La implementación de indicadores ambientales comienza a consolidarse como un eje central en la gestión de las chacras del nordeste argentino, donde la medición de la huella de carbono se posiciona como una herramienta clave para la modernización de los procesos agrícolas. En este escenario, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) coordina actualmente una iniciativa de agricultura regenerativa que integra a 80 productores dedicados al cultivo de yerba mate y mandioca.
El programa extiende su radio de acción sobre el territorio de Misiones y el norte de Corrientes, buscando transformar la relación entre la actividad productiva y el ecosistema regional.
Respecto a la trayectoria de estas investigaciones, el técnico del proyecto, Emiliano Lysiak, destacó que el organismo nacional posee una experiencia consolidada en la materia, con una década de trabajo dedicada a analizar el impacto de los procesos productivos.
Según explicó el especialista, el objetivo de sostener estas mediciones a lo largo del tiempo ha sido generar datos precisos que permitan entender cómo la actividad agrícola afecta su entorno y de qué manera se pueden ajustar las prácticas para mitigar ese impacto.
Esta base científica sirve hoy como fundamento para el acompañamiento técnico que se le brinda a los agricultores que buscan certificar la sostenibilidad de sus tierras. La intención es que el productor pueda adoptar prácticas regenerativas que protejan la biodiversidad y el suelo, asegurando que estos cambios no comprometan los niveles de rendimiento por hectárea ni la rentabilidad del establecimiento.





