Entre 2023 y 2025 se notificaron más de 22 mil intentos de suicidio en el país. Aunque seis de cada diez casos correspondieron a mujeres, los varones concentraron la mayor mortalidad, con un riesgo de desenlace fatal cinco veces superior. Los datos surgen del Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud y reflejan el proceso de fortalecimiento de la notificación obligatoria.
Los intentos de suicidio constituyen un problema de salud pública prioritario y de abordaje complejo. En la Argentina, desde abril de 2023, este evento es de notificación obligatoria en el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS 2.0), en cumplimiento de la Ley Nacional de Prevención del Suicidio N° 27.130.
Entre el 1 de abril de 2023 y el 31 de octubre de 2025, se notificaron 22.249 eventos. Si bien el 61% de los intentos fue protagonizado por mujeres, el análisis epidemiológico revela una marcada diferencia por sexo en términos de letalidad, edad y modalidad utilizada.
Más intentos en mujeres, mayor mortalidad en varones
Del total de eventos registrados, el 95% correspondió a intentos sin resultado mortal, mientras que el 5% tuvo desenlace fatal. Sin embargo, al desagregar los datos por sexo, la brecha se vuelve evidente: en las mujeres, solo el 2,1% de los intentos terminó en muerte, mientras que, en los varones, esa proporción ascendió al 10,8%.
Esto implica que los hombres presentan un riesgo cinco veces mayor de que un intento de suicidio tenga resultado mortal en comparación con las mujeres, un patrón que se mantiene a lo largo de casi todos los grupos etarios.
Diferencias etarias: adolescentes mujeres y jóvenes varones
El análisis por edad muestra contrastes relevantes. En términos de intentos, las tasas más elevadas se registraron en adolescentes de 15 a 19 años, especialmente en el sexo femenino, donde duplican a las de los varones de la misma edad.
En cambio, los suicidios con resultado mortal se concentraron principalmente en varones jóvenes, con un pico en el grupo de 20 a 29 años, que presentó las tasas más altas a nivel nacional. A partir de los 70 años, las tasas de mortalidad por suicidio vuelven a incrementarse de manera marcada en los varones, ampliando aún más la brecha con las mujeres.
Mayor letalidad en los métodos utilizados por varones
Las diferencias entre hombres y mujeres también se expresan en las modalidades de los intentos. En el conjunto de los casos, la sobredosis de medicamentos fue el método más frecuente (46%), pero su uso fue notablemente mayor entre mujeres, donde alcanzó casi el 60%.
En los varones, en cambio, predominan métodos de mayor letalidad, como el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, que representaron el 39% de los intentos y el 75% de los casos con resultado mortal. El uso de armas de fuego aparece como una modalidad relevante en los intentos fatales masculinos, mientras que tiene una presencia mucho menor entre mujeres.
Más allá de las diferencias por sexo, el lugar de ocurrencia presenta un patrón común: la gran mayoría de los intentos de suicidio ocurrió en la vivienda, seguida a distancia por la vía pública. Este dato refuerza la importancia del entorno cercano y de las redes de apoyo en las estrategias de prevención.
En ambos sexos se identificaron antecedentes frecuentes vinculados a la salud mental, como diagnósticos previos y intentos de suicidio anteriores, así como el consumo problemático de sustancias, especialmente alcohol y cocaína. No obstante, la diversidad de combinaciones de antecedentes pone de relieve la multideterminación del fenómeno y la necesidad de abordajes integrales y personalizados.
Información clave para políticas de prevención
Desde el Ministerio de Salud de la Nación remarcaron que el incremento de las notificaciones responde al proceso de implementación y consolidación del sistema de vigilancia, y no a un aumento real de los intentos de suicidio. Aun así, los datos permiten identificar patrones diferenciales por sexo que resultan centrales para orientar políticas públicas.
En este sentido, las autoridades sanitarias destacaron la necesidad de estrategias específicas: por un lado, acciones preventivas tempranas dirigidas a adolescentes mujeres, grupo con altas tasas de intentos; por otro, intervenciones focalizadas en varones jóvenes y adultos, donde se concentra la mayor mortalidad.
La vigilancia epidemiológica, subrayaron, constituye una herramienta clave para transformar la información en acciones concretas de prevención, atención y seguimiento, con perspectiva de género y enfoque territorial.





