Apenas asomó el sol el lunes 11 de agosto de 2025, el populoso barrio San Lorenzo en la zona sur de esta capital se paralizó y consternó por las ambulancias, patrulleros y morguera estacionadas frente a una vivienda de la calle 53 casi 170 A, a cien metros de la avenida Cabo de Hornos.
Fue una hermana del atacante y obrero de la construcción José Ricardo Ferreyra, de 47 años, quien alertó al Centro Integral de Operaciones 911 del peor escenario: sangre en varios puntos, huellas de arrastre color escarlata, que corresponderían a los cuerpos de los dos hijos de Ferreyra y Paula Vieira, Mariano, de 21 años, y Evelyn, de 13. En el caso del hermano mayor, era un joven con discapacidad motriz y retraso madurativo.
Las dos víctimas fatales yacían junto a su madre agonizante en la sala principal. Frente a ellos, como altar de un ritual inexplicable, pendía de una escalera colgado con cables, Ferreyra.
La denominada masacre del barrio San Lorenzo es uno de los episodios de mayor violencia registrados durante el 2025, año que resume 34 casos de homicidios en toda la provincia, un descenso de doce hechos respecto a 2024.
Funcionarios de seguridad
Pero la cifra comprende un incremento que ya no es circunstancial o extraño. El ascenso de femicidios llegó a trece, cuatro más de los nueve del período anterior.

En cuanto a los femicidios, la muerte de la preceptora Soledad Machuca, de 34 años, el martes 25 de febrero, y de la jubilada Amanda Muller, de 70, en Santa Ana, no fueron episodios que merecieron soslayo; por el contrario, marcaron de manera profunda que la problemática continuaba sin horizonte de alivio.
En el caso de Muller, un agente del Servicio Penitenciario Provincial, de 31 años, permanece detenido por el asesinato a golpes (cráneo fracturado) y estocadas de arma blanca en la espalda. El vehículo de la víctima fue hallado en una vivienda de Posadas, pocas horas después de la aprehensión solicitada por el juez de Instrucción 2, Juan Manuel Monte.
Un mes después, en Posadas, fue hallada sin signos vitales Soledad Machuca y su esposo, suboficial de la Policía de Misiones, fue detenido por orden del juez Fernando Luis Verón, a quien los primeros informes de autopsia y pericias de Policía Científica le remarcaron que no se trató de una muerte accidental.
Soledad fue estrangulada manualmente en el cuello, y como parte del ataque se registró un golpe detrás de la cabeza y contra la pared en el dormitorio de la pareja, en la vivienda del barrio Nosiglia, próximo al cruce de las avenidas Cabo de Hornos y Alicia Moreau de Justo (ex ruta 213).
Ocho meses después, otro integrante de una fuerza de seguridad fue protagonista de un femicidio que sacudió de horror. Ocurrió durante la noche del domingo 26 de octubre en Comandante Andresito. Un oficial de la Policía de Misiones asesinó a su expareja y camarada y luego se quitó la vida con su arma reglamentaria.
El hecho se registró en el barrio 80 Viviendas, donde residía Daiana Raquel Da Rosa, quien prestaba servicios en la Comisaría de la Mujer del pueblo. El autor fue Natanael Comes, miembro de la comisaría jurisdiccional.
“Dijo que vio al diablo”
El domingo 27 de julio, en una chacra de San Vicente, en un sector de plantaciones de yerba mate y té, fue atacado y perdió la vida Luis Salvador Batista Da Silva. El cadáver fue descubierto al día siguiente semidesnudo, tendido sobre el suelo y cubierto de barro. Además, le faltaban ambos ojos.
El tarefero de 48 años fue ultimado por un joven de 19 años, cuya madre no dudó en entregarlo a los investigadores policiales:
“Llegó a la casa con ambos ojos en la mano y dijo que mató al diablo”.
El día mencionado, Batista Da Silva y el sospechoso fueron vistos compartiendo tragos. La progenitora habría señalado además dónde estaban los ojos: en la vivienda del presunto asesino.





