El fin de las vacaciones marca el regreso a la rutina, un proceso que implica reajustar hábitos y reorganizar el día a día. Con la vuelta a clases y a las múltiples actividades, es común que tanto niños como adultos experimenten una sensación de desajuste que, si no se maneja adecuadamente, puede generar estrés y fatiga. Comprender los mecanismos biológicos y psicológicos detrás de esta transición nos permite abordarla de manera más eficiente y menos abrupta.
Retomar las responsabilidades escolares puede ser un desafío tanto para quienes concurren al colegio como para sus familias. Establecer nuevas rutinas, ajustar horarios y enfrentar expectativas académicas genera emociones diversas.
Al respecto, la psicóloga Nahir Britez brindó en la FM 89.3 Santa María de las Misiones varias estrategias, tips y también tácticas para sobrellevar de la mejor manera esta etapa.

“La primera recomendación a los padres es que, este cambio de hábito, comience con cierta adaptación a las actividades escolares durante las vacaciones. Por ejemplo: mantener hábitos de lectura, de ciertos ejercicios, obviamente, con menor intensidad de lo que es en una época escolar”.
También “empezar a poner y/o establecer ciertos límites, ciertos horarios, cierta organización. Porque sino es como que pasan de un extremo al otro. En vacaciones se flexibilizan horarios, juegos, recreación; y después de la nada empezar a dormir temprano de nuevo, hacer tareas de nuevo depende mucho de la posibilidad que cada chico tenga de adaptarse a una estructura nuevamente, ya que en tiempo de clases, la rutina es mucho más estructurada y organizada”, remarcó.
La profesional aconsejó “dar un poquitito de libertad” a los chicos, porque “me parece que es necesario que puedan tener recreación y tiempo libre. Porque sino, la cabeza no funciona a la hora de estudiar. Con exigencias 24/7 nadie puede rendir bien. Todos necesitamos un momento de descanso, de disfrute, de distracción para desconectarnos justamente de lo que genera como cierta atención y exigencia para disfrutar; después volver y que la conexión sea más productiva”.
Brítez expresó que “es muy importante el diálogo antes del inicio de clases, tanto del lado de los padres, como de los hijos. Porque hay que pensar también en qué etapa está cada hijo”. Por ejemplo: “si empieza la primaria, el nivel inicial, la secundaria, varía el modo de comunicación y de relacionarse con los hijos. Por eso, es muy importante que los chicos puedan expresar lo que están sintiendo: ansiedades, emociones, alegría por el nuevo comienzo. Pero, a la vez ciertos nervios si van a un nuevo curso, y es necesario que lo puedan expresar”.
“Si no hay una comunicación fluida y la misma se basa en retos, amenazas y castigos, no va a haber un buen rendimiento y y tampoco el hijo se va a poder sentir bien”, aseguró.
Además, reconoció que “cada padre entienda que los hijos no van a resolver algo que ellos no lograron o que a ellos les hubiese gustado y no pudieron. Ya que eso genera más tensión, más presión y exigencia en un hijo, que por ahí muchas veces hasta se queda sin herramientas para poder actuar o incluso para llevar a cabo esa situación, porque muchos sienten que realmente es su responsabilidad”.
Con respecto al primer día de clases, la psicóloga remarcó que para los niños “es importante tener el acompañamiento de los padres en el primer día de clases, sacarse fotos, festejar y estar presentes”.
“Si son hijos chicos, es como que ellos valoran de otra manera la presencia de los padres y eso también marca que hay una compañía, que hay una guía, que hay un interés del otro, porque más que nada en la infancia: los padres son el espejo de los hijos“, aseveró.
“Los hijos van identificando lo que sienten, las emociones y cómo tramitan cada situación, en base a lo que ven en los padres; y por eso digo que los padres son un espejo para los hijos”, destacó.
Límites y horarios
Por otra parte y específicamente en la organización de cara al inicio del ciclo lectivo, la profesional sostuvo que “hay que poner límites de horarios: dormir más temprano, limitar las pantallas y dejar de lado el uso del celular. Hay que organizar las tareas, planificar las distintas actividades extracurriculares y hacer partícipes a los hijos en esa planificación, para que ellos también vean la responsabilidad que tienen”.
“Los padres son los responsables y lo que van a marcar qué quieren y qué no para sus hijos”, por ello es importante escuchar qué sienten los hijos, cómo se sienten, porque así podemos prevenir muchísimas situaciones a futuro. Poder escucharlos y no invalidar la palabra de ellos, es clave porque así se pueden prevenir riesgos”, cerró la psicóloga.



