Cada año, enero es un mes crítico para muchos comedores y merenderos que brindan asistencia a niños y familias. El cierre de las escuelas aumenta la presencia de los más chicos y las colaboraciones se reducen porque muchas personas se encuentran de vacaciones.
Y 2026 no es la excepción, pero arranca después de un año marcado por la falta de recursos para estos espacios de asistencia, que se da no solo en la reducción de mercadería, sino también en entregas mensuales que llegan cada vez más tarde.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, tres referentes contaron cómo sostuvieron el alimento valiéndose de recursos casi siempre insuficientes, y detallaron cómo esa situación se agravó en estas semanas: en algunos casos, produjo la suspensión de la asistencia.
No dejar la olla vacía
Carina Fernández administra el comedor y merendero Manitos Limpias, ubicado en el barrio San Onofre, y contó que este verano la falta de recursos obligó a suspender por primera vez el servicio de almuerzo que ofrecían tres veces por semana.
El comedor funciona con aportes mixtos, entre la Cocina Centralizada, Desarrollo Social y empresas colaboradoras. En 2025, llenaron por día unos 57 recipientes de comida en las semanas de mayor demanda, a fin de mes.
Después de Navidad, el comedor dejó de funcionar en sus días habituales, lunes, miércoles y viernes y solamente sostiene la línea de trabajo con el proyecto Expedición Sonrisas, que brinda merienda y apoyo escolar los sábados.
“En diciembre a través de las donaciones que llegaron pudimos hacer merienda. Pero después ya no”, contó la cocinera. Y agregó que desde Expedición Sonrisas “me siguen ayudando para seguir cocinando y me han dado un día más para que cocine, que son los días miércoles”.
Manitos Limpias sirve alimento hace 14 años en el barrio, a cargo de Fernández y su familia. Los asistentes en su mayoría son chicos de la zona, pero la cocinera detalló que en el último tiempo también se sumaron adultos mayores.
Para que rindan las 100 porciones de la olla, contó que “las cocineras casi que conocemos cada táper. El que trae la vecina que vive en la esquina, yo sé que tiene cuatro chicos. Después llega la vecina que tiene tres. Vamos midiendo para que alcance para todos”, relató.
En algunos casos ni siquiera ese esfuerzo es suficiente, pero Fernández valoró que pudieron sostener el servicio a partir del proyecto y las colaboraciones, que son una pieza importante para seguir cocinando. El escenario es mucho más difícil en otros casos. Mirian Morales es encargada del comedor y merendero Manantial de Vida y contó a este medio que el 2026 allí también marcó la suspensión de la asistencia.
“Tenemos más de 120 chicos que en el verano no van a estar recibiendo ni copa de leche ni almuerzo”, afirmó.
En 2025, este espacio servía dos comidas diarias una vez a la semana, y recibe asistencia del Estado provincial y municipal. La suspensión de este segundo ingreso es la que más complicó sostener el servicio. “No sé si es un recorte, no sé si es para siempre. Lo que sí sé es que suspendieron”, indicó Morales.
Con esa asistencia tenían cubierta la demanda de dos productos esenciales: leche y azúcar, en ocasiones cereales. Para solventar gastos como el gas y complementar el menú, la cocinera explicó que debían utilizar otros ingresos como el ex Potenciar Trabajo.
“Comprábamos harina, algún dulce y hacíamos pan dulce, una rosquita, lo que sea para completar”, recordó Morales. El ingreso de 78 mil pesos también les permitía tener mercadería de repuesto.
El monto de ese beneficio social no se actualiza desde diciembre de 2023, por lo que la cocinera detalló que el año pasado les sirvió únicamente para cubrir los gastos de gas y traslado para realizar compras. El resto “se cubrió desde nuestro bolsillo o con colaboraciones”, contó. “Más que lo que hago con mis compañeras no puedo hacer. Es triste decir que ya no podemos, pero es algo que escapa de mí. Muchas eligieron irse”, cerró.









