No es que los controles sean una molestia, es que son la única barrera entre un viaje de rutina y una tragedia. Durante un operativo de fiscalización de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) en territorio misionero, los agentes detectaron que el chofer de un ómnibus de larga distancia, que tenía como destino final la ciudad de Salta, no estaba en condiciones de conducir. El test de alcoholemia dio positivo.
El resultado arrojó 0,32 gramos por litro de alcohol en sangre. Para cualquier conductor particular, esa cifra ya infringe la normativa en gran parte del país, donde rige la Alcoholemia Cero. En el caso de los conductores profesionales, la exigencia es aún más estricta: la tolerancia es absolutamente cero desde hace años.
Más allá de las explicaciones que pudiera haber dado el chofer en el momento del control, el dato fue suficiente para encender todas las alarmas. No se trataba solo de una infracción administrativa, sino de una situación de riesgo para las decenas de pasajeros que viajaban en la unidad.
Ante el resultado, la CNRT dispuso la desafectación inmediata del conductor y la retención del vehículo, activando los protocolos correspondientes para impedir la continuidad del servicio en esas condiciones.
La prioridad pasó entonces por los pasajeros. Según informó el organismo, se organizó su traslado hasta la Terminal de Ómnibus de Eldorado, donde pudieron descender de manera segura, resguardando su integridad mientras se definían los pasos administrativos posteriores.
El procedimiento se enmarca en los controles que la CNRT realiza en rutas nacionales y provinciales con el objetivo de reforzar la seguridad vial y prevenir siniestros, especialmente en servicios de transporte de larga distancia, donde cada decisión al volante puede tener consecuencias colectivas.




