Maestra, profesora, escritora y poetisa, madrina de numerosos autores misioneros y coronada por muchos de ellos como su referente, Olga Zamboni se despedía de este mundo el 26 de enero de 2016, dejando tras de sí un legado de talento, generosidad y compromiso con nuestra cultura.
De maestra rural a miembro de la Academia Argentina de Letras, su trayectoria se enriqueció no sólo desde el relato y la poesía, sino también como lingüista, biógrafa y estudiosa -como muy pocas- de la obra de Horacio Quiroga.
“Nací, la mayor entre cinco hermanos, bajo los signos de Libra y Tigre, en Santa Ana, en una familia de trabajo y buenos ejemplos. Allí crecí, y de la mano de mi padre aprendí a leer y la pasión por la lectura. Mi niñez fue de contacto con la naturaleza: monte, arroyos, amplios cielos estrellados, flores del campo en nuestros juegos, algo de lo que doy gracias a Dios. Escuela primaria: la Nº 11; adolescencia en el pueblo, bailes en el Santa Ana Tenis Club, carnavales, ilusiones y disfraces. Secundaria en Posadas. Maestra rural a los 18 años en medio del monte. Picadas entre yerbales y niños, arroyos crecidos, caminatas (ocho kilómetros desde el pueblo). Luego, la bicicleta; y más tarde el viejo fordcito que supe conducir, también por caminos embarrados. Alumnos japoneses, vecindad de aserraderos. Esas fueron las primeras armas en mi vocación enseñante porque, sobre todas las cosas, soy docente. Desde esa primera escuela rural hasta colegios secundarios y cátedras en el Montoya y la UNaM”, describió ella misma en una entrevista con PRIMERA EDICIÓN allá por octubre de 2007.
En esa misma nota, se mostró orgullosa de que “la vida me dio lo que quería, a partir de mi esfuerzo personal. Nunca he tenido ‘padrinos’ o ayudas materiales. Sí el apoyo espiritual de gente que creyó en mí. Así en su momento pude seguir el Profesorado de Letras en Posadas y el postgrado en la UNaM, trabajando siempre. Becas en España, Perú y México. Busco la perfección inalcanzable“.
También se definía como “viajera por vocación, recorrí buena parte del mundo. Además (y esto es importante) soltera por libre elección. Lo cual en nada está contrapuesto al amor, en el que creo y al que mucho le he escrito”.

Olga Zamboni nació el 17 de octubre de 1938 en Santa Ana. Era profesora de letras, ejerció la docencia en todos los niveles educativos, coordinó talleres literarios y en 2003 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras. Fue también novelista, poeta y cuentista, especializada en literaturas clásicas y regionales. Fue distinguida con diversos premios por su trayectoria profesional: Arandú Consagración y Vencejo de Oro, entre otros.
Publicó muchos libros de versos, además de una docena de títulos en narrativa y antologías. En el género poético se destacan títulos como “Latitudes” (1980); “Poemas de las Islas y de Tierra firme” (Premio Secretaría de Cultura de la Nación, 1985-88); “El Eterno Masculino” (con ilustraciones de Teresa Warenycia, 1993); “Mitóminas” (Premio Arandú 2004); y “Poemas del caos” (2003).
En narrativa: “Tintacuentos” (1989); “Veinte Cuentos en busca de un Paraguas” (1997); “Relatos sencillos” (2005); y participación en “Cinco mujeres cuentan”; “Doce cuentistas de Misiones”; “Diez cuentistas de la Mesopotamia”; “La otra realidad, Padre Río y Pertenencia (cuentos y relatos del
Nordeste Argentino)”.
Como docente trabajó en la preparación de volúmenes destinados a la enseñanza: selección, prólogo, notas y propuestas de trabajo para la escuela secundaria en “A la Deriva y otros cuentos de Horacio Quiroga”; “Antología de cuentistas argentinos del Litoral”; “Los que comimos a Solís” de María
Esther de Miguel”; “Un tren a Cartagena”; “Mitos y leyendas (Un viaje por la Región guaraní)…
En 1996 fue distinguida con el Libro de Oro de la SADE de Puerto Iguazú y, en años anteriores, como una de las Cien Mujeres en el premio “Alicia Moreau de Justo”. En 1997 recibió el Arandú Premio Consagración en Letras, otorgado por la Municipalidad de Posadas. En 2003 tuvo el honor de ser designada Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras. Y en 2004, Miembro de Honor por la Fundación Argentina para la Poesía. También recibió el Premio a la Identidad Cultural Misionera otorgado por el Gobierno provincial.







