SAN IGNACIO. El rechinar de un serrucho que trabaja arduamente, el crispar de la leña que el fuego va consumiendo, un constante tic tac de una gotera que aún no se parcha en el dormitorio. Un mate que espera sobre el banco de trabajo, más allá unos cigarrillos junto a los fósforos, todo hace sentir que Horacio Quiroga aún está allí, ocupado en sus tareas diarias, aquellas que lo movilizaban cuando habitó esa primera vivienda de madera, junto a su primera esposa y dos hijos, y que hace algunos años una productora replicó en el mismo espacio para filmar un documental.Es que los trabajos continúan en este espacio que alguna vez supo llenar el escritor uruguayo, es en este contexto que a partir de la próxima semana se ambientará la segunda construcción, en la que vivió con su segunda mujer, a partir de 1932.Asimismo, los obreros se ocupan también del que será el nuevo ingreso al predio, para el que se levanta una edificación vidriada, que permite apreciar la magnífica vista que regala el río Paraná y dar lugar al parquizado, donde se ubicaron postas, que relatan algunos momentos de la vida del dueño de “Cuentos de la Selva”, como cuando se reunía con sus amigos en el bar o su paso por Chaco.El recorrido no termina aquí, puesto que este espacio permitirá oír algunos de los cuentos del escritor en un entorno muy semejante al que le sirvió de inspiración al momento de escribirlos.Así, un corredizo en el tacuaral permite llegar a “estaciones”, donde esculturas muy bien logradas, en metal, reproducen una escena del relato. Y para quienes dispongan de tiempo, bancos parlantes permiten sentarse cómodamente para leer el texto o bien escucharlo. Son varios minutos, que bien valen la pena dedicar, por la calidad del audio y las sensaciones que se perciben.Si bien aún restan tareas por llevar a cabo, los visitantes son bien recibidos por los guías, prestos a enseñar el paso de Horacio Quiroga por estas tierras. Último tiempo en MisionesAnimales disecados, cueros de víboras, su máquina de escribir, seguramente serán parte de la ambientación de la vivienda que el escritor ocupó junto a su segunda esposa, María Elena Bravo, compañera de escuela de su hija Eglé, que sucumbió a sus reclamos y se casó con él en poco tiempo, sin haber cumplido veinte años. Es que los celos dominaban a Quiroga y pensó que en medio de la selva podría vivir tranquilo.Sin embargo a la mujer de Quiroga no le gustaba la vida en el monte y las peleas y violentas discusiones se volvieron diarias y permanentes.En esta época de frustración y dolor salió a la venta una colección de cuentos ya publicados titulada “Más allá” (1935). A partir de su interés en las obras de Munthe e Ibsen, Quiroga se decantó por nuevos autores y estilos, y comenzó a planear su autobiografía.





Discussion about this post