POSADAS. Se definen a sí mismos como “prosumidores” y ya armaron ocho huertas orgánicas urbanas en distintos puntos de la capital provincial, a la vez que plantaron unos veinte árboles frutales en un espacio verde aledaño al balneario de Villa Lanús y decenas más en otros puntos de Posadas. No comparten una religión, ni una ideología política, ni una profesión. Lo único que tienen en común es que quieren comer sano y orgánico, que quieren más árboles frutales en la ciudad y que se animan a plantar y cosechar sus propios alimentos, ya sea en una chacra, en un patio o hasta en un balcón. El grupo de prosumidores de Posadas tiene entre quince y treinta integrantes según la actividad que organizan y en las que unifican y comparten los conocimientos que van construyendo colectivamente. También realizan talleres abiertos a la comunidad para promover lo que ellos mismos experimentan en sus propias vidas, especialmente el consumo “consciente” que como concepto, involucra mucho más que el trabajo en las huertas, y que implica “cultivar derechos”, o en otras palabras, saber la procedencia y la forma de producción de cada alimento que consumen, germinar semillas, intercambiar productos y generar nuevas formas de soberanía alimentaria. “Si no te gusta lo que ves, agarrá una pala y meté la mano en la tierra” es una de las frases que los identifican. Para ellos, hacer lo que hacen es su modo de protestar y de proponer un cambio. Gonzalo Franco (profesor de biología), Hernán Maidana (Contador Público) y Cecilia Ratti (terapeuta cognitiva corporal, instructora de yoga) son miembros de esta comunidad que no tiene jefes y que está integrada por personas de distintos ámbitos y que se dedican a cosas diferentes en sus vidas cotidianas. Cada martes se juntan en la casa de alguno de los miembros del grupo, ya sea para trabajar entre todos una huerta, para intercambiar semillas y plantines, para plantar frutales, hacer el compost o para programar algún taller. Hernán recuerda que antes de conformarse este grupo más o menos permanente, cada uno había incorporado este tipo de hábitos a sus propias vidas, ya que casi todos son vegetarianos y están en la búsqueda de consumir más sano, cuidar la naturaleza, adoptar prácticas de permacultura (reciclado, bioconstrucción) además de haberse iniciado en un camino de espiritualidad que incluye la meditación, el yoga, la biodanza y algunas prácticas ancestrales como el temazcal y demás ceremonias rituales que honran a la naturaleza. Muchos se encontraron en alguna “minga” en un predio de Campo Ramón denominado Proyecto Co-creativo El Naranjo y desde entonces signen en contacto a través del grupo en Posadas. “Las mingas (minka en quechua) son jornadas de trabajo comunitario o colectivo con fines de utilidad social”, explica Hernán. Su significado deriva del conocimiento que tenían los aborígenes de la importancia del trabajo compartido para el bien común, el que al distribuir la carga se hace más rápido y con mayores beneficios para todos. Por eso también en Posadas realizan “mingas” con distintos fines. La de hoy domingo, por ejemplo, se hará en la casa de Cecilia para agrandar la huerta comunitaria con dos nuevos canteros. Lo que más sorprende de ellos no es lo que dicen, sino lo que hacen: se trata de una “comunidad” que pasó del dicho al hecho, y todo lo que promueven, lo trabajan pala en mano.Una nueva forma de vivir“Nuestra meta es hacer una pequeña red autosustentable. Apuntamos hacia el consumo de productos orgánicos libres de químicos y que no sean transgénicos. Dentro de esta red apostamos primero a las huertas porque vimos la necesidad de generar sustento para el grupo. Con las huertas producimos para las familias y lo restante lo elaboramos y vendemos, o lo intercambiamos con gente del grupo” explica Cecilia. El grupo no podrá pasar de treinta miembros, agrega Gonzalo, y no es un dato menor. Es que todas las comunidades autosustentables del mundo lograron determinar, vía prueba y error, que con más de treinta familias es casi imposible el autosustento, por eso es que pasada esa cantidad de miembros, lo ideal es que se comience a conformar otro grupo. Gonzalo aclara que no saben si son el primer grupo comunitario en Posadas “porque hay otra gente con los mismos intereses y convicciones que también se están reuniendo”. La gran preocupación de todos es no aparecer como cultores de una “moda” a partir de la masificación de este tipo de prácticas: “No somos los únicos. Otros grupos están generando bancos de semillas, por ejemplo. Tampoco somos los primeros en plantar frutales. No queremos caer en ese tipo de etiquetas ni que nos cataloguen en los movimientos new age (nueva era) que sostienen