversión de vida
Uno de los puntos más críticos de la entrevista giró en torno a los elementos de seguridad. Lovera observó con ironía cómo muchos usuarios prefieren invertir sumas exorbitantes en un teléfono celular de última generación pero escatiman gastos a la hora de comprar un casco homologado. “Peleamos el precio del casco, que es lo que protege nuestra cabeza, lo más importante que tenemos”, reflexionó.
Además de la calidad del elemento, la técnica hizo hincapié en el uso correcto. Un casco que no es de la medida justa, que no está abrochado o que no cuenta con antiparras es prácticamente decorativo. Por una cuestión de inercia y centro de gravedad, ante una caída, la cabeza es lo primero que impacta contra el suelo. Sin un casco adecuado y bien colocado, las posibilidades de supervivencia se reducen drásticamente.
Plataformas y desprotección
Carolina Lovera advirtió sobre el auge de las plataformas de transporte que ofrecen viajes en moto: “Si bien está habilitado para autos, no lo está para motos. Hay un vacío legal que deja al usuario totalmente desprotegido ante un siniestro”, explicó la especialista, instando a la población a ser consciente de los riesgos de utilizar servicios no regulados.




