El pollo, históricamente considerado la alternativa más accesible frente a las subas de la carne vacuna, también dejó de ser refugio en Posadas. En febrero registró un aumento de entre 15% y 18%, lo que equivale a 400 o 500 pesos más por kilo, y ya supera los 4.000 pesos en el caso de la pata muslo, uno de los cortes más consumidos.
Así lo explicó el comerciante posadeño Nelson Lukowski, en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, donde trazó un panorama amplio del mercado cárnico local y advirtió que el escenario es más complejo de lo que parece.
“Cada vez que sube la carne, el cerdo y el pollo corren detrás”, resumió. Y esta vez no fue la excepción.
Según detalló, el aumento no responde a una sola causa. Por un lado, se mantiene la lógica de competencia: cuando la carne vacuna sube, el resto de las proteínas ajusta. Pero además, este verano tuvo un factor determinante: las altas temperaturas afectaron el crecimiento del pollo en granjas, obligando a faenar animales más chicos para evitar mortandad.
“El calor afecta muchísimo el desarrollo. Un pollo de más de dos kilos, que es el que se usa para troceo, prácticamente no camina con estas temperaturas. Ante el riesgo, las avícolas están faenando antes”, explicó.
A eso se suma la exportación. En algunos casos, señaló, hay productos que hace meses no se consiguen, como menudencias -hígado, panza, menudos- y ciertas presas, porque se destinan al mercado externo. El resultado es un mercado con menor oferta y mayor presión sobre los precios.
La carne también volvió a subir
Sin embargo, para Lukowski el dato más preocupante no es el pollo sino la carne vacuna. Esta semana los frigoríficos volvieron a actualizar listas con 300 pesos más por kilo, y aunque muchos comercios intentan absorber parte del incremento, reconocen que el margen se achica.
“Esperamos una semana o diez días antes de remarcar, para ver si baja, pero llega un momento que es insostenible. Y esto ya no baja más”, sostuvo.
Pese a los valores -con el kilo de asado bueno por encima de los 20.000 pesos-, el consumo no se desplomó como se esperaba. “Creíamos que iba a caer muchísimo, pero fue poca la diferencia. El consumo se mantuvo”, señaló. Incluso recordó que durante 2025 el consumo per cápita de carne aumentó. “Nadie se queda sin asado el fin de semana”, graficó.
Consultado sobre cómo inciden estas subas en el índice inflacionario, el comerciante consideró que no puede analizarse un mes aislado sin contemplar factores productivos y climáticos.
Recordó que durante gran parte de 2025 los aumentos en la canasta básica no se daban todos los meses y que, en algunos casos, empresas que no ajustaban durante tres meses luego aplicaban incrementos acumulados del 5%.
“No es solo oferta y demanda. También están los tiempos de producción y cuestiones climatológicas. No se puede medir una inflación mensual con un producto que tuvo desabastecimiento puntual”, argumentó.
En este contexto, los supermercados de barrio están modificando su forma de trabajar. Con una inflación más baja que años anteriores, la estrategia es reducir márgenes en productos básicos para sostener volumen de ventas.
“Se toman cuatro o cinco productos de la canasta y se los pone en oferta. Se trabaja con menor margen, apostando a mantener o aumentar la venta”, explicó.
En otros rubros, como limpieza, hubo aumentos del orden del 5%, aunque en productos que llevaban meses sin variaciones.
Semana Santa y el almidón
De cara a Semana Santa, otro producto que ya mostró suba es el almidón -clave para la elaboración de chipas y otras preparaciones típicas-, que aumentó alrededor de 30%.
“El kilo estaba entre 1.300 y 1.400 pesos y hoy está 1.900 para arriba”, precisó. No obstante, aclaró que el producto no había registrado incrementos durante todo el año y que la suba responde, en parte, a problemas de producción en Paraguay, principal proveedor.
En cuanto al pollo y el cerdo, recordó que tradicionalmente aumentan antes de la fecha religiosa, aunque este año los incrementos se adelantaron por factores productivos.
Por ahora, el pollo no tiene un techo definido y su evolución dependerá del stock disponible. La carne, en tanto, sigue bajo presión por la exportación y nuevas listas de frigoríficos.
Lo que queda claro es que la proteína que funcionaba como alternativa económica ya no ofrece el mismo alivio. Y aunque el consumo resiste, el margen para absorber nuevas subas parece cada vez más estrecho.



