Este martes se cumplen 205 años de la muerte del escritor y naturalista Félix de Azara, nacido en España en 1746 y fallecido el 20 de octubre de 1821 en su lugar de origen.
Fue enviado por la Corona española para estudiar los límites con Portugal, pero luego fue trasladado a América del Sur, más precisamente a la región rioplatense, donde entre 1782 y 1801 realizó numerosos estudios en el territorio paraguayo, argentino y en Misiones, donde dejó una importante herencia botánica y cultural.
Entre sus escritos se encuentran “Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata”, “Viaje a la América Meridional” y “Geografía física y esférica del Paraguay”.
Además, participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas de principios del siglo XIX.
Cuando en 1801 regresó a Europa, conoció en París por intermedio de su hermano José Nicolás a destacados naturalistas y fue acogido por prestigiosas sociedades científicas, antes de su muerte el 20 de octubre de 1921.
El legado de Félix de Azara en Misiones
El militar, marino, geógrafo y naturalista ocupa un lugar de singular trascendencia en la historia y la ciencia del Río de la Plata, dejando una huella profunda e imborrable en Misiones.
Enviado originalmente por la Corona española a Sudamérica en 1781 para integrar la comisión delimitadora de fronteras con el Imperio portugués tras el Tratado de San Ildefonso, Azara transformó lo que debía ser una labor puramente diplomática y cartográfica en una monumental empresa científica y humanística que se extendió por más de dos décadas.
Su paso por la tierra colorada coincidió con una etapa compleja e incierta: el periodo posterior a la expulsión de los jesuitas (1767). Frente al abandono de las reducciones y los constantes atropellos demarcatorios del Imperio portugués, Azara asumió la tarea de cartografiar con precisión inédita los ríos, selvas y límites de Misiones.
Levantó planos detallados y levantamientos topográficos que no solo sirvieron para fijar la soberanía territorial, sino que constituyeron los primeros mapas rigurosos de una geografía hasta entonces descrita de forma imprecisa o mitificada.
Al verse demorado en sus funciones administrativas por la constante inacción diplomática portuguesa, Azara volcó su insaciable curiosidad y riguroso método al estudio del medio natural. Autodidacta en zoología y botánica, observó y describió minuciosamente la biodiversidad de la selva paranaense.
Identificó, clasificó y documentó cientos de especies de aves, mamíferos, reptiles y plantas, muchas de las cuales eran absolutamente desconocidas para la ciencia europea de la época.
Su rigor de observación sentó las bases de la historia natural y la conservación ambiental en el Nordeste argentino. Museos, centros de investigación, instituciones educativas y reservas naturales llevan con orgullo su nombre, recordando al sabio que supo descifrar y catalogar con devoción los secretos de la biodiversidad misionera, convirtiendo la tierra colorada en un referente clave para la ciencia mundial.
Sus detalladas observaciones sobre los hábitos y características de la fauna nativa se convirtieron en referencia obligada para grandes pensadores de la ciencia universal, entre ellos Charles Darwin, quien citó con gran frecuencia e itinerario científico las obras de Azara en sus reflexiones sobre el origen y la adaptación de las especies.
Asimismo, su legado en Misiones posee una valiosa dimensión social e histórica: en sus escritos y memorias, Azara registró con mirada crítica y objetiva las condiciones socioeconómicas de los pueblos guaraníes tras la partida de los jesuitas, denunciando los abusos de los administradores coloniales y proponiendo reformas para la integración respetuosa, el desarrollo agrícola y la autonomía de las comunidades indígenas.








