“Todo lo que papá nos enseñó sirvió de mucho y para toda la vida, además de lo que se estudió en el secundario, lo que se aprendió con los profesores y lo que la vida misma también te enseña”, manifestó Juan Antonio Huber (61) al describir la pasión que lo tiene “aferrado” al taller mecánico desde cuando era adolescente y debía ayudar en las tareas, junto a su hermano Jorge Alberto, a Federico, su padre.
Además, constantemente lee y se informa sobre el rubro con manuales y catálogos para brindar una solución rápida y concreta a sus clientes. “La mecánica me encanta, absorbo todas esas cosas. Inclusive a varios de mis autos los restauré completamente, desde el chasis para arriba, todo a nuevo, desde la pintura al motor cero kilómetros. Me gustaba eso y me sigue gustando, se lleva en la sangre”, agregó.
Además, tiene como proyecto actual poner en marcha un motorhome que “es una reliquia” y con el que piensa salir a rodar junto a su compañera de vida, Lucía Frömming, madre de sus hijos: Guillermo, Kevin, Mauro, Lautaro y Federico, que “se criaron gateando en el patio”.

Enseñanzas que perduran
Contó que su progenitor nació en 1928 en Buenos Aires, aunque fue concebido durante el viaje que los abuelos Antonio y Herminia realizaban en barco desde Austria. Tras completar sus estudios, la familia se radicó en Mendoza donde el abuelo trabajaba en una metalúrgica y armaba fábricas de aceite de oliva que entregaba con llave en mano.
El joven decidió tomar nuevos rumbos y se trasladó a Corrientes, donde trabajó durante varios años en una arrocera. “Siempre comentaba que uno de los primeros tractores que empezaron a aparecer fueron los Farmall. Eran ocho o diez unidades que se ocuparon de traer andando desde Buenos Aires en una época que no había asfalto y que los ríos y arroyos se cruzaba mediante balsas. Por el camino iban cazando yacarés, carpinchos, que utilizaban como alimento porque no había almacenes en el trayecto. En la arrocera atendía la parte mecánica de los tractores. La concesionaria les enseñó cómo hacer los servicios, los mantenimientos, y mi papá se ocupaba de eso”, comentó.
Con el tiempo, se cruzó a Misiones y se afincó en Puerto Esperanza donde, con un socio, formó un taller mecánico para el arreglo de camiones GMC y Ford 600. “Tenían que hacer mantenimiento porque se doblaban o se rompían los chasis porque entraban a trabajar a los obrajes”, agregó Juan, al tiempo que recordó que allí su padre conoció a su mamá, Irene Tech, con quien se casó en 1964.

Se enamoraron mientras él alquilaba una pieza en un hotel, donde ella trabajaba como camarera, limpiaba los cuartos y atendía el restaurante. Más tarde, se desempeñó en la empresa Lowe de Eldorado y luego se trasladó a Posadas para cumplir tareas con Clermont e hijos en la línea Peugeot y Citroën. Pasó a trabajar en Bonetti para la línea Chrysler, y preparaba autos para el turismo carretera.
Enseguida la familia, con dos pequeños que cursaban en el Colegio Roque González, se mudó a Paraná, Entre Ríos, donde Federico fue convocado para “levantar una empresa quebrada utilizando un método donde se premiaba la mayor producción, por lo que los obreros se esmeraban. Cuando logró el objetivo, la misma empresa lo trasladó a Concordia para hacer lo propio con otra firma”.
A fines de 1974, dieron la vuelta y se establecieron en la chacra que pertenecía a la abuela materna de Juan, Jorge, Mónica y Mirta, en la zona de Cuña Pirú. “Decidieron volver porque papá consideraba que acá la vida sería mucho más linda, rodeada de monte”, dijo su primogénito.

