(Por Myrian Beatriz Vera y Juan Carlos Marchak, enviados especiales).
“Cada mate cuenta una historia, trae la esencia del momento en que se hizo y dice algo de la situación que se atravesó y de la cual se salió. Eso es lo que queremos mostrar: que el dolor también se puede transformar en color”. Desde esa sencilla afirmación se forjó Güira Oga, “Mates Artesanales y Casa de Pájaros”, el proyecto que la docente Silvia Zdanovicz, hizo realidad mientras le tocó recorrer un doloroso diagnóstico de fibromialgia…
Aunque el camino sigue siendo muy difícil -por momentos-, Silvia explicó que siempre contó con el apoyo incondicional de su familia. Gracias a ello actualmente la producción se consolida en todos los circuitos turísticos y de ferias artesanales de la tierra colorada con el apoyo del programa de incubación de empresas misioneras, ADEMIS.

PRIMERA EDICIÓN visitó su taller, muy cerca de la Casa del Mate en Apóstoles y en todo el recorrido pudo notar que no hay descarte. Los restos del porongo, las bases de los mates y otros pequeños fragmentos que, si el caso fuera distinto podrían terminar en la basura, en Güira Oga se convierten bellas piezas decorativas que reproducen colores, paisajes y símbolos de Misiones.
“Yo había comenzado por hacer los mates tallados y pintados; esa era la idea principal hasta que noté la enorme cantidad de restos de porongos o de las tapitas de metal que iban quedando en la basura, entonces decidí seguir pintando esas piezas hasta hacer algo nuevo, por ejemplo, este resto de porongo”, dijo mientras tomó una bella artesanía entre las manos, “se transformó en un porta sahumerio, pintado con toda la referencia de los saltos de las cataratas, lapachos y yerba”, prosiguió orgullosa.
De esa forma funciona Güira Oga, cuida la naturaleza mientras combina identidad local, sustentabilidad y economía creativa. Además, el boceto de cada objeto siempre responde a una decisión estética ligada al entorno.

“Hacemos distintos diseños de acuerdo al lugar de la provincia”, señaló la docente. En muchos casos aparecen lapachos, saltos de agua y la combinación de colores entre fauna y selva que para la artesana representan el alma de la tierra roja.
“Siempre me gusta mostrar el verde de la hoja de la yerba mate y el monte, el rojo de la tierra y los colores de los árboles, todo lo que es nativo de Misiones”.
Inclusive mostró un señalador para los libros creado íntegramente con papel reciclado, flores secas de los jacarandás, todo pintando bellamente con tinte hecho con suelo misionero.
El trabajo artesanal requiere tiempo y múltiples etapas. En el caso de los imanes, realizados con restos de las bases del porongo, el proceso comienza con el aplastado del material y continúa con varias capas de pintura blanca antes del diseño final.
“Lleva como tres manos de base blanca y después voy con todo el trabajo de pintura”, explicó.
“Uno lo ve terminado y dice qué espectacular, pero lleva mucho tiempo. Cuando veo que representa Misiones, me digo: valió la pena”.

Historia personal de superación
Tal como se dijo al principio, detrás del emprendimiento hay una historia de superación personal que atraviesa todo el proyecto. Zdanovicz convive con una patología crónica, la fibromialgia, que condicionó su camino laboral como docente.
“Es una enfermedad que no se ve, pero está y que tardaron diez años en diagnosticarme”, reconoció. Ese proceso, quizá el más oscuro de su vida, la llevó a buscar una actividad que le permitiera transformar el dolor y el agotamiento en algo positivo.
“Necesitaba hacer algo que yo pudiera convertir todo lo mal que me sentía en color. Y descubrí que la artesanía sana desde adentro”, aseguró.
Pero no todo surgió de la noche a la mañana, antes de llegar al mate como objeto central, el recorrido incluyó distintas etapas.
“Empecé haciendo cuadros grandes, pintaba al óleo, después acrílico, pero me llevaban mucho tiempo y sentí que no era por ahí”, recordó. Fue entonces cuando el porongo apareció como material principal. Primero elaboró casas para pájaros, una experiencia que describió como profundamente personal: “Todo partía más de adentro mío que del objeto en sí”, rememoró.
El vínculo con el porongo fue tan intenso que incluso intentó producirlo en su propia casa. “Planté muchas variedades en el fondo del patio, crecieron tanto que tenía que caminar agachada por debajo para cruzar el jardín”, recordó con una gran carcajada.
Tras esa experiencia decidió buscar proveedores y profesionalizar el proceso productivo. El primer gran mate fue un trabajo conjunto con su marido y su hijo, quien realizó la base de lo que hoy es el sello del producto: con un alambrón, simularon hojas de yerba mate.

Hoy toda esa tarea (que se hace a mano en cada mate) es el símbolo de Güira Oga, todos absolutamente todos los porongos tienen el grabado de las hojas de yerba mate en la boca ancha del artículo. Ese paso marcó el inicio del desafío que ahora ya se encuentra consolidado: “Nos dimos cuenta que en Apóstoles no había mates artesanales”, sostuvo Silvia mientras se preguntó retóricamente:
“¿Cómo en la Capital Nacional de la Yerba Mate no iba a haber alguien que haga mates?”. A partir de esa pregunta comenzó a tomar forma Güira Oga Mates, un proyecto que fue evolucionando en técnicas y materiales hasta consolidar nuestros sello propio”.
Por si fuera poco, cada pieza tiene un carácter único. Esa lógica también se refleja en el trabajo de Giovanni Escalada, diseñador, tallador y abogado e hijo de Silvia, quien integra todo el proceso artesanal del emprendimiento.
“Aquí absolutamente todo se hace a mano”, explicó Escalada. El trabajo comienza con bocetos y continúa con el dibujo a lápiz sobre la pieza y por último el pirograbado. “El quemado se hace punto por punto. Cada mate se talla uno por uno y lleva muchas horas de trabajo. No hay producción en serie: cada pieza es única”.





