Relocalizan en Itaembé Guazú a 62 familias de la chacra 247

El IPRODHA les otorgó viviendas sustentables de madera, que pagarán de forma acorde a sus ingresos. Si el tiempo acompaña, hoy concluiría la mudanza.

31/05/2019 18:30

“Vivimos quince años en la chacra 247. Pasamos momentos muy difíciles para todos, en especial cada vez que había alguna lluvia fuerte, porque nos inundábamos, o cuando hacía mucho frío y el viento casi nos congelaba. Hoy tenemos nuestra casa y eso nos deja muy contentos. Es una bendición poder estar acá”, definió este jueves a PRIMERA EDICIÓN María Fernández, integrante de una de las 62 familias relocalizadas durante esta semana por el Instituto de Provincial de Desarrollo Habitacional (IPRODHA) en el complejo Itaembé Guazú.

Bajo una densa niebla, ayer por la mañana continuó la mudanza (que había empezado el martes) de las familias de la chacra 247 a las viviendas sustentables de madera construidas en el predio lindante a Nemesio Parma y Cruz del Sur de la capital provincial. Dichas familias conformaban el asentamiento que estaba ubicado sobre la avenida Vivanco, en la Zona Oeste capitalina, donde los vecinos vivían en situaciones de extrema precariedad y en tierras usurpadas por más de 30 años.

Al respecto, la vecina María Fernández recordó que “vivíamos mal, porque el baño era todo un problema: había líquido de las letrinas que a veces se esparcía por todos lados, el olor era insoportable, muy peligroso para la salud. Eso acá, por ejemplo, no lo tendremos, porque tenemos ya las conexiones de agua, la luz eléctrica, y eso nos llena de alegría. Queremos ver si hacemos un techito para la parte de atrás, para protegernos de la lluvia, y hacer los muros para que los animales no se escapen y no tengamos problemas con los vecinos”.

Entretanto, la Policía mantiene una estricta guardia en el ingreso al barrio, donde se bifurca el camino que desemboca en el Parque Industrial, con el objetivo de resguardar las viviendas que ya están listas ante cualquier intento de usurpación.

“Ansiedad”

Ovidio Fleitas esperaba pacientemente su turno para empezar a descargar el camión que le ayudó a realizar la mudanza, operativo del IPRODHA en el que también participó la Municipalidad de Posadas. “Estamos llegando con lluvia, nos tocó bastante cerca del ingreso. Hay bastante barro, pero ya va a pasar. Además dicen que la lluvia es una bendición”, señaló a PRIMERA EDICIÓN.

Don Fleitas dijo que “esperé doce años para que llegue este día. Hoy ya tenemos nuestro propio espacio para instalarnos y sabemos que lo que podamos hacer será nuestro, no como donde estábamos, que si hacíamos una pared o algo, podían venir y tirarla todo abajo. Estoy contento, hace varios días que no dormimos bien de la ansiedad”.

Planificando

A su turno, Soledad Tornese, una de las referentes de los relocalizados, explicó que “junto a otros vecinos del barrio integramos la Comisión Pro Tierra y de ahí trabajamos arduamente con gestiones hacia afuera y hacia adentro. Para afuera con el Gobierno, buscando aplicar algún programa que nos dé otra calidad de vida; y para adentro, concientizando a cada vecino de la necesidad de un compromiso, de pertenencia, valorización”.

Parada frente a su nueva casa, junto a sus hijas y su marido, Tornese remarcó que “había personas con más de 40 años viviendo en el asentamiento, donde ya era muy complicado seguir. La mayoría estamos conformes y felices, porque esperamos muchos años para obtener esto que hoy conseguimos entre todos”.

También destacó que “logramos que los vecinos incorporen el concepto de que tendremos nuestras viviendas pagando por ellas, en cuotas acordadas a nuestras posibilidades, y así con los años será nuestra, algo que soñábamos pero que parecía difícil lograrlo”.

Más adelante agregó que fue un trabajo conjunto “donde el grupo del IPRODHA tuvo mucho que ver en hacer entender a la gente la posibilidad de cambiar sus vidas viniendo a un barrio con todos los servicios normalizados y a una vivienda digna. Siempre insistí en que no sea un regalo, de ahí la conformidad por la prolijidad con que hicieron todo, desde los censos, el trabajo vecino por vecino, hasta ahora el traslado y los documentos en manos de la vivienda adjudicada”.

Por último anticipó que “los vecinos me plantearon la necesidad de gestionar un merendero y siempre hay nuevos desafíos que uno debe plantearse en la vida”.