La evolución de los salarios muestra un retroceso marcado en el poder de compra durante los últimos ocho años.
Un trabajador formal del sector privado perdió el equivalente a más de un año de sueldo y un empleado público, casi dos años, respecto al poder adquisitivo de 2017, último pico. Los más afectados fueron aquellos que permanecen en la informalidad.
Al comparar con 2024, un informe del economista Nadin Argañaraz arroja que hubo una mejora del poder adquisitivo tanto en el sector privado como en el público, con un avance del 4,8% y 3,9% respectivamente. Si la comparación es con 2023, ambos sectores registran una baja: el privado cayó 1,6% y el público, 17%.
Esta diferencia se debe principalmente al recorte real de salarios en el sector público nacional, en medio de la política de ajuste en el Estado por parte del gobierno de Javier Milei.
En tanto, el sector público provincial experimentó una recuperación en 2025 tras la caída del año anterior.
El análisis de mediano plazo muestra que la pérdida de poder adquisitivo respecto a 2017 resulta significativa. Para un empleado privado formal, la merma alcanza el 20%. En otras palabras, el poder de compra cayó en una quinta parte entre 2017 y 2025. Para el empleado público, el retroceso es aún mayor: el poder adquisitivo de 2025 se ubica un 34% por debajo del nivel de 2017.
Ingresos perdidos
El impacto de este deterioro salarial se expresa también en la cantidad de salarios mensuales perdidos en ocho años. Un empleado privado formal perdió el equivalente a 16 salarios mensuales del 2017, mientras que un empleado público resignó el equivalente a 21 salarios.
La situación es más severa para los trabajadores informales, cuya pérdida asciende al equivalente de 29 sueldos mensuales. El dato no es menor si se considera que el 43,3% se encuentra “en negro” y que el empleo formal privado cayó a niveles mínimos desde 2022.
“La discusión permanente sobre los salarios se explica por la evidencia concreta que muestran estos datos. Ha habido una importante pérdida en los últimos ocho años, siendo necesario encontrar un camino de recuperación sostenida”, detalla el informe.
Argañaraz sostiene que “la inflación alta, con su distorsión de precios relativos, erosiona el poder adquisitivo, ya que son muy escasos los casos en los que los salarios nominales terminan subiendo igual que la inflación”.
La baja de la inflación no ayuda al salario
Destaca que la baja sostenida de la inflación es una condición necesaria para devolver previsibilidad al salario real. Además, advierte que “la baja de impuestos al trabajo debería generar mayores salarios reales de bolsillo para los trabajadores, ya que son los que terminan soportando, en la mayoría de los casos, su incidencia económica”.
De todos modos, la tendencia hacia la desinflación del último año no se tradujo en mejores salarios.
Por caso, un informe de la Secretaría de Trabajo detalla que en diciembre de 2025, la capacidad de compra de las remuneraciones promedio en el empleo formal del sector privado sufrió un retroceso, acumulando cuatro meses de reducción.
En el último mes del año pasado, el salario promedio del empleo registrado privado se contrajo un 0,9% real en relación a noviembre. Entre septiembre y diciembre, la reducción acumulada alcanzó el 2,4%.
En contraposición, el salario conformado promedio correspondiente a los principales convenios colectivos registró una suba real del 0,3% entre noviembre y diciembre.
Así, el salario real promedio fijado en estos acuerdos evidenció una recuperación tras cuatro meses de descensos continuos, período en el que acumuló una baja del 2,5% entre agosto y noviembre.
Sin embargo, solo 6 de los 27 convenios colectivos con mayor cantidad de trabajadores lograron pactar incrementos que igualaron o superaron la inflación del último mes del año.
Aumenta la crisis que atraviesa la economía real
La misma semana que Fate anunció su cierre definitivo y decidió que casi mil trabajadores quedaran en la calle, se conoció de la crisis que atraviesa Granja Tres Arroyos, el mayor frigorífico avícola del país, afectado por la apertura a la importación de pollo desde Brasil. Las versiones señalan que están en riesgo otros 420 puestos de trabajo desde el mes de marzo.
Además, casi en simultáneo a la noticia de Fate, la empresa automotriz Stellantis que produce en el país Fiat, Peugeot, Citroën y RAM, suspendió a sus trabajadores de la planta de El Palomar hasta el mes de marzo atribuyendo la medida a “la dinámica de producción y a las condiciones del mercado automotor”.
Son solo algunos ejemplos de un clima generalizado: según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) entre enero de 2024 y octubre de 2025 un total de 21.046 empresas cerraron sus puertas en Argentina.
El síntoma es inequívoco. Mientras el Gobierno celebra desde enero la acumulación de reservas, el tipo de cambio en calma, la baja del riesgo país, o se regodea en su cercanía geopolítica e ideológica con Donald Trump y pone toda su libido política en la reforma laboral, la economía real vive su momento más crítico en años.
A ello se suma otro síntoma que poco a poco comienza a generar resquemor, incluso puertas adentro del Gobierno: la desinflación se detuvo, y el registro mensual lleva tres trimestres de suba continua. El caso Fate es apenas un botón de muestra más, de un sinnúmero de empresas que enfrentan la misma doble tormenta que acechó a la fábrica de neumáticos: apertura importadora y caída en el consumo interno.
Un reciente informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), afirma que la actividad metalúrgica cayó 6,2% interanual en enero y opera al 40,6% de su capacidad, en niveles similares a la pandemia.
En efecto, el golpe que sufre la actividad económica desde hace meses, alcanza a sectores que sí son competitivos ante la apertura y que son históricamente fuertes en el mercado interno. El ejemplo más claro son los alimentos.
Fuente: Medios Digitales




