La depresión y los estados depresivos forman parte de las consultas habituales en salud mental, pero no todos los cuadros son iguales ni se presentan de la misma manera según la edad. Hoy martes 13 se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra este tipo de trastornos y PRIMERA EDICIÓN dialogó con la psicóloga Anahí Sánchez Gil Navarro.
Desde su experiencia clínica, la especialista señaló que los adultos mayores concentran los diagnósticos más claros de depresión clínica. En esa etapa de la vida, “es un diagnóstico muy prevalente”, aseguró Sánchez, porque aparece vinculada a contextos de aislamiento, inactividad y pérdida de vínculos.
“No hay que naturalizar que la persona mayor quiere recluirse, aislarse y estar pasivo, porque la mayoría de las veces no es así. Es un momento de la vida en que muchas veces (el adulto mayor) ha sido muy abandonado, poco entendido, poco acompañado”, indicó la psicóloga.
Por otra parte, aclaró que es importante diferenciar la depresión clínica de los estados depresivos, asociados a situaciones de crisis, estrés o cambios importantes que se dan en cualquier etapa de la vida.
La depresión en el consultorio
Sánchez, que trabaja en la admisión de pacientes para iniciar tratamientos de psicoterapia, explicó que “lo que más se observa y se diagnostica hoy son estados depresivos, no necesariamente la depresión mayor, que responde a un cuadro único”.
En ese sentido, explicó que es importante marcar las diferencias entre ambos diagnósticos. Los estados depresivos son episodios que suelen aparecer en períodos de estrés intenso o crisis y que están muy influenciados por el contexto y el momento vital que vive cada persona.
Mudanzas, cierres de ciclo, separaciones o tomar una decisión importante pueden despertar un estado depresivo. Por eso, atravesarlo es algo común en cualquier etapa. “La enorme mayoría de la población lo va a transitar en algún momento de la vida, por lo menos una vez”, afirmó Sánchez.
Por su lado, la depresión mayor o depresión clínica sí puede entenderse como un cuadro clínico único, que no se limita a momentos puntuales de tristeza o malestar. Este tipo de depresión afecta de manera persistente el estado de ánimo: hay pérdida de interés o disfrute por actividades, falta de iniciativa, sentimientos de desesperanza y una disminución general de la energía y la motivación.
“Creo que podríamos decir que donde más suele aparecer una depresión mayor, más marcada y completa, ya en un estado apreciado, es en los adultos mayores. Ahí es un diagnóstico muy prevalente”, indicó Sánchez.
A diferencia de los estados depresivos, que son algo circunstancial y variable de acuerdo a la historia y el momento que atraviesa cada paciente, la depresión clínica tiende a mantenerse en el tiempo y a impactar de manera más profunda en la vida diaria de la persona.
Adultos mayores: aislamiento, inactividad y soledad
Consultada sobre la prevalencia de la depresión clínica en los adultos mayores, Sánchez analizó que “el contexto del adulto mayor tiene todas las fichas o los requisitos para que un ser humano pueda entrar en un estado depresivo mayor”.
Factores como la soledad, la falta de actividad y espacios de socialización son los primeros en la lista. “Hay aislamiento, no hay novedad, hay inactividad y se cortan los vínculos”, sintetizó Sánchez. A esto se suman las limitaciones físicas, que muchas veces llevan a la pérdida de autonomía y la dependencia de terceros, además de la presencia de enfermedades propias de la edad.
La psicóloga aclaró que en la tercera edad la depresión “no está tan ligada a la tristeza como se piensa”, y señaló que suele aparecer como una pérdida de voluntad, de iniciativa y de interés.
Además, advirtió que los cuadros depresivos pueden incidir en la salud física, ya que “afectan crónicamente el funcionamiento del cuerpo”, generando “inflamación a nivel del sistema nervioso central y en todos los otros sistemas que tenemos”, precisó. Esta desregulación aumenta el riesgo de enfermedades físicas y vuelve más complejos los cuadros.
“No hay que naturalizar que la persona mayor quiere recluirse, aislarse y estar pasiva, porque la mayoría de las veces no es así. Muchas veces (el adulto mayor) ha sido muy abandonado, poco entendido o poco acompañado, pero necesitan seguir vinculados, motivados y activos en la medida y de la manera que ellos pueden”, indicó Sánchez.
En coincidencia con esa afirmación, un informe de la Cruz Roja reveló que un 33% de las personas adultas mayores afirma sentirse “solo u olvidado” y que a nivel país más del 65% de este grupo no tiene acceso a servicios de salud mental.
Al respecto, Sánchez sostuvo que “si no se puede asistir a psicoterapia, porque hoy en día es costosa o muchas veces la obra social no la cubre, hay que buscar maneras para trabajar junto con la familia”. “Por más que lleve un poquito de esfuerzo, hay que buscar insertar socialmente a ese adulto mayor y activarlo un poco más”, concluyó la especialista.
Cómo se manifiesta y cuándo llega la consulta
Además de la falta de motivación, la depresión clínica en la tercera edad muchas veces trae cansancio constante, falta de disfrute y, como consecuencia, inactividad y desconexión emocional. “Es una situación en la que la persona se va deslindando de todo lo que le hacía sentir más atada a la vida”, describió la psicóloga.
Cuando estos casos llegan a la consulta, no siempre es la propia persona quien detectó el problema. “Muchas veces lo nota un familiar o un conocido”, indicó Sánchez. No practicar actividades o conductas como evitar conversar y mirar la televisión cuando llegan visitas, son algunas de las observaciones que los hacen acercarse a la consulta profesional.
Consultada sobre el abordaje en la tercera edad, la psicóloga evaluó que “la depresión mejora mucho de afuera para dentro, es decir, hay que trabajar en el contexto”, por lo que consideró que el tratamiento es más complejo a nivel profesional.
A diferencia de personas más jóvenes, en estos casos “ya no contamos con el contexto comunitario y extenso necesarios para que la persona nuevamente tenga novedad en su vida y que haya estímulos distintos”.
Por eso, es importante que recuperen espacios de socialización como parte del proceso terapéutico. Retomar pasatiempos o actividades significativas, que activen rutinas y encuentros con otras personas, puede marcar la diferencia en el estado de ánimo, favoreciendo la motivación, la iniciativa y el sentido cotidiano de lo que hacen y viven.




