La industria argentina cerró el cuarto trimestre de 2025 bajo un escenario de extrema complejidad técnica y operativa. Según los informes publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la utilización de la Capacidad Instalada (UCI) a nivel nacional se ubicó en un 57,7%, lo que representa una contracción de casi cinco puntos porcentuales respecto al mismo período de 2024.
En este contexto, la metalmecánica no automotriz se posicionó como uno de los segmentos más afectados de la estructura productiva, operando con un margen de apenas el 39,9% de su potencial total. Este fenómeno nacional tiene un correlato directo en la provincia de Misiones, donde la configuración del sector metalúrgico presenta desafíos estructurales condicionados por su estrecha vinculación con las economías regionales.
La estructura productiva local
Al respecto, Marcelo Bruno, tesorero de la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Misiones (CAMIM), dialogó con PRIMERA EDICIÓN y analizó la coyuntura actual destacando que, si bien la crisis es generalizada, en el territorio provincial el impacto adquiere matices vinculados a la composición de sus empresas. “La metalúrgica misionera se caracteriza por ser una red heterogénea de pequeñas y medianas empresas que brindan soporte técnico a los pilares de la economía local”, sostuvo.
Esta red abarca desde la fabricación de maquinaria para el agro, específicamente para los sectores tealero, yerbatero y tabacalero, hasta el desarrollo de soluciones de equipamiento para la forestoindustria, además de la provisión de estructuras metálicas para la construcción y servicios de mantenimiento industrial. “Durante el último año, ninguno de estos subsectores logró mantenerse al margen de la dinámica recesiva”.
Impacto operativo en las PyMEs
Aunque ciertas áreas mantuvieron una continuidad relativa en comparación con otras, la tendencia generalizada fue el trabajo con volúmenes reducidos y una marcada cautela en la toma de decisiones.
En ese sentido, Bruno señaló que “no se registró un sector específico que pudiera traccionar al resto de la cadena productiva, sino que se observó un retroceso conjunto con diferentes niveles de intensidad”.
Según explicó el tesorero de la CAMIM, esta parálisis se tradujo a una realidad operativa donde “las plantas misioneras trabajaron a un ritmo real de entre el 50% y el 60%, evidenciando una acumulación de presupuestos solicitados que no llegan a confirmarse y la postergación indefinida de proyecto de inversión”. Para enfrentar este escenario, la industria adoptó una estrategia centrada en la eficiencia operativa.
Estrategia de supervivencia interna
Desde la CAMIM aclaran que este movimiento no responde a planes de expansión sino a una necesidad estricta de supervivencia: “Las empresas avanzaron en el reordenamiento de sus procesos productivos, la capacitación técnica del personal y la incorporación selectiva de tecnología con el objetivo de optimizar tiempos y reducir el desperdicio de insumos”.
Sin embargo, las autoridades del sector advierten que mejorar la eficiencia en un mercado que no demanda productos solo sirve para mitigar las pérdidas actuales y preparar el terreno para una eventual recuperación. El esfuerzo empresario choca contra obstáculos estructurales que exceden la gestión interna, como el elevado costo del financiamiento y un esquema de crédito prácticamente inexistente para la escala pyme.
Obstáculos para la rentabilidad
A la falta de crédito se suma una presión impositiva derivada de la superposición de tributos nacionales, provinciales y municipales, “lo que en el sector se identifica como una aduana interna que reduce drásticamente el margen entre el costo de producción y el precio final de venta”. Ante ello, el panorama laboral también presenta complicaciones debido al alto peso de los costos no salariales y la escasa flexibilidad para ajustar esquemas de trabajo.
A diferencia de los grandes polos industriales del país, en Misiones no se reportaron paradas masivas de plantas o cierres abruptos. Sin embargo, “la industria local se mantiene funcionando en un estado de actividad moderada y reestructuración permanente”. Desde el sector, manifestaron también que “la incertidumbre radica en la sostenibilidad de este esfuerzo ante la ausencia de un entorno económico que acompañe la reconversión del sector”.





