La decisión del Estado nacional de suspender el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas generó una fuerte preocupación en la comunidad médica y en las sociedades científicas vinculadas a la salud cardiovascular infantil. La medida afecta a una política pública creada en 2008, que durante quince años articuló la atención de niños y niñas con malformaciones cardíacas en todo el país.
El presidente de la Federación Argentina de Cardiología, Diego Echazarreta, advirtió que la desvinculación de los coordinadores nacionales del programa encendió una señal de alarma entre los especialistas. Explicó que la noticia se conoció hacia el cierre del año, a partir del contacto directo con algunos de los médicos que integraban el equipo técnico central, conformado por profesionales altamente especializados en cardiopatías congénitas y cirugía cardiovascular pediátrica.
En FM de las Misiones recordó que el programa nació por impulso del cirujano Guillermo Kreutzer y comenzó a consolidarse como una red federal a partir de 2008. Señaló que el objetivo fue coordinar centros de distinta complejidad para dar respuesta a una patología que afecta a miles de niños en el país. “Son alrededor de siete mil los chicos que nacen cada año con cardiopatías congénitas y aproximadamente la mitad requiere una cirugía correctiva durante el primer año de vida”, precisó.
Según detalló, el esquema permitía articular quince centros categorizados y canalizar las derivaciones a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino. Ese mecanismo posibilitó resolver casos complejos desde provincias alejadas y reducir tiempos críticos de espera. Echazarreta remarcó que se realizaban cerca de 800 procedimientos quirúrgicos anuales y se recibían más de seis mil notificaciones por año.
El cardiólogo destacó que el programa dio un salto significativo en 2023 con la sanción de una ley específica, que amplió su alcance y fortaleció el abordaje integral. Entre los avances, mencionó la incorporación del diagnóstico prenatal mediante ecografías cardíacas fetales y la garantía de traslados para embarazadas hacia centros de alta complejidad cuando la situación lo requería.
En ese marco, sostuvo que la interrupción del equipo coordinador implica un retroceso difícil de revertir en el corto plazo. Consideró que este tipo de redes no se construyen de un día para otro y requieren años de trabajo sostenido, conocimiento especializado y respaldo estatal.

“Coordinar la complejidad no es automático, necesita profesionales formados y una estructura pública que lo sostenga”, afirmó.
Desde la Federación Argentina de Cardiología señalaron que la experiencia acumulada permitió reducir de manera significativa la mortalidad infantil asociada a estas patologías. Además, recordó que el programa facilitó la obtención de financiamiento internacional para equipar centros de referencia en distintas provincias, algo que de otro modo hubiera sido muy difícil de concretar.
Echazarreta indicó que la entidad decidió manifestar su preocupación de forma pública para alertar a las autoridades y pedir que la medida sea reconsiderada. Aseguró que no se trata de una discusión administrativa, sino de una política sanitaria que demostró resultados concretos durante más de una década. “No hablamos de estructuras, hablamos de vidas”, subrayó.
Finalmente, afirmó que la Federación no permanecerá pasiva frente a este escenario y continuará realizando gestiones desde el ámbito científico y la sociedad civil para que el programa pueda sostenerse. En ese sentido, remarcó que el trabajo en red sigue siendo indispensable en un país extenso, donde la alta complejidad no está disponible en todas las jurisdicciones, pero puede articularse cuando existe decisión política.






