En Apóstoles, la música popular no solo se escucha: también se recuerda. Y, desde hace casi tres años, esos recuerdos tienen un espacio propio en el Museo de Los Cuatro Ases, una casa abierta que reúne discos, instrumentos, fotos, agendas, objetos cotidianos y, sobre todo, historias que forman parte de la memoria afectiva de varias generaciones de misioneros.
La historia detrás del museo no fue planificada. Así lo contó Rulo Grabovieski en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones, donde relató que la idea surgió casi como una insistencia familiar. “Un día mi hija Avelina y Chiqui, que está en turismo, me dicen que hacía falta un museo de Los Cuatro Ases. Yo les dije que eso se hablara cuando yo no esté. Pero cuando mi señora escuchó la propuesta, dijo que ya tenía todo pensado. En tres meses salió”, recordó.
Lo que parecía algo impensado terminó materializándose rápidamente. Hoy, el museo transita su tercer año y reúne más de cinco décadas de trayectoria musical. “Se ve que ella ya venía guardando y pensando todo”, admitió Rulo, al repasar cómo cada objeto fue encontrando su lugar.
La historia de Los Cuatro Ases comenzó mucho antes. Rulo recordó que en 1974 empezaron a tocar de manera más intensiva, casi sin proponérselo. “Éramos bailarines de ballet y después apareció el acordeón. En las reuniones, cuando terminaba el baile, seguíamos tocando. Así se fue dando”, contó. Con el tiempo llegaron los discos -unos veinte-, las giras, las menciones en diarios y radios legendarias, las actuaciones en Misiones, Paraguay, Brasil y otras provincias.
Todo eso hoy se puede ver en el museo: los primeros instrumentos, el tocadiscos de una época sin electricidad permanente, faroles, trofeos, recortes periodísticos, fotografías, películas y documentos que atraviesan no solo la historia del grupo, sino también la vida cotidiana de Apóstoles y la región. “En los primeros años había luz solo algunas horas en el centro. Todo eso también está ahí, porque es parte de lo que somos”, explicó.
Pero el museo no conmueve solo por lo que exhibe, sino por lo que despierta. Rulo contó que muchos visitantes se emocionan hasta las lágrimas. “Algunos ven una agenda, una fecha, sacan una foto y la mandan a un familiar. Se dan cuenta de que ese día fue su casamiento, que Los Cuatro Ases estuvieron ahí. Y se ponen a llorar”, relató. Hay quienes recuerdan viajes imposibles, bailes lejanos, historias de amor que comenzaron al ritmo de la banda.
Esa carga emocional es, para Rulo, la verdadera razón de ser del museo. “Esto no nació como un negocio. Nace del corazón, de la cultura y de todo lo que nos pasó a nosotros y a la gente”, sostuvo. Para él, abrir la casa y compartir la historia es una forma de devolver todo lo recibido.
El recorrido también permite entender la identidad musical del grupo. Rulo recordó los momentos en los que la industria discográfica les exigía adaptarse a las modas. “En los años 80 nos dijeron que si no hacíamos cumbia no podíamos seguir. Quedamos afuera cuando achicaron la lista de artistas”, contó. Sin embargo, el tiempo reafirmó el camino elegido. “Siempre les dije a los muchachos que podíamos hacer lo que está de moda, pero principalmente lo nuestro. Lo nuestro es la música de la región”, explicó.
Esa coherencia es parte del legado que hoy se transmite a las nuevas generaciones. El museo no apunta solo a quienes vivieron aquella época, sino también a jóvenes que quizás escucharon hablar de Los Cuatro Ases sin conocer a fondo su historia. En ese sentido, el espacio se proyecta como un punto cultural y turístico para Apóstoles, construido desde la experiencia y no desde la formalidad.
La propuesta es tan abierta como el espíritu con el que fue creada. El museo no tiene días ni horarios fijos. “Cualquier día, cualquier horario, siempre que estemos en casa”, aclaró Rulo. Las visitas se coordinan por teléfono o Whatsapp, y muchas veces terminan con el acordeón sonando. “Con el instrumento recibo y con el instrumento despido. A veces la gente pide un tema especial, el que recuerda por una fecha o un momento”, contó.
Además, Rulo invita a quienes tengan fotos o recuerdos a sumarlos al museo. “Si alguien tiene una foto, que la traiga o la mande. Nosotros la imprimimos. La historia se sigue armando entre todos”, dijo.
Lejos de ser un espacio estático, el Museo de Los Cuatro Ases dialoga con el presente. Rulo continúa activo, participa en encuentros de Músicos Populares de Misiones, organiza eventos y mantiene el programa “Rulo desde casa”, nacido durante la pandemia y aún vigente. “La música sigue porque sigue el corazón de la gente”, resumió.
En Apóstoles, preguntar por Los Cuatro Ases sigue siendo una forma de ubicarse en el mapa. Y hoy, gracias a este museo, también es una manera de volver a escuchar, ver y sentir una parte fundamental de la historia cultural de Misiones.










