Misionera recibió segunda condena por trata sexual en sólo cuatro años

Elisabel De Ávila (52) fue sentenciada nuevamente por regentear un prostíbulo en La Cruz, Corrientes. “Nos vas a llenar de plata”, le dijo a una joven captada que radicó la denuncia. Es de Itacaruaré y en 2014 ya había sido sentenciada a cinco años. Ahora recibió otros tres.

31/08/2018 15:23

DOS VECES. López Atrio, a la izquierda, y la misionera De Ávila, a la derecha. La foto es de 2014, cuando recibieron la primera condena (Diario Norte Corrientes).

Un triste récord sumó el último miércoles la misionera Elisabel “Alicia” De Ávila (52), tras firmar un juicio abreviado ante el Tribunal Federal de Corrientes y sumar así su segunda condena por trata de personas con fines de explotación sexual en apenas cuatro años.

Esta vez, la mujer oriunda de Itacaruaré aceptó tres años de prisión, que se sumaron a los cinco que ya había recibido en mayo de 2014 ante ese mismo alto cuerpo, aunque en aquella oportunidad, en debate oral. Purga la condena en la Unidad Penal Federal 7 de Resistencia, en Chaco.

Según pudo saber PRIMERA EDICIÓN, De Ávila firmó la última sentencia junto a quien años atrás fuera su pareja, el porteño Rafael Alejandro “Cano” López Atrio (58). No se trata de una casualidad: en el juicio de 2014, la misionera fue condenada junto a ese mismo hombre y, además, la hija del sujeto.

De Ávila fue condenada ahora por una investigación que se inició en febrero de 2010, cuando una joven de 23 años que había sido captada bajo engaños por ella y López Atrio logró escapar del prostíbulo que ambos regenteaban y, en compañía de su pareja y una amiga, radicó la correspondiente denuncia.

El relato de la víctima es apenas un pantallazo del calvario que viven las jóvenes captadas por este tipo de organizaciones en el país. El testimonio pinta a las claras el aprovechamiento de la vulnerabilidad por parte de los captores.

La joven narró que vivía en Buenos Aires junto a su pareja y sus hijos de 1, 3 y 5 años. Por problemas con su pareja, se separó y su madre la invitó a viajar a Curuzú Cuatiá, en Corrientes, para pasar las vacaciones. La progenitora le aseguró que se encargaría de los pasajes de ida.

La propia víctima relataría luego que fue “vendida” por su madre. Sucede que ya en territorio correntino, la mujer le comentó que le había conseguido un trabajo como moza en una parrilla del kilómetro 485 de la ruta nacional 14, en La Cruz. No había razones para sospechar: el responsable del lugar, López Atrio, era su “tío del corazón”.

Nunca imaginó la joven que todo era una trampa. Llegó al lugar el viernes 5 de febrero de 2010 a bordo de un auto en el que el propio condenado la transportó bajo engaños. Ya en el lugar conoció a la misionera De Ávila y descubrió que algo no cerraba.

López Atrio le dijo que se pusiera a trabajar atendiendo a los clientes (…) Les dijo a los imputados que quería volver con sus hijas, ante lo cual el imputado le dijo que sólo debía interesarle el ‘signo pesos’ y que debía optar entre que la cojan gratis o que le paguen, afirmación ante la cual tuvo que cumplir con el ‘trabajo’, colocándose una almohada en la cara y llorando”, especifica el expediente.

Sobre la participación de De Ávila, la joven contó que, apenas llegó, la mujer le dijo “vos nos vas a llenar de plata”, tras lo cual indicó que la misionera “trataba a todas mal y les decía ‘levanten el culo de allí y vengan a trabajar’”. Otras diez jóvenes estaban en el lugar.

La joven estuvo tres días en el lugar. En ese lapso vivió una verdadera pesadilla. Relató que una vez “entraron dos hombres que le dijeron que se cambie, ella se negó y uno le pegó una cachetada, entre los dos le quitaron la ropa, por lo que se tapó con una sábana”, y agregó también otro dato de gravedad: “en el lugar conversó con una adolescente que creía que tenía 15 años, que le contó que era de la provincia de Misiones y que había sido engañada porque la habían llevado para trabajar como niñera. Ella le contó que una vez, una mujer escapó, pero un camionero la levantó en la ruta y la regresó al prostíbulo. ‘Cano’ le habría disparado con un arma, expresando que eso le iba a pasar a quien se quisiera ir, por eso todas tenían miedo”, reza el expediente.

El desenlace fue posible gracias a que la víctima pudo comunicarse por vía telefónica con una amiga de Buenos Aires, a quien le contó “llorando que a la parrilla que fue a trabajar como mesera era, en realidad, un prostíbulo (…), que le dolía todo y que tenía ganas de morirse”.

Una vez accionada la Justicia, López Atrio y De Ávila fueron detenidos. A la hora de declarar, la misionera negó la acusación por “trata de personas con fines de explotación sexual”. Sin embargo, el último miércoles resolvió confesar junto al porteño y ambos firmaron un juicio abreviado por tres años de cárcel.

A la pareja se le sumó entonces la condena de 2014, cuando fueron sentenciados junto a la hija de López Atrio en una causa similar. En aquella oportunidad, dos jóvenes los denunciaron en 2008 por obligarlas a prostituirse en dos locales nocturnos, “Camila”, en La Cruz, y “Capricho”, en Mercedes. Ahora, tras firmar una nueva condena, se les unificaron las penas y ambos deberán aguardar más tiempo del que imaginaban tras las rejas.