Mientras la acuicultura atraviesa un período de expansión sostenida en Misiones, con volúmenes de producción récord, el sector comercial también refleja el dinamismo de la venta de pescado, especialmente impulsada por el movimiento turístico de la temporada de verano.
Al respecto, Marcos Alastuey, comerciante del rubro piscícola, contó a PRIMERA EDICIÓN que “luego de un cierre de año con ventas moderadas en Navidad, la demanda se incrementó notablemente hacia el Año Nuevo y se mantiene firme en lo que va de enero”.
Los turistas y consumidores locales muestran una preferencia marcada por especies de río de alta gama: “El dorado, el surubí y la boga lideran el ranking de pedidos. En el caso de la boga, su versatilidad para la parrilla o la cocción frita la convierte en una de las opciones más solicitadas”.
Precios y opciones económicas
En cuanto a la estructura de costos al consumidor, existe una diferencia marcada por el rendimiento de cada pieza. Según explicó Alastuey, el surubí presenta los valores más elevados debido a la pérdida de peso que conlleva el proceso de limpieza para obtener rodajas. Por el contrario, especies como la boga y el sábalo suelen venderse enteras, manteniendo un precio más accesible.
“Actualmente, el pacú y la boga se comercializan a un valor de $10.500 el kilo, mismo precio que presenta el salmón blanco. En el extremo superior de la escala se ubica el salmón rosado, cuyo valor asciende a los $35.000”, precisó.
Para quienes buscan alternativas económicas, el mercado ofrece opciones como el patí o el bagre cortado para freír. “También, la molida de pescado ganó terreno por su practicidad y costo reducido; la molida de boga, por ejemplo, se consigue a $7.500 el kilo”, lo que la posiciona como una alternativa nutritiva y accesible dentro de la canasta alimentaria regional.
Expansión sostenida
Respecto a la producción local de peces, según datos oficiales, se registró un incremento del 53% en los últimos dos años, consolidando un ciclo productivo que alcanzó las mil toneladas comercializadas entre pequeños y medianos productores y empresas del sector durante el período 2024-2025.
Este crecimiento responde a una política de incentivos coordinada por el Ministerio del Agro y la Producción de la provincia junto al Instituto de Macroeconomía Circular (IMaC). La estrategia central consistió en la provisión de alevines sin costo para los productores, eliminando la barrera económica inicial que impedía a muchas familias rurales incursionar en la actividad.
Guillermo Faifer, director de Acuicultura y Desarrollo Pesquero de Misiones, destacó a PRIMERA EDICIÓN que “el acompañamiento profesional es el pilar que permite la sostenibilidad del sector”. A través de un trabajo conjunto con la ONG Mayma, un grupo de 209 familias recibió capacitación específica en finanzas, economía y manejo técnico. “Este estrato de productores fue el que reflejó con mayor nitidez el impacto de las políticas públicas, logrando no solo aumentar el volumen de producción, sino también mejorar sus ingresos económicos”, comentó.
Un factor diferencial del producto misionero es su estándar de calidad. “Los peces se cultivan en estanques alimentados por agua de vertiente, lo que garantiza un entorno natural y controlado. La alimentación se basa en productos locales sin agregados químicos, lo cual otorga a la carne propiedades organolépticas superiores”, explicó. Además, mencionó que si bien el pacú se posiciona como la especie líder en cultivo y comercialización, la oferta se diversifica con carpas, surubí, dorado, boga y sábalo.
Potencial de consumo en el mercado local
A pesar del éxito productivo, el mercado interno presenta un escenario de contrastes. Un estudio de mercado reciente determinó que el consumo per cápita de pescado de agua dulce en Misiones es de apenas 200 gramos por año: “Si se compara con los cinco kilos de promedio nacional -donde predomina el pescado de mar-, la brecha revela un horizonte de crecimiento amplio para los inversores locales”.
En ese sentido, Faifer indicó que “la piscicultura de agua dulce en la provincia no tiene techo”. Desde el área de Desarrollo Pesquero, subrayan que la actividad “tiene margen para integrarse de forma definitiva en la dieta cotidiana de los misioneros, al igual que cualquier otra producción agropecuaria tradicional”.





