El viernes 5 se conmemoró el Día del Ciclista y, en Posadas, hablar de bicicletas es sinónimo de Héctor Aníbal Bernal: mecánico, integrante y creador de Masa Crítica, militante del uso sustentable de la bici y ciclista de toda la vida. En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, Bernal unió en un mismo relato memoria vial, historia familiar, salud y fe arriba de dos ruedas.
Recordó que la fecha rinde homenaje a Remigio Saavedra, el hombre que unió Mendoza y Buenos Aires en bicicleta, hazaña que repitió ya de grande, “y la segunda vez le llevó más horas”. Pero, para él, además de esa efeméride nacional, debería existir un “Día del ciclista urbano”, en reconocimiento a quienes usan la bici todos los días para trabajar, hacer trámites, entrenar o moverse por la ciudad.
Masa Crítica, bicicleta blanca y el reclamo por una ciudad más segura
Bernal explicó que en Posadas se formó Masa Crítica, como parte de un movimiento mundial que nació a partir de un ciclista atropellado “en su propio espacio”. En ese espíritu, en la capital misionera impulsaron la instalación de la bicicleta blanca en Quaranta y Jauretche , a modo de reclamo y recordatorio de los siniestros fatales. Ese símbolo se inspira en la primera “ghost bike” de Estados Unidos, pintada y colgada de un poste tras la muerte de un ciclista.
“En todos lados se sigue haciendo porque siguen falleciendo ciclistas”, lamentó. Por eso, insiste, lo que se hizo en Posadas en materia de infraestructura “es importante, pero no suficiente”. Reconoció que, después de años de pedidos de grupos como “Nosotros por la bici centro”, se lograron kilómetros de bicisenda en tramos como Francisco de Haroy sectores de la costa, desde la costanera céntrica hasta Costa Sur. Sin embargo, marcó una deuda clara: “Necesitamos bicisenda en López Planes y en Centenario, y mejorar las que ya están, porque son las que conectan con el centro”.

Convivencia, el gran desafío
La convivencia con el resto del tránsito sigue siendo un desafío. Bernal contó que en avenidas como Francisco de Haro o Rademacher es frecuente ver las bicisendas ocupadas por autos estacionados, “sin problema”, y recordó incluso reclamos puntuales a comercios que tapaban el espacio exclusivo para ciclistas.
“La educación vial es el tema. Están usurpando un espacio que no les pertenece”, apuntó. Y relató una situación de riesgo: un jugador de fútbol, “de unos 100 kilos, bajando a toda velocidad para llegar a horario a la cancha”, en una bicisenda, donde cualquier encuentro con un ciclista más liviano habría sido potencialmente grave.
También mencionó un debate en el Concejo Deliberante, donde un edil llegó a proponer que la bicisenda de Francisco de Haro se convirtiera en “motosenda”, algo que para Bernal sería directamente un conflicto. Recordó que ya hay motos que circulan por las bicisendas “porque se toman la atribución”, y que una ordenanza autorizó además el uso por parte de monopatines eléctricos, algo que él considera poco coherente:
“Todos usan el monopatín porque no quieren pedalear, eso es evidente. La bicicleta tiene más de cien años y siempre fue un buen medio para transitar”.
En contraposición, destacó cómo la infraestructura puede ser realmente salvavidas: en el cruce de Jauretche y 40, donde colocaron la bicicleta blanca, luego se construyó una rotonda, y eso “cambió los papeles” del tránsito, ordenó maniobras y mejoró la seguridad, al punto de reducir siniestros graves.

Pasión heredada y oficio de 50 años
La relación de Bernal con las bicicletas empezó en la adolescencia, cuando fue a ayudar a su tío, bicicletero de apellido Urquiza, parte de una familia pionera en el rubro en Posadas. “Ellos son los pioneros de la bicicleta en la ciudad”, recordó y mencionó locales de la familia sobre la avenida Uruguay y la avenida Rademacher.
Otro referente clave fue don Gregorio Juañuk, de la histórica Casa Juañuk, cuñado de los Urquiza, cuyo taller ocupaba buena parte de una manzana. Contó una postal de época: en la zona de la antigua fábrica Heller “había cuatro turnos de empleados y todos iban en bicicleta”. Juañuk había instalado boxes con compresores propios para cada empleado, de forma que nadie tuviera excusa para no usar la bici, y él mismo se encargaba del mantenimiento.
Dentro de esa historia familiar aparece también la tragedia: José Feliciano Urquiza, tío de Héctor, murió en un accidente de bicicleta, algo que marcó al hoy mecánico y lo terminó de decidir a hacer del oficio una profesión.
“Vamos a ponerle 50 años de oficio… yo tengo 67. Es un poco más, pero 50 y un poquito seguro”.
Hoy, ya jubilado, sigue arreglando bicicletas, pero asegura que lo que más le interesa no es el negocio: “A mí lo que me interesa es que anden en bicicleta”.
Mantenimiento y seguridad
Bernal contrapuso la conciencia de mantenimiento de épocas anteriores con la desatención actual. Relató que muchos usuarios tenían dos bicicletas: dejaban una en reparación mientras se movían con la otra. El bicicletero revisaba todo: “si tenía juego, si algo estaba flojo”, como quien hace una revisión técnica.
