El arte y la fe se conjugaron para dar vida a la obra titulada “Santa María del Iguazú”, de la artista plástica Marisol Gorgues, oriunda de la Ciudad de las Cataratas.
La pieza propone una representación profundamente enraizada en la identidad cultural y espiritual de la tierra colorada, integrando la figura de una madre guaraní, junto a su hijo en un entorno que remite al paisaje misionero y a la esencia de la región.
Nacida, criada y -como ella misma, dice “malcriada”- en Puerto Iguazú, Marisol lleva en su historia personal una fuerte conexión con la selva y el respeto por la cultura guaraní. Su abuelo integró el primer cuerpo de guardaparques de la región, y desde allí heredó una mirada comprometida con la naturaleza y los pueblos originarios.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Marisol Gorgues contó que su vínculo con el arte comenzó en la infancia. Desde los siete años asistió a talleres de formación y, aunque durante dos décadas trabajó en hotelería, nunca abandonó su camino artístico.
“Lo que más me interesa o me inspira son las personas, los gestos y, por supuesto, todo lo que tiene que ver con Misiones y su cultura; llámese vegetación, los caminos colorados, nuestros mbya guaraníes y los animales. Pero con los retratos tengo un amor muy especial”, describió la artista.
Estos matices la llevaron a profundizar en los rasgos de expresión. “Trato de entender, de imaginarme qué está pensando o imaginando la persona para lograr esa gestualidad. En el caso de la Santa María, fue la dulzura: busqué una mirada suave, serena, e interpretar a esa mujer guaraní que también es más introvertida”, explicó la artista, al referirse al proceso íntimo que atraviesa cada una de sus pinturas.
La obra nació hace casi dos años, cuando compartió su idea con el padre Raimundo Lencina, buscando no transgredir sensibilidades religiosas. La propuesta era clara: representar a la madre y al niño guaraní desde una perspectiva más terrenal y cercana.
Luego, a fines del año pasado, aquella composición comenzó a tomar forma a partir de la fotografía de una familia de una aldea de la zona. Sin embargo, el proceso creativo la llevó más lejos.
“A partir de ahí empecé a darle más fuerza a la composición. Esa imagen cambió mucho porque yo buscaba la dulzura de la mujer, que no mirara directamente a los ojos, sino que tuviera la mirada baja, algo que caracteriza a nuestros paisanos. La verdad es que uno parte de una idea y luego va fluyendo; se van dando otras cosas alrededor, aparecen las Cataratas del Iguazú en el fondo. Traté de hacer un entorno muy de acá, con esa humedad y ese calor que nos envuelve”, expresó.
El cuadro guarda una notable complejidad técnica en el que detalla los pies descalzos de la Virgen, para los cuales posó su propio hijo. La figura no presenta aureola: en cambio, rayos de luz descienden desde lo alto, simbolizando lo divino desde una interpretación abierta y personal.
“La vegetación y las mariposas amarillas que aquí abundan. La figura no presenta aureola; en su lugar, rayos de luz descienden desde lo alto, simbolizando lo divino desde una interpretación abierta y personal”.
“Cuando uno dice representar algo que es de acá, creo que pude lograrlo”, sostuvo la artista.
Marisol admite que siempre encuentra algo para retocar, pero decidió detenerse y compartir la obra. La repercusión en las redes la sorprendió con mensajes de distintos lugares que celebraron la propuesta, generando una respuesta unánime que no había dimensionado.
La obra será parte de una exposición en mayo en el Hotel Iguazú Grand, mientras tanto puede visitarse en su taller, donde desde hace 17 años coordina un espacio de formación artística al que asisten niños, adolescentes y adultos.



