La problemática de los niños y adolescentes desaparecidos en la Argentina mantiene cifras preocupantes y expone falencias estructurales que atraviesan a todo el país. Así lo advirtió Ana Rosa Llobet, presidenta de Missing Children Argentina, quien señaló que, aunque la mayoría de los casos logra resolverse, persisten situaciones sin respuesta que se arrastran desde hace años y siguen abiertas.
Según explicó en FM de las Misiones, más del 95 por ciento de las denuncias que recibe la organización llegan a algún tipo de esclarecimiento. “La gran mayoría son encontrados y reintegrados a su núcleo familiar”, indicó, aunque aclaró que también existen desenlaces trágicos y un porcentaje menor de chicos de los que nunca más se supo nada. En ese grupo se inscriben casos emblemáticos que aún generan interrogantes.
Uno de ellos es el de Leonardo David Capliun adolescente misionero desaparecido en 2021. “Seguimos publicando porque no nos resignamos a no saber qué fue lo que pasó con él”, afirmó Llobet, al remarcar que la difusión sostenida es una herramienta clave incluso cuando el paso del tiempo parece jugar en contra.

La dirigente destacó el vínculo fluido con Misiones y valoró el trabajo conjunto con el Registro de Chicos Perdidos de la provincia. Señaló que esa articulación permite actuar con rapidez y mantener actualizada la información.
“Con Misiones es excelente el vínculo”, resumió, al contrastar esa experiencia con otras jurisdicciones donde la comunicación es irregular o directamente inexistente.
En relación a las causas, explicó que la mayoría de las desapariciones involucran a adolescentes que se van de sus hogares de manera voluntaria. Conflictos familiares, situaciones de violencia, consumos problemáticos, rebeldía propia de la edad y contactos a través de redes sociales aparecen como factores recurrentes. “La gran mayoría son adolescentes y mujeres”, sostuvo, al describir un fenómeno complejo que muchas veces deriva en reincidencias.
Llobet advirtió que los casos de grooming siguen siendo un punto crítico, especialmente cuando los chicos establecen vínculos virtuales que luego buscan concretar de forma presencial. En algunos episodios, ese recorrido termina de manera violenta o con retenciones contra su voluntad, aunque aclaró que no siempre es posible reconstruir lo sucedido. “Muchas veces ni siquiera la familia quiere decir dónde estuvo, con quién estuvo o qué pasó”, explicó.
Consultada sobre la trata de personas, señaló que resulta difícil confirmar esa hipótesis sin datos judiciales concretos. Si bien existen sospechas en los casos no resueltos, remarcó que no corresponde a la organización investigarlos en profundidad. “Nuestra tarea es la difusión para encontrarlos, ese es nuestro objetivo”, subrayó.
También cuestionó las demoras en la activación de los protocolos de búsqueda y alertó sobre la burocracia que rodea a las alertas tempranas. “Si esperamos veinticuatro horas para activar una alerta y el niño puede estar en cualquier lado, puede haber cruzado la frontera”, advirtió, al recordar que el país registra numerosos episodios de secuestros parentales con salidas ilegales hacia países vecinos.
En ese sentido, puso el foco en la falta de entrecruzamiento de datos entre organismos estatales. Relató situaciones en las que un cuerpo fue hallado y enterrado como NN mientras la familia continuaba buscando al menor durante años. “Ese entrecruzamiento de datos no existe”, afirmó, y vinculó esa carencia con la escasez de recursos humanos y técnicos en fiscalías y juzgados.
Finalmente, llamó a reforzar el compromiso social y el rol de la ciudadanía en la difusión. Destacó el aporte de empresas que incorporan imágenes de chicos buscados en productos de consumo masivo y subrayó el valor simbólico de esas acciones. “Toda difusión suma”, afirmó, e invitó a colaborar compartiendo imágenes en redes sociales, una herramienta que consideró decisiva para ampliar el alcance de cada búsqueda.






