Luto en Candelaria

Miguel Ayala, histórico presidente del club en su época dorada en el Argentino A, falleció el viernes por la noche. Varios jugadores recordaron su etapa como dirigente deportivo. “Con poco, hizo mucho. Hasta nos cocinaba”, dijeron a EL DEPORTIVO. Carlitos Vicente y tres anécdotas inolvidables.

29/06/2020 20:17

El fútbol misionero amaneció ayer de luto. Miguel Ángel Ayala (70), histórico exdirigente del Club Atlético Candelaria en sus años de mayor gloria, falleció el viernes por la noche luego de una penosa enfermedad.

Junto a su hermano Alberto -por entonces, vicepresidente- Ayala fue artífice de un sueño que parecía inimaginable durante aquellos años en los que el fútbol misionero adolecía de representantes a nivel nacional. Se hizo cargo de la presidencia del club en noviembre de 1991. Estuvo allí hasta después del ascenso, en 2004

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Según cuentan los propios jugadores, a puro sacrificio fue que desde los comienzos del siglo, el team de la antigua capital comenzó a pergeñar la ilusión del ascenso al Torneo Argentino A, que finalmente se hizo posible el 30 de mayo de 2004, en aquella recordada final con Alumni de Villa María que se definió en Córdoba. Justamente, hace pocos días se cumplieron 16 años de esa gesta.

“Yo estaba en Guaraní, había vuelto de Pirané, y me llamó para sumarme a Candelaria. Ese año fue el que perdimos en semifinales del Argentino B contra Unión de Sunchales, con Luis Bruchón como entrenador del equipo”, recordó a EL DEPORTIVO ayer, conmovido, Miguel “Pico” Salinas.

El histórico arquero formó parte del plantel de Candé el año previo al ascenso al Argentino A. “Miguel era una persona excelente, que hizo mucho por el fútbol misionero. Era como un jugador más, iba a todos los entrenamientos, viajaba con nosotros, hasta nos cocinaba. Era uno más en el plantel. Por eso, para mí solo queda admiración por todo lo que hizo por nosotros. Mutuamente nos queríamos mucho”, sintetizó el guardavallas.

Salinas recordó que en muchas ocasiones el dirigente “puso de su bolsillo para ayudar a los jugadores”. Ese y otros gestos “hablan de lo que era como persona. Para mí, hoy (por ayer) el fútbol misionero perdió a una persona importante. Mis condolencias para su familia y para toda la familia del club”.

Aquella campaña de 2003, en la que Candelaria arañó el ascenso al Argentino A, también tuvo como protagonista a Héctor “Polaco” Franco, quien se sumó al dolor y al luto por la muerte de Ayala.

“De Miguel y Alberto, su hermano, tengo excelentes recuerdos. No olvido nunca los tradicionales asados que eran el ritual de todos los sábados por la noche, antes de los partidos. El trato siempre fue bueno para con los jugadores. Con poco, Miguel hizo mucho. Porque tenía poco apoyo, pero salían a golpear puertas y a conseguir como sea. Yo puedo decir que, como jugador, nunca me faltó nada en Candelaria”, confió el exBoca Juniors.

Franco aseguró que se enteró de la noticia el sábado por la noche. “La noticia me golpeó. Es una pérdida grande para el fútbol misionero a nivel dirigencial. Hizo mucho por Candelaria y creo que siempre va a ser recordado por eso”, sintetizó Franco.

Sin dudas uno de los protagonistas principales del ascenso al Argentino A de 2004, Carlos Vicente también recibió la noticia de la muerte de Ayala con mucho dolor. El exBen Hur de Rafaela recordó varias anécdotas de aquella campaña que logró poner al fútbol misionero nuevamente en el mapa, a nivel nacional.

“Fue una noticia triste. Se me cruzaron un montón de sentimientos. Miguel fue una persona a la que le estoy muy agradecido por la posibilidad que me dio en Candelaria. Era un dirigente humano, diferente a otros con los que tuve relación en otros clubes. Era como un amigo, un jugador más, no faltaba a ningún entrenamiento”, rememoró el ex La Picada y Brown de Posadas, entre otros.

Entre tantas otras, Vicente compartió junto a EL DEPOR una anécdota particular respecto a Ayala, relacionada con esas pocas semanas en las que Candé debió recorrer todo el país tras el sueño del ascenso.

“Recuerdo que volvíamos de Jujuy y en pleno viaje nos enteramos que el próximo rival era Brown de Puerto Madryn. Y cuando supo eso, en pleno viaje y donde agarraba señal, empezó a llamar pidiendo ayuda a todo el mundo para conseguir pasajes de avión, para que el desgaste nuestro no fuera tanto por el viaje”, rememoró Carlitos.

“Llamó a todo el mundo y no tuvo muchas más respuestas que de Crucero y Rosamonte. Y fijate vos lo que hizo: ya cerca de llegar a Posadas, en el cruce de la ruta nacional 12 con la 120, se bajó del colectivo porque lo estaban esperando para llevarlo a Apóstoles, a buscar una plata para el viaje a Madryn. Una locura”, contó Vicente.

El jugador contó otra historia con Ayala. “Una vez, en lo personal, Candelaria tenía una deuda conmigo y yo ya me estaba por ir a Ben Hur, pero tenía que pagar unas deudas. Se lo dije y él, aunque ya no era más presidente del club, fue conmigo a la pinturería y pagó mis deudas con su tarjeta de crédito”, recordó.

Tras recordar también los míticos asados de los sábados -“ponía la mesa, nos cocinaba, nos servía”- Vicente reflexionó: “Uno empieza a recordar todas esas cosas y siente que quizás faltó darle más a esa persona que hizo todo aquello por uno”.

Y hay una más, relacionada a los asados. Vicente recién había llegado al club y, entre bromas, le preguntó a Ayala dónde estaba el postre. Todos rieron, pero el dirigente se lo tomó en serio. “Desde ese día, al próximo asado, había dulce de batata con queso, nos conseguía todos los fines de semana. Hasta en ese tipo de detalles estaba”.

Finalmente, sobre cómo lo recordará, Carlitos sintetizó: “Lo voy a recordar como un luchador, como el tipo al que a veces los compañeros iban a pedirle de noche para la olla y él siempre respondía. Más que dirigentes, eran amigos del plantel”.

En varios sectores

Además de presidente de Candelaria (91-2004), Ayala también fue intendente de la localidad dos períodos, entre 1995 y 2003. Previamente fue concejal, jefe de distrito de EMSA y responsable de la cooperativa local.

El último adiós

Los restos de Ayala fueron inhumados ayer, cerca de las 11, en el cementerio de Candelaria, localidad en la que las banderas flamearon a media asta. “Es un dolor muy grande para el pueblo”, dijo Hugo Monzón, exjugador y permanente colaborador del club.