Colaboración de Francisco
Pascual y Martín Ghisio
Del 15 al 17 de abril de 2026, la Facultad de Ciencias Forestales de la UNaM será sede de la XX edición de las Jornadas Técnicas, Forestales y Ambientales (JOTEFA), un espacio de referencia para el intercambio científico-tecnológico del sector en el NEA. Entre los expositores se destaca el coordinador del Programa Forestal Nacional del INTA, Pablo Peri, quien adelantó algunos de los ejes que abordará en relación con el aporte de los sistemas forestales a la mitigación del cambio climático.
Bosques y plantaciones forestales
El investigador señaló que el sector forestal cumple un papel central en la reducción de los gases de efecto invernadero a partir de tres dimensiones principales. En primer lugar, destacó la importancia del carbono almacenado en los suelos forestales, un componente clave para sostener la productividad y la biodiversidad. “Los suelos con mayor contenido de carbono mantienen la capacidad productiva de los ecosistemas y su diversidad biológica”, explicó.
En segundo término, subrayó la función de los bosques -nativos, implantados y también los sistemas silvopastoriles- como sumideros de dióxido de carbono, en línea con los compromisos asumidos en el Acuerdo de París. “La actividad forestal acentúa su rol como captadora de CO₂, uno de los principales gases de efecto invernadero”, indicó.
El tercer eje remite al creciente mercado de bonos de carbono. Según Peri, el sector forestal tiene potencial para generar créditos a partir de la fijación de carbono, siempre que se logre una cuantificación precisa que incluya no solo la biomasa aérea sino también las raíces y el carbono del suelo. En ese sentido, remarcó la necesidad de articular el trabajo entre organismos científicos, universidades, gobiernos provinciales y el sector productivo.
Capacidad de fijar carbono para reducir emisiones
Para el especialista del INTA, la cuantificación con datos de campo es el punto crítico: no todos los ecosistemas forestales tienen la misma capacidad de fijación de carbono. “No es lo mismo una plantación de pino en Misiones que una de eucalipto en Entre Ríos o un bosque chaqueño de algarrobo. Tampoco la tasa de fijación de carbono de una selva manejada con silvicultura es la misma que una sin manejo”, detalló.
Esa heterogeneidad incide directamente en el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero. Peri recordó que el carbono almacenado en los primeros 30 centímetros del suelo argentino alcanza los 3,2 petagramos, lo que representa alrededor del 2% de las reservas mundiales. Dentro de ese total, las tierras forestales -bosques nativos y plantaciones- aportan el 23%.
Sin embargo, advirtió que el balance no es completamente positivo: entre 1990 y 2020 se perdieron cerca de 7,8 millones de hectáreas de superficie forestal en el país. “Mientras los bosques fijan carbono, la reducción de su superficie genera un efecto contrario”, señaló.
Misiones: potencial forestal y el desafío de generar datos
En relación con el escenario provincial, el coordinador del programa forestal destacó que Misiones posee alrededor de 1,3 millones de hectáreas de selva y unas 400.000 hectáreas de plantaciones, de las cuales el 80% corresponde a pino. Ese volumen la posiciona como un actor clave en la estrategia nacional de mitigación.
No obstante, señaló que aún falta profundizar el conocimiento sobre la dinámica de carbono en la selva misionera. “Las estimaciones indican que una selva sin manejo puede tener un balance cercano a cero o incluso emitir carbono, mientras que con manejo silvícola podría pasar a fijarlo”, explicó.
En el caso de las plantaciones, remarcó que la capacidad de captura varía según la calidad de sitio, el tipo de suelo, la localización y la genética —desde pinos híbridos hasta materiales resinosos—, además de la presencia de eucaliptos y otras especies.
Para Peri, la provincia de Misiones tiene un doble potencial: contribuir a la mitigación del cambio climático y participar en el mercado de bonos de carbono. Pero para ello, concluyó, será necesario generar información más precisa que permita “sentarse a la mesa de negociación” con datos propios y validados científicamente.






