Una cooperativa busca poner en valor las ruinas

Las Reducciones Jesuíticas de San José, casi ocultas en el monte. La Academia Productora de Artes trabaja para convertir el abandonado enclave histórico en un polo turístico y cultural.

01/07/2019 18:48

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Las Reducciones Jesuíticas de San José, al igual que varias de las emplazadas en Misiones, son presas del deterioro y el abandono. Por ello, la Cooperativa de Trabajo Academia Productora de Artes Limitada, con “fuertes raíces” en la centenaria localidad de la tierra colorada, decidió poner en valor las ruinas de esta localidad.

Para conocer más detalles del trabajo que lleva adelante esta Cooperativa, PRIMERA EDICIÓN dialogó con su presidente, Mario Rivas, quién junto a todo su equipo busca recuperar, resguardar y difundir el patrimonio jesuita de esta ciudad, pese a los años de desamparo y desinterés que sufrieron.

¿Cómo nació esta idea de poner en valor las reducciones de San José?

En 2015 fundamos la Cooperativa de Trabajo Academia Productora de Artes Limitada, todos artistas y con entusiasmo para realizar acciones culturales innovadoras desde el formato cooperativa. Desde allí hicimos varias acciones con las cuales fuimos y seguimos dando forma a nuestro emprendimiento y uno de ellos apunta en forma específica a las Ruinas de San José.

¿Cuál es el objetivo que persiguen?

El objetivo principal de la cooperativa es brindar un servicio cultural, histórico y artístico. Como somos artistas de varios rubros, nos organizamos en varias secciones. Una de ellas es la de Patrimonio, ya que consideramos que lo patrimonial es lo que nos da identidad y, como artistas, debíamos trabajar en ello.

¿Cómo está compuesto el equipo de trabajo?

Desde la cooperativa se determinó que dos socias se aboquen a Patrimonio y las elegidas fueron Paola Ferreyra y Vanesa Pereira. Junto a ellas y con dos socios colaboradores, Anicia Rivas y José Ríos, diagramamos el proyecto “Sitio Histórico de las Reducciones Jesuíticas de San José”. En paralelo, cursé la Maestría y Especialización en Cultura Guaraní Jesuítica. Dicha maestría me brindó conocimientos vitales para afrontar el proyecto.

¿Les gustaría que su trabajo se transforme en una veta turística e histórica, y a la vez vivencial?

El sitio histórico está en un espacio privado y es un verdadero problema resguardar los restos. Allí existe un barrio llamado “Don Bosco”. Entonces, para salvar la situación restos históricos vs sitios privados, redacté un proyecto que consta de una extensión de 30 a 40 años, donde se plantea el trabajo con los mismos propietarios para convertir todo el lugar en un barrio turístico. Presenté dicho proyecto, vía Cooperativa, al Concejo Deliberante local, que lo declaró de Interés Municipal. Gracias a ello podemos trabajar libremente en toda gestión sobre el sitio histórico.

¿Qué otro tipo de accionar relacionado a la puesta en valor de las Ruinas están realizando?

Nos unimos a los emprendimientos “Huerto Jesuítico”, del Instituto Pascual Gentilini, y a “AD Trinacional”. También se entabló relaciones con otros emprendimientos locales, como “Las Siete Maravillas de San José”, proyecto a cargo de Mariana Lobayán. La idea es trabajar en forma mancomunada con todos los agentes e instituciones de la localidad o que, al menos, intervienen en ella. También, luego de obtener el aval del intendente local, presentamos el proyecto a la Dirección de Patrimonio y Museos de la Provincia, quienes vieron con buenos ojos nuestras acciones. Su directora, Zulma Pittau, nos apoyó y presentó nuestro proyecto en la Subsecretaría de Cultura de Misiones, a cargo de Lucía Mikitiuk. Además, destaco el constante asesoramiento histórico de los profesores e investigadores Esteban Snihur y Alfredo Poenitz, como así los relevamientos de las arqueólogas Lorena Salvatelli y Alejandra Schmitz.

Aunque, sin dudas, son mis socios los que están allí a mi lado, bancándose muchas horas de trabajo, aún impagas, para cumplir con este ambicioso proyecto. Para ello, me acompañan en relevamientos, viajes y capacitaciones. Sin ellos, sería imposible seguir adelante con este emprendimiento.

¿Ya diagramaron algún tipo de paseo o visita a las Reducciones?

Sí. Ya diagramamos un trayecto artístico-turístico en el barrio, pero necesitamos realizar varias acciones antes de lanzarlo al público. También ya emitimos el primer “folleto de bolsillo” -de varias hojas a color y en blanco y negro- con la historia jesuítica de San José, en el cual se incluyó documentación inédita y mapas. Esta documentación se recabó de distintos archivos y museos, como el Archivo General de la Nación y otros de la tierra colorada. La idea es revelar aspectos históricos de nuestro pueblo, una historia aún desconocida por la gran mayoría.

¿Cómo nació tu interés para adentrarte en este proyecto?

Mi interés viene desde el arte, cuando estudiaba arte jesuítico en el Profesorado de Dibujo y Pintura del Instituto Montoya. Luego, en la Licenciatura en Artes del Teatro, dictado por la Universidad del Salvador, realicé una investigación sobre teatro jesuítico, con lo cual pude intermediar numerosas acciones con el historiador local Virgilio Chavvanes, ya fallecido. Pero lo que más me empujó a accionar directamente en el rubro e iniciar la Maestría fue un motivador viaje que realicé con mi ahijada María Laura Martínez, también fallecida, a Perú. Allí ví todo lo que se puede hacer con el turismo histórico y cultural. Viajar, sin dudas es aprender, es despertar.

 

Dice la historia…

La Reducción Jesuítica de San José fue fundada en la Región del Tape, Rio Grande do Sul (Brasil), el 13 de junio de 1633. Luego, por una peste, y a posteriori por los constantes ataques de los bandeirantes, en 1637 se instaló en cercanías del río Paraná, en lo que hoy es la provincia de Misiones (entre Posadas y San Ignacio). Tras la Batalla de Mbororé, en 1641, todas las reducciones de la Compañía de Jesús se reorganizaron y la de San José se trasladó en forma definitiva en 1660 al sur de Misiones, en las nacientes de los arroyos San José y Pindapoy. Tras su época de esplendor, con la expulsión de los jesuitas, esta reducción -al igual que todas las de la región- fue testigo muda del abandono, el saqueo y la destrucción.