Durante los últimos meses de 2025 y el primer bimestre del año en curso se consolidó en Eldorado una tendencia denominada informalmente como el “boom de los comercios pasillos”, donde grandes superficies son subdivididas en unidades de escasos metros cuadrados para reducir costos operativos y garantizar la actividad comercial y la ocupación.
La situación fue corroborada por este Diario tras una recorrida fotográfica por las zonas céntricas y se pudo establecer, en diálogo con los locatarios y las inmobiliarias, que el fenómeno se sostiene a causa de la dinámica de altos precios, que dejan fuera de competencia a pequeños emprendedores y las PyME.
Según pudo establecer PRIMERA EDICIÓN, las inmobiliarias locales mantienen una actualización técnica entre diciembre último y febrero que oscila entre el 4% y el 7%. Sin embargo, las barreras de ingreso siguen siendo elevadas: la exigencia de dos garantes, depósito completo y el costo del contrato implica que, por ejemplo para un alquiler comercial de $200.000 iniciales, el cliente en realidad deberá disponer entre $500.000 y $600.000 solo para ingresar.

Además se exige contar con dos garantes para la firma del contrato. En general las empresas que brindan estos servicios evitan alquilar a jubilados o pensionados.
En contrapartida, los alquileres particulares, que suelen prescindir de contratos formales y depósitos, han aplicado aumentos disruptivos que alcanzan el 100%. Esta medida busca recuperar el valor de renta frente a los costos de los servicios, pero también generó un efecto contraproducente: el vaciamiento de locales y galerías, ante la imposibilidad de los inquilinos de afrontar tales ajustes.
La recesión y las bajas ventas han llevado al cierre de los pequeños negocios incipientes; sus propietarios han optado por mutar la actividad en lo virtual y hoy el paisaje del circuito comercial eldoradense es de innumerables locales vacíos.

Cierre o desplazamiento
La tradicional exclusividad de la avenida San Martín, que permitía “estar en vidriera” y mantener una buena actividad cedió terreno ante los costos. La búsqueda de opciones que permitan al empresario costos fijos más bajos desplazó la actividad hacia calles laterales, zonas empedradas e incluso barrios en la periferia. Aunque estas ubicaciones resultan menos atractivas para el flujo de clientes, representan la única alternativa de supervivencia para muchos emprendimientos.
Este escenario incluso forzó a empresas con trayectoria a simplificar su estructura: se observa el cierre de sucursales para unificar operaciones en una sola casa central, una estrategia directa para recortar gastos de alquiler y mantenimiento en un contexto de parate económico.
En sectores del centro y oeste de la ciudad se evidencia una notable inestabilidad. Un ejemplo crítico se registra en la zona de las calles Christianssen y Alemania, donde los ajustes del 100% en oficinas y locales, de un día para el otro, derivaron en la pérdida inmediata de inquilinos.
Ese fenómeno de la “muerte prematura” afectó principalmente a comercios pequeños como kioscos o boutiques iniciados recientemente (algunos hacia el mes de julio), que no logran superar la barrera del pago de servicios y alquileres.
La rotación es incesante: mientras algunos propietarios deciden retirar sus locales del mercado o cerrar momentáneamente para evitar lidiar con la morosidad, nuevos emprendedores intentan ingresar bajo el formato de dimensiones mínimas -locales de 5 a 13 metros de largo- que hoy resultan ser las unidades más demandadas por su bajo costo.