Sostuvo que aquí no quería trabajar de mecánico, pensaba dedicarse a la chacra, pero cuando los vecinos se enteraron que había uno en la zona, iban y le dejaban los autos en el patio para que los arreglara. “Lo hacía con lo que podía y lo que tenía”.
A comienzos de 1975 compró el terreno con una casa de madera donde Juan posee su taller. “Nos mudamos para acá y entré a cuarto grado en la Escuela 300. Después de un debate, se terminó vendiendo la chacra y se hizo un galpón de material para trabajar en la mecánica. Como papá tenía una carrera universitaria, entró a trabajar al Instituto Línea Cuchilla (ILC) como profesor de maquinaria agrícola. En ocasiones reemplazaba al profesor de matemática o física y química. Era una persona multifacética, interesante”, acotó.
En el patio, los hermanos empezaron a absorber los conocimientos impartidos por Federico. “Nos ocupábamos de las maquinarias agrícolas (macheteadoras, rastras, arados), soldábamos, cortábamos, todo era a muque (usando fuerza física). Arreglábamos autos, tractores, camiones, en lo que respecta a electricidad, chapa y pintura, motor, caja diferencial, frenos. Ya no hago pintura, solo mecánica, motor, caja y suspensión. Para el resto, hay un electricista, un chapista. Hay que delegar los trabajos porque el pueblo está creciendo despacito y hay quienes se ocupan de los otros rubros”, señaló.

Aseguró que la educación que recibió de su padre fue fundamental. “Renegábamos mucho cuando éramos adolescentes, pero hoy agradezco que nos enseñó a soldar, a hacer trabajos prolijos, a ser limpios. Eso realmente vale. La gente me respeta y me recomienda porque atiendo enseguida, hago el trabajo y no dejo a nadie en la calle”, alegó Juan, para quien “es hermoso vivir Ruiz de Montoya, un pueblo con gente cordial, amable, que valora a sus pares”.
El toque femenino
En medio de la vorágine laboral, junto a su esposa decidieron abrir un lubricentro porque cuando la estación de servicios cerró el suyo, tenían que viajar a Capioví para buscar aceite y filtros. Empezaron dentro de la casa, con dos estantes, pero, de esta manera, “podíamos hacer los servicios y era más accesible”, comentó Lucía, quien también contribuyó con el taller porque “me gusta trabajar afuera, no solo en la casa y no me molesta ensuciarme las manos. Me ocupaba de mover el volante, de pisar el freno, de sacar la pintura o ayudar a poner la caja de velocidad, guiando mientras él hacia la fuerza. Eso sí, nunca coloqué una rueda”, dijo entre risas.
Durante su niñez trabajó en la chacra a la par de sus padres, Fredolino y Cecilia Seimetz, lo que hacía que faltara mucho a la Escuela 300. “Vivíamos en el pueblo, pero en invierno íbamos a juntar tung para los colonos, ese era nuestro trabajo. En verano se cosechaba uva porque había varios productores que hacían vino”, rememoró la hermana de Inés, Ivonne, Lourdes, Reynoldo y Luis. También fue empleada “cama adentro” donde se ocupaba de limpiar, cocinar y atender a niños pequeños. Esa rutina concluyó cuando se casó con Juan, con quien se conocían “de toda la vida pero no había chispa, hasta que la vida pega la vuelta y es para vos”.
Cuando sus dos hijos más chicos aprendieron a desenvolverse solos y mientras enseñaba catequesis en la en la Iglesia Evangélica Suiza del ILC, una vecina “me invitó a ser parte del grupo de juego ‘Yurumi’ que emplea pedagogía Waldorf y donde estoy desde 2017. La consigna es estar en contacto con la naturaleza, jugar con juegos naturales, nada de plástico, no celulares, nada de eso. Los lunes hacemos masa de pan de harina integral y horneamos lo que se come en esa mañana. Los miércoles pintamos con acuarelas. Y los viernes caminamos por el predio donde hay gallinas, búfalos, caballos. Hay muchos cantos y cuentos, de los que me encargo”, manifestó, maravillada.

Añadió que “es como una guardería con ritmo: levantarse, desayunar, juego libre, canto, una actividad, cuento, salir afuera a jugar. Es una técnica muy linda para una decena de chicos”.
Ahora, de vacaciones, se mostró “contenta con lo que logré hasta ahora. Mis hijos son mi orgullo, los eduqué para que sepan trabajar dentro de la casa como en el taller. A tres, les encanta cocinar y hacer cosas dulces. Los otros dos, se defienden”.
“Siempre digo que las madres también tienen que enseñar a hacer las cosas a los hombres porque es necesario que sea compartido. A las mamás le digo que, si los hijos no quieren estudiar, que salgan a trabajar, así aprenden de horarios, de escuchar al patrón, a enfrentar situaciones, porque si se quedan en casa es todo fácil. Después verán qué hacer, pero ya tienen la base”, aconsejó.










