Este 29 de enero se cumplirán dos años desde que Miguel Ángel Escalante (35) terminó de almorzar y le dijo a su madre y a su hermano que iba al kiosco del barrio a hacer unas compras y que regresaría en breve.
Sin embargo, Miguel nunca regresó a su domicilio del barrio Las Tacuaritas II de Garupá, lindante con Fátima. El martes pasado, un hombre de aproximadamente la misma edad fue hallado sin vida en una de las canchas auxiliares del club Crucero del Norte, ubicadas en la zona de Santa Inés. Hasta el momento, la persona no fue identificada y la autopsia no logró determinar las causas del deceso. Ante esta situación, la Justicia ordenó que se compare el perfil genético de familiares de Miguel Ángel con una muestra del cuerpo encontrado días atrás. La pericia tiene como objetivo determinar si el cadáver corresponde al hombre que es buscado desde hace casi dos años en la misma zona. El protocolo de identificación se activó luego de que nadie reclamara el cuerpo y de que no se registraran denuncias recientes por personas desaparecidas que coincidieran con las características del fallecido.
El avanzado estado de descomposición del cadáver hallado en el predio deportivo no permitió obtener mayores pistas que aporten a la investigación. Tampoco se encontraron evidencias en la escena del hallazgo, donde trabajó personal de la Policía Científica en el levantamiento de rastros y otros aspectos técnico-forenses del caso.

El reciente hallazgo del cuerpo fue cerca de las 13.30 del martes 6 de enero, cuando trabajadores realizaban tareas de mantenimiento y corte de pasto en el predio.
El cadáver fue descubierto en el sector central de la cancha. De acuerdo con las primeras estimaciones, el lugar no había sido desmalezado en los últimos 20 días, un dato considerado clave para intentar establecer el período en el que se habría producido el deceso.
Miguel Ángel Escalante padece retraso madurativo y epilepsia y, según su familia, jamás se había ausentado de su hogar, ni siquiera por algunas horas. Semanas después de su desaparición y tras una intensa búsqueda, sus allegados obtuvieron un dato clave: testigos afirmaron haber visto a Miguel ingresar a una zona de monte cercana al barrio Santa Inés, en Garupá. Ese lugar se encuentra a más de 15 kilómetros de su vivienda, donde residía junto a su madre y su hermano. Desde entonces, familiares y amigos colocaron afiches, difundieron su búsqueda a través de redes sociales y elaboraron, mediante inteligencia artificial, un retrato de cómo podría verse hoy Miguel Ángel, con la barba más crecida. Además, realizaron rastrillajes en Garupá y en los barrios Las Colinas, La Esperanza, La Calandria, El Chogüí, entre otros. “Para nosotros, siempre estuvo en Santa Inés”, sostuvieron sus familiares en su momento ante este Diario.





