Colabora Guillermo David Subreski Román
Un equipo de la Universidad de York desarrolló un sistema robótico capaz de sintetizar y analizar más de 700 complejos metálicos en apenas una semana, con el objetivo de hallar nuevos antibióticos frente a la creciente resistencia bacteriana. Esta plataforma combina un robot de manipulación de líquidos con “química click”, permitiendo unir rápidamente casi 200 ligandos con cinco metales distintos para generar 672 complejos bien caracterizados. La relevancia del trabajo radica en que reactiva una línea poco explorada -los fármacos metálicos- en un contexto donde la industria farmacéutica se ha retirado en gran medida del desarrollo de antibióticos por su baja rentabilidad.
Automatización y cribado biológico
El sistema aplica reacciones de cicloadición azida-alquino catalizadas por cobre para producir ligandos triazólicos con rendimientos promedio cercanos al 75-77%, que luego se coordinan con metales como iridio, rutenio, renio y manganeso. A través de una estrategia “Direct-to-Biology”, las mezclas crudas se evalúan directamente frente a bacterias como Staphylococcus aureus y Escherichia coli, además de someterse a pruebas de toxicidad en células humanas de riñón embrionario. De los 672 compuestos, 59 mostraron concentraciones inhibitorias mínimas inferiores a 5 micromolar contra S. aureus, alcanzando valores tan bajos como 0,39 micromolar, similares al antibiótico de referencia vancomicina, que ronda 0,42 micromolar.
Ventaja tridimensional y candidato clave
A diferencia de la mayoría de los antibióticos orgánicos, que suelen ser moléculas planas basadas en carbono, estos complejos metálicos poseen estructuras tridimensionales que les permiten interactuar con las bacterias de formas nuevas y potencialmente superar mecanismos de resistencia establecidos. Se resintetizaron y caracterizaron en detalle seis complejos especialmente activos y poco tóxicos, destacándose un iridio denominado IrCN(M8Y4), con un índice terapéutico estimado entre 49 y 99 frente a S. aureus, eficacia frente a cepas tipo MRSA y ausencia de hemólisis en glóbulos rojos humanos incluso a altas concentraciones. Este trabajo no solo cuestiona la idea de que los metales son intrínsecamente tóxicos, sino que demuestra que los complejos metálicos tienen una tasa de éxito antibacteriano y de baja toxicidad muy superior a la de las moléculas orgánicas clásicas, abriendo el camino a explorar más metales y a comprender el mecanismo de acción de este prometedor candidato.







