El movimiento fronterizo en el puente internacional Posadas–Encarnación alcanzó niveles récord durante las celebraciones de fin de año, con picos de hasta 50.000 personas por día y un promedio elevado de circulación sostenido a lo largo de varias jornadas. Así lo confirmó en diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, Hugo Osudar, secretario adjunto de la Junta Interna de ATE Migraciones, al trazar un balance del intenso flujo registrado durante las fiestas de fin de año.
Según explicó, el incremento del tránsito es habitual en estas fechas, pero este año volvió a poner en evidencia que el cruce internacional opera al límite de su capacidad, tanto en términos de infraestructura como de recursos humanos. “Hubo muchísima gente pasando y un promedio alto todos estos días”, señaló.
Uno de los factores que contribuyó a mejorar la fluidez fue el sistema de control unificado, que permite a los usuarios evitar el trámite migratorio del lado paraguayo. “Eso agiliza mucho”, reconoció Osudar, aunque aclaró que la mejora no se explica solo por el sistema, sino también por el esfuerzo del personal. “A pesar de la estructura que tenemos, tratamos de hacer todo lo posible para que la gente demore lo menos posible”.
Más cruces, el mismo personal
Pese al volumen extraordinario de tránsito, no hubo incorporación de personal para reforzar la atención durante las Fiestas. “Se estableció un programa de refuerzo, pero con el mismo personal”, explicó. Esto implica sobrecarga laboral, licencias atrasadas y jornadas extensas para cubrir todos los puestos.
“Hace falta más personal para tener un descanso óptimo y atender todos los puestos en todo momento. Por ahora se sobrecarga al personal que ya está”, advirtió. Aun así, remarcó el compromiso de los trabajadores: “Sabemos que en estos momentos hay que ponerse la camiseta”.
La situación se vuelve aún más exigente durante los meses de vacaciones. “Cuando todos salen de vacaciones, nosotros no las tenemos. Es cuando más trabajo hay”, explicó, en referencia a diciembre, enero, febrero y también julio, períodos atravesados por el receso escolar, los viajes familiares y eventos como los carnavales internacionales.
Infraestructura que quedó chica
Osudar trazó un repaso histórico para dimensionar el problema. El puente se inauguró en 1990, con una infraestructura acorde a la realidad de Posadas y Encarnación de aquella época. La primera ampliación recién llegó en 2014, con la incorporación del tren internacional y nuevas cabinas de salida, y la segunda obra relevante fue en 2019, con el nuevo sector de Migraciones.
“Venimos muy atrasados en obras”, sostuvo. Y graficó la situación con una comparación directa: “Es como inaugurar un ala nueva de un hospital sin médicos”. Hoy, el centro de frontera cuenta con 14 casillas de salida (unos 10 carriles efectivos) y otros 10 carriles de entrada, una capacidad que resulta insuficiente ante la demanda actual.
Para reducir las filas de manera significativa, estimó que haría falta al menos un 50% más de carriles en ambos sentidos. Incluso planteó una mirada de fondo: “Si uno quiere solucionar el problema estructural, hay que pensar en un nuevo puente. El cuello de botella es que hay solo dos carriles para ir y venir”.
Un trabajo clave que no se ve
Uno de los puntos que Osudar buscó destacar es el rol de seguridad que cumple Migraciones, muchas veces invisibilizado. “A mí siempre me preguntan por las demoras, pero nunca cuántas personas se detienen por año en el puente”, señaló.
Aunque aclaró que los datos oficiales deben ser brindados por las autoridades, afirmó que se detienen cientos de personas con pedidos de captura por año. “El que detecta a la persona es el inspector migratorio. Luego Gendarmería o Prefectura la pone bajo custodia, pero la identificación la hace Migraciones”, explicó.
Este trabajo implica una enorme responsabilidad, ya que un error puede derivar no solo en sanciones laborales sino también en causas penales. “Tenemos que ser rápidos, pero también extremadamente precisos. Esa tarea debe ser jerarquizada y reconocida”, reclamó.
Precarización y reclamos pendientes
El dirigente sindical también apuntó a la precarización laboral dentro del organismo. “Hay trabajadores con más de 20 años de servicio que todavía no están en planta permanente”, afirmó. Muchos contratos se renuevan cada tres meses, generando incertidumbre constante.
A esto se suma la pérdida de poder adquisitivo, en línea con el resto del empleo público nacional. “Los aumentos paritarios quedaron muy por debajo de la inflación. Perdimos salario y no se reconoce la responsabilidad que tenemos”, sostuvo.
Además, enumeró problemas básicos de infraestructura, como fallas en los sanitarios, falta de agua en algunos momentos y sistemas de aire acondicionado que no dan abasto ante el calor extremo y la cantidad de personas que circulan por el lugar.
Un 2026 con más trabajo
De cara al inicio del año, Osudar anticipó que el flujo seguirá siendo intenso, ahora con demoras concentradas en el ingreso al país, a medida que regresan quienes viajaron por las Fiestas y se suma el tránsito cotidiano hacia Encarnación por motivos recreativos y comerciales.
“El personal hace todo lo que puede con lo que tiene”, resumió. Y dejó una definición clara: mejorar los tiempos de espera y el servicio no depende solo de los trabajadores, sino de decisiones políticas que acompañen el crecimiento de la región con inversión, personal e infraestructura.




