El sector metalúrgico misionero atraviesa un escenario complejo y desigual, marcado por la caída de la actividad en las economías regionales y por un contexto nacional que no siempre refleja la realidad local. Así lo describió Marcelo Bruno, tesorero de la Cámara Misionera de Industriales Metalúrgicos, al analizar el presente de la actividad y los desafíos que enfrenta al inicio de 2026.
El dirigente explicó en FM de las Misiones que, a diferencia de los grandes polos industriales del país, la industria metalúrgica provincial depende casi exclusivamente del desempeño de sectores como la yerba mate y la forestoindustria. Señaló que cuando esas actividades funcionan, se activan inversiones indirectas que traccionan al rubro, mientras que en períodos de retracción el trabajo se reduce a reparaciones urgentes y soluciones mínimas.
“La realidad nuestra es heterogénea, pero siempre relacionada con nuestra economía regional, que está bastante golpeada”, afirmó Bruno, al describir un entramado productivo que va desde pequeños talleres hasta fabricantes de maquinaria específica para cosecha y aserraderos.
“La yerba es un motor importante que mueve indirectamente a nuestra industria. Cuando le va bien, se invierte desde galpones en depósitos, se cambian líneas de producción, se se realizan mejoras técnicas, ampliaciones y demás. Y cuando estamos como ahora, por ejemplo, solamente son reparaciones de urgencia o o resoluciones técnicas que que que se deben hacer sí o sí, y lo mismo pasa con la madera”, agregó.
En ese contexto, el reciente acuerdo salarial fue otro de los puntos analizados. El tesorero de la cámara advirtió que las paritarias se definen lejos de Misiones y responden a estructuras productivas muy distintas. “Son valores que para el trabajador son buenos, pero chocan con la realidad de las empresas, que no tienen capacidad para absorberlos directamente”, sostuvo.

Bruno remarcó que hoy el principal objetivo de los industriales es sostener el empleo y mantener las plantas en funcionamiento, aun con márgenes ajustados. “Si no trabajamos, no producimos y no tenemos con qué pagar”, expresó, al tiempo que señaló que el escenario obliga a cuidar costos y buscar eficiencia para atravesar el ciclo adverso.
La dinámica de frontera también aparece como un factor a repensar. Según indicó, más que una limitación, debería convertirse en una oportunidad para ofrecer servicios y soluciones técnicas en países vecinos, especialmente Paraguay. En ese sentido, consideró que la cercanía geográfica y los costos logísticos permiten cierta competitividad, pese a las dificultades estructurales.
El dirigente también se refirió a la baja en el precio del acero como una variable que comienza a abrir algunas puertas. Explicó que la reducción del valor internacional genera condiciones más favorables para pequeñas obras y modificaciones en grandes emprendimientos de la región, aunque aclaró que todavía se trata de trabajos acotados.
De cara a los próximos meses, Bruno señaló que el mayor desafío pasa por adaptarse a un modelo de negocios más profesionalizado. “Tenemos que ser eficientes, capacitar a nuestro personal, incorporar tecnología y ofrecer soluciones técnicas”, planteó, aunque reconoció que la falta de financiamiento y de herramientas adecuadas dificulta ese proceso.
Finalmente, sostuvo que el sector está acostumbrado a moverse en escenarios cambiantes y sin previsibilidad a largo plazo. “Nunca tuvimos un panorama parejo durante muchos años, pero buscamos la forma de seguir adelante”, resumió, al describir una actividad que intenta sostenerse entre la resiliencia empresarial y una economía regional en tensión.