Hoy, sostiene, mucha gente no revisa frenos, no mira cubiertas, no controla la cadena. Para él, una bicicleta debería tener una suerte de VTV propia, con controles regulares, porque es un vehículo más. Recordó que antes, con una simple “luz de gato” y, para los privilegiados, un dínamo, ya había preocupación por hacerse ver de noche. Hoy considera imprescindible luces intermitentes y señalización, sobre todo en rutas.
También habló de la moda del freno a disco: “Entró por los ojos”, reconoció, pero advirtió que requiere recambio y ajuste con más frecuencia para frenar bien. “Es un repuesto que, para tener seguridad, muchas veces hay que cambiarlo a mitad de año, y casi nadie lo hace”, afirmó.
En cuanto a los materiales, dijo que las bicicletas de antes eran más durables: “Después de la posguerra vinieron a correr acá los mejores ciclistas del mundo, se hacían los ‘Seis días’ del Luna Park, trajeron lo mejor. Hoy el material cambió: es más liviano, pero menos durable. El acero ya no es el mismo; por algo inventan el titanio”.
Según su mirada, muchas de las bicis baratas importadas de baja calidad “están creando un basural”: no resisten el uso, se rompen rápido y terminan tiradas. “En Argentina ya no se fabrica casi nada de la bicicleta, salvo cubiertas y cámaras”, lamentó.
Bicicleta, salud y edad
Para Bernal, la bicicleta es también una herramienta de salud y envejecimiento activo. Contó que su abuelo usó la bici como medio de transporte hasta los 96–97 años y murió a los 99, y que eso le marcó una idea: no hay edad límite si el cuerpo se mantiene en movimiento.
Por eso mira con recelo la expansión de la bicicleta eléctrica autoasistida: “Te da una ayuda, pero te relaja. Y cuando más años cumplimos, más actividad tenemos que tener”, planteó. “El día que dejás de hacer el esfuerzo, el cuerpo lo siente”.
También mencionó el caso de un amigo de 80 años, al que su familia ya no dejaba conducir el auto por seguridad. La solución intermedia fue una bicicleta fija, que él mismo adaptó, cambiando las correas para que fuera más liviana. El amigo volvió a moverse, pero Bernal admitió que “no es lo mismo que el aire libre, el equilibrio, la atención y la coordinación”.
De ahí su advertencia: “Si esperás a que te pase algo cardíaco para decidirte a hacer actividad, ya puede ser tarde. Lo que no te decidiste a hacer antes, no se arregla después”.
Fe, pedaleadas y visibilidad
Otro capítulo de la vida ciclista que reivindica Bernal es el de las peregrinaciones en bicicleta. Destacó la multitud que cada año va a Itatí, “casi 300 y pico de kilómetros”, muchas veces con personas que ni siquiera pedalean habitualmente. “Lo que más admiro ahí es la fe”, dijo. “Es llamativo que en Argentina se hagan estas locuras hermosas en bicicleta. En otra parte del mundo no se ven tantas”.
Recordó también a los grupos de Corrientes Capital que llegan para la festividad del 16 de diciembre, fecha vinculada a la Virgen, y recorren unos 40 y tantos kilómetros. “No es tan lejos como Posadas–Itatí, pero para alguien que no está entrenado es un esfuerzo enorme”, señaló entre risas: “Yo no te llevo ni hasta el arco”.
Además, relató viajes personales como las salidas a la playa en bici, que suele hacer con un amigo y pueden durar varios días. Aseguró que, en muchos casos, “es más peligroso pedalear en la ciudad que en la ruta”, siempre que en ruta se circule con chaleco, luces y elementos que aumenten la visibilidad: “Lo esencial es que te vean. Uno tiene que hacerse visible”.
Masa Crítica
Bernal recordó que fue creador de Masa Crítica Posadas, un espacio que durante años se reunía el primer domingo de cada mes para pedalear en grupo y visibilizar el lugar de la bici en la ciudad. Con el tiempo, esas salidas se transformaron en pedaleadas nocturnas y fechas puntuales, como el Día de la Tierra, con fuerte énfasis en la contaminación ambiental.
“Hacemos ayuda memoria. Necesitamos de los medios para hablar de este tema. Las pedaleadas nocturnas salen en Instagram, se ven las fotos, los videítos… sirve para difundir”, remarcó.
Mirando hacia adelante, lanzó una frase que resume su diagnóstico: “No vamos a poder parar la cantidad de gente que va a andar en bicicleta. Esto va a seguir creciendo”.
Dijo que en el interior de Misiones siempre se usó mucho la bici -citó el ejemplo de Oberá, con al menos dos bicicleteadas masivas– y que también se ve más gente eligiendo las dos ruedas por razones económicas.
“Hay bicicletas baratas en los sitios de compra y venta en Posadas, y muchas están buenas. Es cuestión de asesorarse”, recomendó. Incluso ofreció una ayuda práctica: “Antes de comprar, me traen la bici y yo les digo si está bien o no”.
Como muestra de la relación entre bici y bolsillo, recordó que en una época trabajó en el ferrocarril, y que desde la zona del colectivo 23 hacia abajo empezó a ir y venir siempre en bicicleta, porque el costo del pasaje se hacía sentir. “Me ahorraba el kilo de galleta”, graficó con humor.
Hacia el final de la charla, definió al ciclismo con una frase que, para él, va más allá del deporte:
“El ciclismo es humanismo puro”.
Y, entre recuerdos de pioneros, reclamos por infraestructura y celebraciones de fe y movimiento, cerró con un deseo sencillo: que cada vez más gente se anime a subirse a la bici y que la ciudad esté preparada para recibirla.










