El acceso al agua segura es una condición básica para la vida y, en el medio rural, también lo es para la producción y el arraigo de las familias agricultoras. En la región del Alto Uruguay de Misiones -que comprende los departamentos de Cainguás, Guaraní y 25 de Mayo- técnicos del INTA, junto a municipios, organismos provinciales, escuelas, organizaciones y productores, llevan adelante un intenso trabajo de protección de vertientes naturales. Esta práctica no solo garantiza agua para el consumo humano, sino que también sostiene la producción agropecuaria y fortalece las bases para un desarrollo rural más sustentable.
La protección de vertientes consiste en resguardar los manantiales naturales, construyendo reservorios protegidos y aislados, para minimizar la entrada de contaminantes e impurezas, de modo que el agua pueda destinarse al consumo de familias rurales e instituciones. Cuando el caudal lo permite, además, se utiliza para actividades productivas como la cría de animales, el riego de huertas y producciones agrícolas o ganaderas de baja escala.
Un trabajo técnico y territorial
Si bien este trabajo se realiza desde hace ya dos décadas en la provincia, de acuerdo a registros realizados en el marco del Proyecto Local del Alto Uruguay de INTA, “entre fines de 2023 y lo que va de 2025 se construyeron 225 vertientes protegidas en la zona, de las cuales 132 son individuales y 93 comunitarias. Muchas de estas últimas abastecen a instituciones educativas: en total, 33 escuelas accedieron al agua mediante este sistema”.
La magnitud de estos resultados está directamente vinculada al trabajo territorial del INTA, a través de las Agencias de Extensión Rural de Santa Rita, Aristóbulo del Valle y San Vicente. Allí, los equipos técnicos acompañaron cada etapa: desde el diagnóstico inicial y la planificación hasta la ejecución de las obras, la capacitación de las familias y la articulación con múltiples actores locales.
“El objetivo es que cada familia pueda contar con agua segura y suficiente, porque eso es clave para su salud, pero también para sostener sus actividades productivas y evitar que se vean obligados a abandonar la chacra”, explican desde el equipo técnico.
Alianza con impacto
El INTA no trabaja solo. Cada protección de vertiente es resultado de una red de instituciones, municipios, escuelas, fundaciones y asociaciones que suman esfuerzos con recursos, materiales y mano de obra. Entre los aliados se destacan municipios como 25 de Mayo, Dos de Mayo, Aristóbulo del Valle, Salto Encantado, Aurora, Alba Posse y El Soberbio; programas nacionales; organismos provinciales como el Ministerio del Agro, IMAS e IPRODHA, nacionales como el INAFCI y organizaciones de la sociedad civil como la Fundación Agua Segura y la Fundación Hora de Obrar.
Este entramado de colaboraciones permite no solo concretar más obras, sino también generar procesos de formación y concientización comunitaria, que resultan esenciales para garantizar el cuidado y mantenimiento de las vertientes en el tiempo.
El trabajo en protección de vertientes se complementa con otras prácticas que apuntan a mejorar la gestión integral del agua en los sistemas productivos. En muchos casos se acompaña también con un trabajo de sistematización de terrenos mediante curvas de nivel, o la plantación de árboles nativos en las áreas de recarga, entre otras. De este modo, no se trata solo de asegurar agua para beber, sino de fortalecer un manejo sustentable que incremente la disponibilidad hídrica en el tiempo y evite la degradación ambiental.
Agua para el presente y futuro
Las vertientes protegidas del Alto Uruguay forman parte del trabajo técnico que acompaña el arraigo de las familias agricultoras. Allí donde se garantiza el agua, se fortalece la permanencia de las comunidades en el territorio, la continuidad de las escuelas rurales y la viabilidad de las producciones familiares. El acompañamiento técnico del INTA, sumado a la organización de los productores y la articulación con municipios, programas y organizaciones, muestra que es posible construir soluciones locales a problemas estructurales.
En palabras de un extensionista del INTA: “Cada vertiente protegida es una inversión en salud, en producción y en futuro. El desafío es seguir ampliando este trabajo para que ninguna familia rural tenga que elegir entre quedarse en la chacra o irse por falta de agua”.
Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio.