un discurso casi mercantilista sobre el vegetarianismo, el reciclado, el consumo responsable. Lo nuestro no es una moda ni es una receta hecha, no es agarrar la botella de plástico y mirar en youtube como se hace la plantera. Lo nuestro es la búsqueda de un nuevo tipo de comunidad, de una nueva forma de convivir”. Mandan frutaEste grupo comenzó a tomar forma en Posadas a partir de la iniciativa denominada “mandá fruta” por la que Hernán Maidana proponía, en principio, plantar árboles frutales en distintos puntos de la ciudad con la intención de “que se genere alimento público, al alcance de todos”. Con esta movida plantaron y siguen plantando frutales en la costanera, en la playa de Villa Lanús y en otros puntos. “Donde se pierde la tierra plantamos árboles con raíces que van a sostener el suelo, como parte de la aplicación de lo que vamos aprendiendo con la práctica”, cuentan. Tras el incentivo de la siembra de frutales surgió lo de las huertas, y también la visita a las chacras orgánicas o que van en camino a serlo. “Hay personas que tienen chacra y colaboramos con ellos para trasladar la chacra a la ciudad” define Cecilia. Algunos miembros del grupo están muy empapados con la agroecología y estudian la carrera en la “Multiversidad popular” del ecologista Raúl Aramendy. Ellos son los que aportan al grupo el conocimiento técnico para realizar el compost, los lombricompuestos, para saber qué plantar, cómo, dónde, y hasta qué plantas aromáticas usar entre las verduras y hortalizas para evitar la presencia de hormigas sin usar veneno. Pero la mayoría “vamos aprendiendo sobre la marcha”, refieren. La huerta de Cecilia, por ejemplo, se ubica en el patio de una casa del Iprodha y tiene una producción constante y variada de verduras de hoja, rabanitos, zanahorias, chauchas, tomate
s, morrones, habas, además de una interesante variedad de plantas medicinales como el boldo y la menta. La huerta de Gonzalo está ubicada en un pequeño espacio verde del barrio Cristo Rey, alrededor de un árbol de lapacho y desafiando el cemento de los bloques de departamento. Recién está en etapa de siembra y trasplante de mudas. Hernán se dedica más a producir los plantines de los frutales, y en su pequeño patio de una casa céntrica tiene decenas y decenas de plantines de maracuyá, graviola, palta, níspero y diferentes citrus. Una respuesta a lo que no anda“Vemos que las personas que ahora tienen 20, 25 años, están muy conscientes sobre lo que no está bien en nuestra sociedad. Están viendo el efecto de la destrucción de la naturaleza, del uso de los agrotóxicos, de la industrialización, la afectación de los ríos, entonces también buscan una manera de responder a este sistema que para muchos, cada vez más, está enfermo” reflexiona Cecilia para explicar el proceso interno que viven muchos, especialmente los jóvenes. Gonzalo agrega que “el sistema no da respuestas reales a los problemas de la gente y alguna alternativa tenemos que tener. Hay gente que luchó toda la vida por estos temas y que en su momento fue encasillada o tildada, y que ahora nos aporta su experiencia. Hay productores en las chacras que están apostando cada vez más a lo orgánico y a plantar sus propias semillas porque las que hay en el mercado son transgénicas… y esto lo vimos hace muy poco en la feria consciente que organizó el Espacio La Palma en el centro de Posadas donde encontramos producción de reciclado, encuadernación, medicina natural, diseño, artesanía, arte en todas sus expresiones, búsqueda espiritual, movimientos autogestivos e independientes”. Sobre el porqué del florecimiento de este tipo de movimientos y organizaciones en nuestra provincia, los tres coinciden: “En Misiones estamos en una transición entre el modelo extractivo, agroexportador, de monocultivo, hacia la autosustentación, el producir nuestros propios alimentos y volver al sistema social de la comunidad. No en vano la gente viene a Misiones y se engancha tanto con la naturaleza, con el monte: estamos en un lugar privilegiado porque todavía tenemos una oportunidad cuando muchos otros lugares del mundo ya no la tienen”.Finalmente explican que “los productores de Misiones están padeciendo una soledad tremenda, un abandono tremendo, una tremenda falta de servicios básicos. Hay muchas necesidades en las chacras y todos hablan de frenar el éxodo rural, pero nosotros entendemos que algo podemos aportar con los hechos. Si revalorizamos lo que el productor planta y cosecha orgánicamente, si visibilizamos lo que le pasa y lo que padece, vamos a ayudar también a que quiera seguir en su ámbito y que sus hijos tengan ganas de quedarse en la chacra”.





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