Madrid en la piel

Hoy se cumplen tres meses de la ya mítica Libertadores de River en España. Aún de festejos, tres misioneros muestran a EL DEPORTIVO las consecuencias de su pasión. A las promesas, hay que cumplirlas... siempre.

09/03/2019 13:41

Gabriel Piriz, en el medio Eduardo Martínez (el presidente de la filial Posadas), con Emilio Machado y Gabriel Galarza. Los cuatro son parte de la filial y, como el lema de un buen hincha lo indica, siguen a River a todas partes. Eduardo todavía está definiendo qué tatuaje se hará, porque también quiere perpetuar el recuerdo con tinta en su piel.

Cuando se supo que River y Boca se iban a enfrentar en la final de la Copa Libertadores 2018, todas las deidades reconocidas por las iglesias, o aquellas levantadas por la cultura popular, comenzaron a recibir cientos de promesas… miles, millones. La corrida del “Pity” Martínez sentenció que aquellas realizadas por los hinchas millonarios, que resultaron triunfadores, debían cumplirse.

Entonces algunos comenzaron a sacar turno con sus peluqueros, otros acomodaron los días para la caminata prometida y otros comenzaron a contar los pesos para marcar el triunfo soñado, la Copa más deseada, en la piel. Porque no basta con recordar esa fecha inolvidable de la que hoy se cumplen tres meses, hay que marcarlo con tinta en un lugar donde no se pueda borrar. Qué mejor lugar que la piel.

Gabriel Piriz. “Me tomé un día de vacaciones para hacerme el tatuaje y caminé rengo una semana. Fui a trabajar de jogging porque no me podía poner jean. Todos en mi trabajo saben de mi fanatismo por River”.

“Desde el momento en que Gallardo empezó a dirigir a River para mí fue un quiebre en la historia, en mi opinión. Nos hizo entender lo grande que es este club, las eliminaciones a Boca, nos hizo un equipo copero. Desde que agarró él, nos devolvió eso”, dice Gabriel Piriz y eso que siente, lo dibujó en su piel. Desde su muslo derecho, el “Muñe” sonríe con la copa entre sus manos. “Tenía una promesa hecha a mitad de Copa”, explica. En 2015 hizo la misma y tras aquella consagración hubo tatuaje. Entonces ahora también, pero tenía que estar Gallardo.

A los 15 días del triunfo organizó con su tatuador de confianza y se pidió un día de vacaciones en su trabajo. Estuvo alrededor de 13 horas bajo la aguja y todavía falta. “Estuve una semana caminando rengo y fui a trabajar de jogging porque no me podía poner jean. Todos en mi trabajo saben mi fanatismo por River”, dice. Sólo su señora se animó a cuestionar la decisión, porque “el que me conoce medianamente sabe que ni con lo que es tatuajes de River o con viajes me puede decir nada”.

Su máximo ídolo es Enzo, es más, su nene de seis años se llama así. Pero con Gallardo hay algo diferente. “Hoy es el 1. Fijate en cuatro años todo lo que nos hizo ganar”, remarca. Sobre el máximo triunfo recuerda que con el gol de Quintero “entré en shock, no sabía si gritar o llorar”. Se descargó con la corrida final del Pity aunque el “gol” que más gritó en su vida fue el penal que Barovero le atajó a Gigliotti. Se presagiaba el inicio de algo bueno.

Gabriel Galarza. “Mi hija Luciana me retó porque le dije que me lo iba a hacer más chiquito, y cuando lo vio, me dijo ‘si te ven en la calle te van a querer lastimar’, pero no pasa nada, me dicen ‘qué buen tatuaje’”.

Su tocayo, Gabriel Galarza, prometió que si el Muñeco y compañía levantaban la copa se haría un tatuaje, el primero para él. No tenía bien definido qué, la idea era el tradicional león que representa a River, pero no estaba seguro. Hasta que, en medio de la euforia tras el pitazo final, vio el diseño de la copa con inscripciones que apareció en la camiseta del campeón. “Le hice algunas modificaciones”, indica. Cambió la palabra Bogotá por Posadas “que es donde siempre vemos los partidos”, sacó dirigentes y puso filiales “porque gracias a la filial Posadas soy socio de River” y reemplazó Muñeco por “en tu cara”, “una frase simbólica para nosotros”, asegura.

Su cábala fue repetir presencia en la semifinal. En 2015 viajó a Asunción al partido con Guaraní, entonces en Porto Alegre tenía que estar. “Tuve suerte de que era cerca y conseguimos entradas”.

Todo indica que funcionó. Quince días después del triunfo, se tatuó lo prometido. “Sólo mi hija Luciana me retó porque le dije que me iba a hacer más chiquito, y cuando vio que era grande me dijo ‘si te ven en la calle, te van a querer lastimar’, pero no pasa nada, me dicen ‘qué buen tatuaje’”, dice Gaby que es hincha de River desde los 6 años por herencia de su abuelo.

“En mi familia son todos de Boca”. Entre sus ídolos cuenta unos cuantos: Alzamendi, Funes, Montenegro, Ortega, el Enzo. ¿El gol que más gritó? El de Quintero pero, cabeza a cabeza, está el penal atajado por Barovero a Gigliotti en la Sudamericana 2014. “Si tengo que elegir uno de los dos, me quedo con el de Barovero”.

Emilio Machado. “La idea original era tatuarme la entrada del partido, pero como se suspendió por los incidentes, cambié el diseño. Entonces me hice la copa con el Monumental de fondo en la espalda”.

En el caso de Emilio Machado, no es la primera vez que tatuó a River en su piel. El primero se lo hizo después de la consagración en la Copa Sudamericana 2014 que, casualmente, también incluyó triunfo frente a Boca en el camino. En esta oportunidad, ya tenía definido después de la semifinal contra Gremio que si River alzaba la Copa, ese hecho se iba a perpetuar en su piel. La idea original era tatuarme la entrada del partido, pero como se suspendió por los incidentes, cambié el diseño”.

Emilio fue uno de los que estuvo en River en la final que no fue del 24 de noviembre y cuando se definió la nueva sede en Madrid, hubo que rediseñar el tatuaje porque “no había chance de ir”, dice entre risas.

Antes que cábalas y cosas así, para este joven de 29 años era importante estar en la cancha para alentar al equipo del que es hincha desde que tiene memoria, pero cuando pusieron un océano de por medio entre los hinchas millonarios y el partido, había que idear otra cosa.

Tiene marcado a fuego el gol que más grito en su vida: el de Juanfer Quintero a los 5 minutos del segundo tiempo complementario. El gol que puso en marcha el tatuaje. Una vez terminados los festejos y las celebraciones, puso fecha: el 5 de febrero. “Me hice la copa con la cancha de River atrás”, le cuenta a EL DEPORTIVO. Como no podía ser de otra manera, el 09-12-18 también está. Nadie que lo conoce se animó a cuestionar la idea. “Sabían que me lo iba a hacer”, dice Emilio, cuyo máximo ídolo es Cavenaghi.

“Éste fue el triunfo más importante pero también me acuerdo de la final de la Sudamericana 2014, donde los conocí a ellos”, dice en referencia a Gabriel Galarza y a, también, Gabriel Piriz. Tres amigos que se conocieron yendo a ver a River y que llevan el recuerdo de Madrid en la piel.