
Disfrutar de un cuerpo saludable es mucho más que una cuestión estética: implica el bienestar que se construye en el día a día. El equilibrio físico y mental es fundamental. Por eso, la actividad física constante y regular es un pilar tan importante como las pausas a nivel psicológico, necesarias para disminuir las tensiones personales y del entorno.
El estrés laboral, las responsabilidades familiares y los cambios fisiológicos propios de la edad convierten al bienestar en una prioridad, siempre desde una mirada de equilibrio. En este contexto, recuperar la importancia de la corporalidad -es decir, la manera en que el cuerpo influye en nuestras emociones y pensamientos- resulta esencial.
Esto permite comprender que, cuando el estrés nos supera, volver a centrarnos en el cuerpo puede generar un cambio inmediato. A través de acciones simples, como prestar atención a la respiración o modificar la postura corporal, se inicia un proceso que ayuda a disminuir la tensión mental.
De allí surge la importancia de entender que las emociones y las hormonas se equilibran cuando aprendemos a movernos, respirar y volver al cuerpo. Redescubrir la corporalidad no es una moda, sino una herramienta clave si buscamos bienestar integral.
Este enfoque no es nuevo. Ya en 1908 se publicaron artículos que abordaban esta relación entre cuerpo y mente, aunque durante mucho tiempo fue considerada una mirada mística y no se difundió con la fuerza necesaria. Hoy, con aval científico, existen prácticas como Tree, biodanza, técnicas de respiración y mindfulness, todas orientadas al movimiento consciente y a la atención plena en el momento presente.
Pero conozcamos un poco la historia
Dos figuras históricas sentaron las bases de esta comprensión hace más de un siglo: William James y Carl Lange. En la actualidad, la neurociencia moderna -con referentes como la investigadora española Nazareth Castellanos- confirma y amplía aquellas intuiciones: el cuerpo no solo refleja lo que sentimos, también construye lo que sentimos.
William James (1842–1910) fue un filósofo y psicólogo estadounidense, considerado el padre de la psicología moderna. Profesor en Harvard, estudió la conciencia, las emociones y la experiencia subjetiva. En su obra Principles of Psychology (1890), planteó que las emociones no son únicamente estados mentales, sino interpretaciones de respuestas corporales.
Carl Lange (1834–1900), médico y fisiólogo danés, investigó la relación entre el sistema vascular y las emociones. Propuso que los cambios corporales -como el ritmo cardíaco, la respiración o la tensión muscular- son la base de lo que luego llamamos emoción.
La teoría James-Lange
Ambos desarrollaron de manera independiente la conocida teoría James-Lange, que puede resumirse en una frase clave: “No lloramos porque estamos tristes; estamos tristes porque lloramos”.
Es decir, primero ocurre la reacción corporal y luego la mente interpreta esa reacción como una emoción.
La neurociencia contemporánea confirma que cuerpo y mente están profundamente entrelazados. El sistema nervioso autónomo regula funciones como la respiración y el ritmo cardíaco; la retroalimentación facial demuestra que relajar el rostro puede reducir el estrés; la interocepción permite reconocer señales internas; y las prácticas de mindfulness con conciencia corporal fortalecen la regulación emocional.
Nazareth Castellanos lo sintetiza así: “Pacificar el gesto es pacificar la mente”. Desde esta mirada, expandir la conciencia corporal se convierte en una vía natural para el bienestar. Conocernos, leer, reflexionar y comprender la integración entre cuerpo y mente no es un complemento: es parte central del cuidado de la salud. El mejor suplemento es la lectura que nos permite conocernos y valorar el potencial de la integración CUERPO Y MENTE.




