Escritores de Misiones: “El robo a la casa de la abuela”

La autora es Claudia Marcela Vasquez. Reside en Oberá. Técnico Superior en Aduanas y Comercio Exterior. I.C.A.

05/04/2021 18:21

Mi madre es una señora muy amable y querida, pero tiene un gran problema. Es lo que se llama: “Acumuladora” Le apasiona recolectar objetos que no presentan utilidad alguna: entradas del cine, tickets de restaurant, mi primer triciclo y las bicicletas en desuso de sus nietos.

Obvio que su casa está tan, pero tan atiborrada de cosas que llegó el día en que no había más lugar para ella y se mudó de allí llevándose consigo el placard repleto de ropa de su difunto esposo junto a su vestido de casamiento y las prendas de nuestro bautismo entre otras cosas.

Para colmo todas las semanas volvía para llevarse una que otra pertenencia que podía ser tanto los primeros diez chupetes de mi hija como alguna de sus máquinas de escribir antiguas.

Pero todo cambió una tarde cuando me llamó el vecino de la casa anterior de mi mamá, nos contó que al llamarle la atención el portón abierto en plena hora de la siesta dominguera golpeó las manos y como nadie le contestaba caminó unos pasos por el patio delantero para observar qué ocurría, se percató que una puerta había sido forzada, tomó coraje y se introdujo a inspeccionar; ya dentro del inmueble encontró bastantes objetos desparramados por el suelo e inmediatamente se comunicó con nosotros.

Ni bien terminamos de contestar la llamada salimos corriendo a ver los daños. ¡Increíble! ¡saltamos de felicidad! Por fin desapareció ese microondas en el cual, en el año 2015, cocinaron un bife dentro de un recipiente no apto y explotó, pero mi madre había decidido guardar por si algún día mandaba a arreglar ( cosa que por supuesto nunca sucedió).

Desparramadas por el suelo vimos todas nuestras fotos y los periódicos que mamá acumulaba en una enorme pila que tapaba una ventana y rosaba el techo, según ella en dichos periódicos habría imágenes de eventos a los que alguna vez asistió, decía que los tenía apilados para revisarlos en el futuro muy lejano.

Los ladrones se tomaron el trabajo que ella jamás se había tomado, de revisarlos hoja por hoja, supongo que en la creencia de que entre las páginas podría haber dinero escondido.

Se llevaron también las linternas viejas que se caían y se rompían, pero ella insistía en que mandaría arreglar aunque compraba otra al poco tiempo y así acumuló mas de veinte linternas pero todas inútiles. Celulares obsoletos, relojes pulsera con pilas sulfatadas que según ella alguna vez marcaron el tiempo de su vida.

Notamos que faltaba su maquinita ultramoderna de depilar la cual obviamente ya no funcionaba y también se llevaron su secador de cabello y la plancha que un tiempo antes habían terminado su vida útil.

Se sentía un olor nauseabundo. ¿Tuvieron tiempo de ir al baño? – ¡Y de tomar vino seguramente! Gritó mi hijo entre risas y fue corriendo a abrir la heladera y dijo: Ahora se explica el olor: ¡Pobres ladrones! ¡Se tomaron los dos vinos que le regalé a la abuela uno cuando terminé la secundaria y el otro hace tres años… le había dicho a la abuela que si abría para tomar solo un vasito, se iban a quedar feos y alguien desprevenido bebería el resto tiempo después ¿no tiene olfato esa gente que entró?

En ese instante mi hija menor recordó: ¡Mis huevitos de pascua! uno por año le regalaba la abu, y ella los guardaba porque eran demasiado lindos para comerlos…¡devoraron los huevitos, solo dejaron los envoltorios!

Se llevaron el arco del tío pero no se llevaron las flechas, encima esa cuerda estaba muy peligrosa, menudo golpe les va a dar si la empiezan a tocar sin tener conocimientos, salta y un ojo les puede sacar, dijo mi hijo.

¡No puedo creer, se olvidaron la tele que andaba!
– No creyeron que funcionara porque la abuela la usaba de mesitas apoya ropas, aunque la tele anda ella tenía una más nueva y no quería vender la vieja porque le traía recuerdos ya que se compró con dinero de su primera jubilación.

– ¿Y la impresora?
-Al verla cubierta de ojotas y alpargatas habrán pensado que no funcionaba, pero solo le faltaba el cartucho y esa es casi nueva, compró porque estaba de oferta aunque nunca le dio utilidad.

Nosotros saltábamos de alegría, por fin se ven los árboles desde las ventanas, ya no están tapadas de cosas y por fin se puede caminar por la casa.

En ese instante llegó la abuela y empezó a gritar por sus tesoros:
-¡Mis espejos!

– ¿Qué espejos abuela? uno estaba rajado con una raya que si te mirabas te dejaba como cortada en dos partes y el otro era una puerta que sacaste de un ropero viejo que no sé cómo no se llevaron.

Sin dar importancia a mis palabras la abuela prosiguió inspeccionando hasta que exclamó.
-¡Qué felicidad! ¡Llevaron el equipo de música precioso ese que se quemó ni bien compraron y dejaron mi radio viejita que sí anda! Vamos a prender.

… “Noticias de último momento Tres personas con prontuario delictivo, que eran buscadas exhaustivamente por la policía, acaban de ser aprehendidas luego de un sorprendente enfrentamiento, uno de ellos se desvaneció luego de que una cuerda de un arco en el que intentó poner una piedra para arrojarla a modo de honda se desprendió dándole un fuerte chicotazo en la cara.

El segundo se desvaneció al minuto siguiente; en el hospital le hicieron lavaje de estómago porque sufría una intoxicación aguda y el tercero cayó al piso convulsionando con signos de haber recibido fuerte descarga de un artefacto eléctrico en mal funcionamiento.

En poder de los secuaces se encontraron cantidades de electrónicos inservibles y otros elementos chatarra. No se descarta la teoría de que además de ladrones serían acumuladores.” Al escuchar la noticia, la abuela abrazó a mis hijos envuelta en llanto.
– ¡ay mijitos si hubiera sido alguno de ustedes que se accidentaba con mis cosas no podría soportarlo! ¡Pobrecitos esos ladrones! Nunca más voy a acumular nada.

– ¡Si abuela vas a acumular muchos…besos y abrazos, porque ahora te vamos a poder encontrar adentro de tu casa!
Esperemos que la abuela cumpla, y si alguno de ustedes queridos lectores se parece en algo a mi madre piense que lo material es solo una herramienta para vivir mas cómodo, pero demasiadas herramientas desparramadas solo entorpecen el avance y nos impiden disfrutar la verdadera felicidad.

Fin