Rogelio González tiene 18 años y una historia de esfuerzo y compromiso que contar. Reciente egresado del Liceo Almirante Storni, en noviembre del año pasado rindió el examen para ingresar a la Escuela Nacional de Náutica, que reservaba solamente seis vacantes para cadetes liceístas como él.
El joven quedó seleccionado y en febrero debe viajar a Buenos Aires para cursar tres semanas de adaptación e iniciar sus estudios, pero su familia, conformada únicamente por su mamá, atraviesa una situación económica difícil por problemas de salud.
PRIMERA EDICIÓN dialogó con Romina Rojas, madre del joven, quien organiza una colecta y distintas iniciativas para reunir el dinero necesario y no dejar pasar la oportunidad por la que tanto luchó su hijo.
Vocación
Rogelio ingresó al Liceo en 2021, pero su deseo de formarse en ese lugar empezó mucho antes, cuando a los 11 años ya expresaba que quería estudiar allí. “Me pidió ingresar por elección propia. Entonces hice lo posible por que así sea. Yo soy mamá sola, porque su papá falleció cuando él tenía 4 años. Y desde ese momento estamos solos”, contó Romina.
De a poco, con el acompañamiento de su mamá, Rogelio fue construyendo el camino hacia su gran objetivo: convertirse en graduado del Liceo en el que siempre había soñado estudiar. Más adelante, un viaje de instrucción a Buenos Aires, que realizó en cuarto año, extendió esa meta y le mostró que quería seguir el camino de la náutica.
Pero las cosas se complicaron el año pasado. En 2025, “la situación fue difícil porque me afectó una enfermedad que me quitó fuerzas y movilidad en brazos y piernas, pero nunca me quitó el amor por Rogelio”, explicó Romina.
La situación económica tampoco ayudó. La mujer quedó imposibilitada de seguir trabajando y la familia tuvo que sobrellevar incluso días sin alimento. Pero Rogelio insistió. En noviembre, viajó a la Escuela Nacional de Náutica para rendir el examen de ingreso. Trabajó como pintor y vendió alfajores en el colegio para llegar hasta allá.
Fue así que su objetivo se convirtió en logro: fue seleccionado entre los seis cadetes liceístas que este año ingresarán a la Escuela Náutica. “Para mí es un orgullo saber que quiere superarse y capacitarse”, expresó Romina.
Un nuevo sueño
En la nueva etapa que se avecina, los cambios serán más grandes: para seguir estudiando, Rogelio tiene que mudarse a Buenos Aires y empezar lo que Romina nombra como “un nuevo sueño”, esta vez sin la compañía cercana de su madre.
De a poco, Romina se recupera, pero la compleja situación económica continúa y complica el futuro del joven, ya que los gastos para viajar y vivir en una nueva ciudad superan el presupuesto.
Hasta ahora, gracias a rifas y ventas solidarias se logró costear parte de los uniformes que necesita Rogelio. Además, el joven continúa ofreciendo servicios de pintura para juntar el dinero necesario, sobre todo para pasajes y alojamiento durante las primeras semanas.
El 6 de febrero es la fecha marcada para el inicio del periodo de adaptación. Sobre la despedida, Romina definió que “va a ser un momento difícil porque estuvimos siempre juntos y vamos a separarnos”, pero aseguró que prevalece el sueño de su hijo.
“Yo no le puedo cortar sus alas. Su sueño es estar estudiando esto. Yo lo único que voy a hacer es acompañar en todo lo que pueda para poder concretarlo”, aseguró Romina.
Para colaborar, se pueden realizar transferencias al alias Rosaura.astropay (a nombre de Romina Rosaura Rojas) o comunicarse al 3764386547 (solo Whatsapp). Para los interesados en el servicio de pintura, contactarse al 3764386547.
El camino en el Liceo Storni
Durante cinco años, la rutina de Rogelio comenzó muy temprano para poder llegar al Liceo Storni desde su casa en el barrio Ñu Porá, en Garupá.
“Se levantaba a las 4 de la mañana para tomar el primer colectivo de las 4.50 y llegar a las 6.10. Con lluvia y frío, Rogelio siempre estuvo al pie del cañón”, aseguró Romina.
Sobre su desempeño, destacó su dedicación y compromiso, aunque remarcó que el camino no fue fácil.
“Fueron años sacrificados para Rogelio, porque además de viajar, llegaba a las 19.30 y tenía que estudiar, después se le sumó cuidarme, pero él siempre se esmeró”, evaluó la madre.
Su último año llegó con un reconocimiento: fue designado como “encargado de primer año”, un rol que cumplen estudiantes avanzados como guía de los nuevos cadetes.
“Tenía a cargo la formación de esos chicos, uno de los logros más importantes del Liceo”, puntualizó Romina.
El ciclo cerró con su graduación como guardia marina de reserva, el 12 de diciembre. Rogelio alcanzó un promedio de 8,26 y recibió una Distinción Roseta, otorgada por excelencia académica, conducta, aptitud militar y compromiso.





