“Me desvestí rápido por los golpes, pero me dieron patadas y sopapos”

Presuntas víctimas de los apremios que se juzgan como cometidos en el penal federal de Candelaria declararon ayer y apuntaron de manera directa a los tres agentes del SPF acusados. La sentencia se fijó para el 1 de octubre. También dio su versión el funcionario de la Procuración que inició la denuncia por las golpizas a detenidos federales.

21/09/2019 18:52

DESPLIEGUE. Romero, uno de los tres acusados, dio su versión con guantes de látex del mismo tipo que, aseguró, utilizó en las requisas que encabezó.

“Sí, los recuerdo, son los tres señores que están acá sentados los que me golpearon, no me puedo olvidar”, soltó con calma durante la tarde de ayer, Oscar Alfredo Carvallo, un albañil de 50 años y uno de los seis internos en la prisión federal de Candelaria que, en octubre de 2007, denunciaron que fueron sometidos a una violenta requisa que hoy es juzgada por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Posadas.

El exconvicto por narcotráfico, cumplió una pena de ocho años, se mostró seguro y durante una hora relató lo sucedido en los pabellones de la cárcel, donde fue uno de los atacados, presuntamente, por tres guardiacárceles misioneros: José Luis Acosta (42), Ricardo Antonio Figueredo (39) y Víctor Javier Romero (40), encartados por el delito de “severidades y vejaciones”, también conocido como “apremios”.

“Entraron a los gritos, nos pusieron a todos, como cuarenta amontonados contra el fondo del pabellón, con la cabeza para abajo y mirando a la pared. A mí me golpearon para que me desvista rápido. Recibí golpes por todos lados, patadas, sopapos. Me llevaron a la mitad del pabellón y me pegaron caído en el piso, me revisaron y me puse rápido la ropa. Cuando me sacaron al pasillo siguieron con los golpes”.

Carvallo también resaltó que fue la primera requisa que le tocó con tanta violencia y que por ello decidieron llamar al delegado de la Procuración Penitenciaria Federal, Jorge Ávila, “para contarle lo que había pasado. Vino y nos sacó fotos de las heridas pero no todos firmamos el papel, sólo seis pero fuimos muchos más los golpeados”.

También aclaró que “a los pocos días me trasladaron a Buenos Aires, al penal de Marcos Paz y después a Rawson”, presidio de máxima seguridad del país. “No había motivo para eso, yo en Candelaria estudiaba y trabajaba, mi familia me podía visitar”.

Durante la última jornada de testimoniales, los jueces Norma Lampugnani, Manuel Alberto Jesús Moreira y Víctor Antonio Alonso, oyeron el relato de exdelegado de la Procuración Penitenciaria que inició la causa por apremios el lunes 1 de octubre de 2007. Jorge Luis Ávila, detalló los pasos que siguió desde el momento que lo llamaron por teléfono desde la prisión porque una requisa se habría transformado en una tunda feroz de golpes entre las 8 de la mañana y el mediodía del día mencionado.

Aclaró que su función de contralor de las condiciones de los internos atravesaba “inconvenientes porque en esa época la Procuración era una institución nueva. Entre los guardiacárceles había cierto grado de rechazo a la fiscalización (…) En este caso había internos que habían recibido una golpiza y lo quisieron mostrar, denunciar, por eso tomé las fotos con mi celular, me lo permitieron las propias víctimas. Hablé con todos y con seis heridos labré un acta en el marco de mis funciones”.

“Dos días después, el médico de la Procuración vino desde Corrientes y ratificó las lesiones (…) Y para el 8 de octubre comenzaron los traslados arbitrarios de los denunciantes por lo que se presentaron los habeas corpus ante la Justicia Federal de Posadas”.

“Los denunciantes coincidieron en que los golpearon, que les pegaron con puños, arrodillados, desnudos y sufrieron vejaciones. Varios dijeron: ‘Me obligaron a abrir el ano’, eso consideré una vejación”.

DESDE LEJOS. Por videoconferencia se oyeron y vieron a 2 exinternos de Candelaria.

Sobre este tipo de apremios, Gregorio Javier Verón, detenido hoy en la Unidad Penal III de Eldorado, relató luego su padecimiento en Candelaria: “De a uno nos iban sacando de la pared y nos decían ‘dale, desnudate y abrí el libro’, yo no sabía que era eso y a los golpes me lo hicieron saber”.
“No sé por qué se agarraron conmigo y con los demás, fueron tan violentos que muchos no quisieron denunciarlos por miedo a los traslados. Todo el tiempo que nos golpearon estuvimos desnudos en el piso y entre dos camas. No había médico ni enfermero en la requisa y los golpes en los demás pabellones también se escuchaban, manotazos sonaban. Hasta el mediodía nos mantuvieron así y cuando volvimos al pabellón nos pusimos a ordenar y recoger todas nuestras pertenencias rotas, hasta las fotos y cartas de las familias habían roto y tirado por el suelo, nada sano dejaron”.

“A la semana siguiente me trasladaron tal como me lo dijeron, que iba a ir a lavar ropa al Chaco, y eso hicieron cuando yo estudiaba y trabajaba en Candelaria”.

Los testimonios de ayer incluyeron declaraciones en directo y por videoconferencias satelitales desde Capital Federal. Luis Alberto Torres (66) albañil y jubilado relató su parte de lo sucedido en octubre de 2007 en Candelaria: “Estaba detenido allí y sentí esa mañana los golpes, no nos dejaban girar para ver porque estábamos contra la pared y la cabeza agachada. Después nos sacaron afuera del pabellón y se seguían escuchando las palmadas fuertes. No recuerdo que nos haya revisado un médico o un enfermero. Durante un años, cinco meses y tres días que estuve preso al menos cuatro requisas pasé, pero ninguna fue tan violenta como esa, nunca maltratados así. Firmé el papel por los que fueron golpeados, escuché lo que pasó, se oían los sopapos desde lejos”.

Salinas Viveros (59), paraguayo residente en el barrio porteño de Barracas también declaró por videoconferencia y en el mismo sentido que el testigo anterior aseguró que la requisa “fue rigurosa, tres o cuatro horas duró. Escuché los golpes, no los vi, pero los oí bien”.

Este testigo, como todos los que declararon durante el debate negó que el delegado Ávila le haya ofrecido algún beneficio en 2007 para perjudicar al Servicio Penitenciario. Y a su vez descartó que los internos se autolesionan con el mismo propósito.

Guantes de látex

Víctor Romero, acusado y quien estaba como jefe de requisa en la Unidad Penal 17 cuando se denunciaron las vejaciones y severidades contra los reclusos, pidió declarar ayer ante el Tribunal y con un estilo particular e inédito dentro de la sala de audiencias de calle Félix de Azara, brindó su coartada parado desplegándose por el recinto y con guantes de látex puestos.

“Los compré hoy para mostrarles como son los que usamos para las requisas: “Nosotros (guardiacárceles) estamos preparados para cuidar la integridad física de los internos y la nuestra (…) Y el lunes 1 de octubre de 2007 hice una requisa general y de rutina, secuestramos pajarito (bebida destilada de frutas en descomposición) y elementos contundentes”. Se dijo inocente de las acusaciones y que “mi carrera tiene un promedio 100 (calificación más alta del SPF) y no pude ascender más”.

Coincidencia curiosa

Para el próximo martes 1 de octubre se fijó la reanudación del debate para cerrar la presentación de pruebas, oírse los alegatos y analizar y firmar una sentencia. Será en el mismo día que se cumplirán doce años de la requisa denunciada.