APÓSTOLES. Reza un añejo proverbio popular: “Quien no padece culpas, duerme con la conciencia en paz”. Todo lo contrario, probablemente, ocurrió con un hombre de 49 años que permanecía detenido en la comisaría Segunda de Apóstoles, desde el 13 de marzo pasado, acusado de violar y embarazar a sus dos hijas.Ayer, hacia las 7, cuando se efectuaba el recambio de guardia en esa dependencia policial, el cuerpo de este hombre fue hallado pendiendo de una soga, en el baño de una de las celdas.De inmediato se dio intervención al Juzgado de Instrucción 4 de Apóstoles, a cargo del magistrado Miguel Ángel Faría, quien dispuso que el cuerpo fuera trasladado a la morgue judicial de Posadas, para la realización de la correspondiente autopsia.En paralelo, el magistrado instruyó a la Policía Científica y al personal de la Dirección Delitos Complejos para investigar los pormenores del lamentable episodio, consignaron.También intervino el departamento Asuntos Internos, que abrió un sumario administrativo para determinar si al personal, que esa noche estuvo de guardia, le cabe algún tipo de responsabilidad.El hombre, cuya identidad se mantiene en reserva para no inducir a las de sus hijas menores de edad, estaba allí privado de su libertad desde el 13 de marzo pasado.Poco antes, su mujer lo había denunciado por abusar sexualmente de sus dos hijas. Ambas quedaron embarazadas.Una historia de terrorSegún la investigación judicial, el hombre violó a su primogénita cuando esta tenía trece años y la embarazó. Producto de ese accionar depravado, nació una nena que hoy tiene dos años y medio.Pero aquella historia nefasta no trascendió. Hizo falta que violara y también embarazara a otra hija, de sólo doce años.La niña contó todo a su madre. La mujer, espantada, habló con su hija mayor, aquella primera en quedar encinta, ahora de 16 años, y la respuesta la dejó al borde del colapso.“Florencia es hija de papá”, habría sido la respuesta tajante de la adolescente.Corría el 13 de marzo pasado cuando la Policía de Apóstoles, por disposición del juez Faría, procedió a la detención del sospechoso.La nefasta historia ocurrió en el poblado de Tres Capones y no terminó ayer con el aparente suicidio del sospechoso -todo hace suponer que así fue-. El hombre se fue pero dejó secuelas en sus hijas, dos criaturas de 16 y 12 años, que probablemente deban aprender a vivir con ellas por el resto de sus vidas.La menor aún gesta una vida en su vientre. Ojalá el Estado pueda acompañarla en este proceso tan lamentable y penoso para ella. Crudos testimoniosPRIMERA EDICIÓN investigaba hacía días la historia de abusos y amenazas al parecer protagonizada por este hombre cuando, vía correo electrónico, llegó la confirmación de su presunto suicidio en la comisaría seccional Segunda de Apóstoles.Fuentes consultadas indicaron que su situación procesal era más que complicada. Es más, el juez Miguel Ángel Faría se aprestaba a dictarle el auto de prisión preventiva en base al cúmulo de elementos probatorios en su contra.La mayor de las víctimas, que actualmente tiene 16 años, pero cuyo calvario comenzó casi tres años antes, contó los pormenores de lo que sucedía en declaración testimonial, acompañada por su madre.La hermana, de doce, dio su versión a través de la Cámara Gesell, indicaron las fuentes requeridas por este diario.Ambas contaron los pormenores de una historia tristísima, en que ambas se encontraban libradas a su suerte, desamparadas.Entre otras cuestiones, narraron que el padre no las dejaba tener amigos. Incluso, a la mayor le advirtió que dijera que el padre de la nena era un joven con el que habría estado una sola vez, a escondidas.Además, ambas eran amenazadas de muerte, a golpes y a punta de machete, cuando el hombre se encontraba en completo estado de ebriedad.Al parecer, les decía que si contaban lo que ocurría, iban a pagar con sus vidas.Pero la más pequeña eligió torcer el rumbo del destino. Ayer, quizás atrapado y sin salida por el peso de la culpa, el acusado decidió poner fin a su vida. Probablemente consideró innecesario llegar a juicio para una sentencia, porque en lo profundo él ya la conocía.





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