En marzo de 1991, el ingeniero agrónomo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Pablo Oliveri, documentó la demolición del Albergue Warnes en Buenos Aires, y la experiencia dio inicio a lo que sería su recorrido en la fotografía documental. De hecho, años más tarde lo llevaría a convertirse en el autor del banco de imágenes del Instituto, el archivo del agro más completo del país.
En un ameno diálogo con PRIMERA EDICIÓN, el ingeniero repasó sus años como agrónomo y relató los pormenores que lo llevaron a transformarse en el autor del valioso banco fotográfico, con más de 16 mil registros a lo largo de algunas décadas.
“El Albergue Warnes era conjunto edilicio abandonado que había empezado a construirse en la década del 50 con expectativas de construir un gran hospital, pero que jamás se concluyó y terminó sirviendo de refugio improvisado para cientos de personas. Y en ese momento estaba a punto de desaparecer”, describió Oliveri.
El hombre contó que el hecho marcó el cierre de una historia social y urbana, pero también el inicio de otra propia, la que capturó su mirada desde el ángulo de una lente. “Yo no era aún fotógrafo profesional, ni siquiera pensaba dedicar mi vida a eso, pero aquel registro visual de los últimos meses de vida del Warnes hasta la mudanza de sus habitantes al barrio Ramón Carrillo fue lo que encendió en mí la chispa”, sostuvo.
Y luego contó: “Yo me recibí de ingeniero agrónomo en 1981 y empecé a hacer fotos diez años después”.

“Además, ser fotógrafo no era algo que me corría por la sangre desde joven, mi hobby siempre fue la música”, confesó. Pero, como suele ocurrir con los amores intensos, la fotografía apareció de repente y con una fuerza volcánica imparable.
“Me enamoré y quise empezar a vivir de eso”, aseguró con la sencillez y la certeza de quien reconoce que una decisión como esa puede cambiar la vida.
El primer trabajo, en los albores de su nueva pasión, tal como contó fue el Warnes y su proyecto de documentar el final de un lugar que había sido hogar, calle y techo para cientos de familias olvidadas.
“Eran vidas suspendidas entre la memoria y el desplazamiento, familias que se preparaban para habitar el barrio Carrillo, proyectado para darles un nuevo comienzo”, remarcó.
Esa serie de fotografías se transformó en el motor que lo impulsó a seguir, a mirar con intención: “y no fue nada fácil”, aseguró.

“No tenía conocimientos previos de fotografía”, acotó más tarde con honestidad y reconoció que aprendió “a medida que caminaba”.
Los primeros pesos que ganó como fotógrafo, dadas las precariedades del inicio vinieron de trabajos modestos: fotos escolares grupales e individuales, retratos que los padres conservan como reliquia de infancia. Luego llegó la oportunidad de fotografiar concursos hípicos de salto, por pura casualidad y gracias a una conexión fortuita. “Ahí obtuve mis primeros buenos ingresos como fotógrafo”, agregó con una sonrisa.
No obstante, el salto profesional llegó cuando una revista agropecuaria, Súper Campo, de la editorial Perfil, comenzó a hacer divulgación vinculada al campo y lo incorporó en su equipo.
“Allí fue que me di cuenta de que podía ser fotógrafo, utilizar mis conocimientos de ingeniero agrónomo y hacer un trabajo que realmente fuera lindo”, afirmó.
“Mi formación en agronomía fue un puente: organicé el archivo de la revista aportando no solo criterio estético, sino también conocimiento técnico sobre los temas que cubría. Eso me marcó un camino”.

Fotografía institucional
Tras la experiencia en Súper Campo, se sumergió aún más en la fotografía institucional: el INTA lo convocó para desarrollar su Banco de Imágenes, un proyecto ambicioso dedicado a la producción hortícola y alimentaria.
“Trabajar dentro de una estructura tan vasta fue aprender a ordenar, categorizar y dar sentido a miles de fotografías”, aseguró.
“Partimos de una construcción de criterios colectiva”, explicó el hombre sobre la organización del banco de imágenes, que rápidamente se convirtió en una herramienta para docentes, técnicos y productores. Oliveri no solo fotografió paisajes y cultivos sino historias. Dejó huellas en escuelas, asociaciones y centros de investigación.









