BERLÍN, Alemania (AFP-NA-Medios Digitales). La Fiscalía de Düsseldorf informó de que el copiloto que presuntamente estrelló deliberadamente el avión de Germanwings tenía un certificado médico de baja por enfermedad, que había roto y ocultado a la empresa, así como otros documentos que demuestran que estaba en tratamiento.Los pedazos de papel fueron recuperados de una papelera, según trascendió de la investigación por homicidio que lleva a cabo la Fiscalía de Düsseldorf.Entre sus documentos aparecieron recetas y pruebas que componen un amplio historial de depresión debido a una “crisis existencial” y demuestran que estaba en tratamiento hasta el mismo día que estrelló el avión. Fuentes de la Fiscalía negaron, en cambio, que en los registros realizados en su domicilio se hubiera encontrado una carta de despedida.Ayer se conocía además a través de los medios alemanes que al parecer Lubitz hacía algunas semanas que había roto con su novia, con la que estaba en pareja desde hace siete años.La clínica alemana que lo trató confirmó tal hecho, si bien desmintió que fuera por depresión y que Lubitz llegara a estar internado.La aerolínea Lufthansa, propietaria de Germanwings, explicó el jueves que “el piloto había pasado todas sus pruebas y todos sus exámenes médicos”. “Él estaba al cien por cien en condiciones para volar sin restricciones”, afirmó Carsten Spohr, jefe de la compañía.Indicio claveLa policía alemana halló después de registrar la casa de sus padres y su apartamento en Düsseldorf y Montabaur una “pista clave” que serviría para explicar la tragedia, según revelaba un portavoz de la policía. Sin embargo, aunque no han querido revelar ningún detalle de la pista encontrada, sí han explicado que no se trata de una nota de suicidio y que tampoco hay “indicios de un trasfondo político o religioso”.Según el diario ‘Bild’, esta pista sería el dossier médico de Lubitz, donde queda de manifiesto que sufría depresión y estaba medicado. La policía registró durante más de cuatro horas un apartamento propiedad de Lubitz valorado en más de medio millón de euros y la casa de sus padres. Los investigadores creen que Andreas Lubitz vivía entre las dos viviendas.‘Hemos encontrado algo que ahora mismo se está analizando. No podemos decir lo que es en este momento pero puedo decir que es un indicio muy significativo para explicar lo que ha sucedido. Esperamos que pueda despejar algunas incógnitas”, afirmaba un portavoz de la policía tras finalizar el registro en el que las autoridades se incautaron del ordenador personal, el portátil y otros archivos de Lubitz.Lugar de peregrinajeLe Vernet está llamado a convertirse en el lugar de peregrinaje de quienes quieran rendir tributo a las víctimas del vuelo GWI9525. “En mayo, habilitaremos la zona para que se pueda llegar al lugar del accidente”, explicó este viernes Joelle Balique, vecina de Le Vernet y esposa del alcalde. “El monolito se quedará aquí para siempre, para que lo visiten cada vez que lo deseen”, explicó su marido François. Ayer por la tarde estaba previsto que llegasen al lugar una decena de familias colombianas y japonesas también para despedirse, según indicó el alcalde. En la ciudad permanecía un amplio equipo de psicólogos, médicos y técnicos de la Cruz Roja para apoyarles.Algunos de los familiares regresaron con la frustración de no haber visto el lugar exacto del impacto. Tuvieron que conformase con divisar la montaña, a lo lejos. Pero el terreno es muy escarpado, casi impracticable. “Era una de las cosas que nos pidieron, pero cuando les explicabas que era imposible, lo entendían y lo aceptaban”, explicó Jordi Sánchez, coordinador del equipo de los Servicios de Emergencias Sociales del Ayuntamiento de Barcelona. “Lo más duro será lo mucho que se pueden alargar en el tiempo las tareas de identificación”, añadió Carlos Urkía, médico del Departamento de Salud y Socorro de los Servicios Centrales de Madrid, que apuntó que estaban preparados para recibir a más personas de las que finalmente viajaron a los Alpes.Este viernes fue el cuarto día de las labores de rescate en el macizo. A primera hora, pasadas las ocho, con sol y con algo de viento, volvieron a elevarse los helicópteros para tratar de recuperar los cuerpos y los restos del avión, que van extrayendo de la montaña. Se trata de una tarea muy lenta y laboriosa. Los despojos están repartidos en un área de más de cuatro hectáreas, con un desnivel de más de 200 metros, que los especialistas han fotografiado palmo a palmo. Las muestras que se recuperan son trasladadas primero a un lugar intermedio de la montaña y después, en furgonetas, viajan hasta el centro de identificación montado en Seyne. Los gendarmes han cortado todas las carreteras de acceso al macizo, que vigilan día y noche para evitar que el área del accidente puedan ser contaminada. Pero también para proteger los restos de cualquier otro elemento externo, como pueden ser los lobos, que abundan en la zona. Sufría burlas de sus pares A medida que pasan las horas, son más los indicios que surgen contra Lubitz y su delicado estado mental, situación que pasó desapercibida en los controles de la aerolínea alemana perteneciente al grupo Lufthansa.Otra revelación se suma a ese cóctel explosivo: Lubitz, quien tenía dos moradas donde dormir -una con sus padres en Montabaur y otra propia en Düsseldorf, por cuestiones laborales- habría sufrido la burla y el acoso de sus compañeros de aerolínea, según reportó el diario británico DailyMail. “Andy Tomate” era el apodo con que algunos pares llamaban al joven de 28 años, haciendo referencia a su pasado en esa misma compañía como auxiliar de abordo. “Él tenía muchas ambiciones, pero era considerado de segunda liga porque había sido auxiliar en la cabina de pasajeros”, contó un amigo al diario alemán Bild.Al parecer, Lubitz no era del todo feliz en su trabajo, según se desprende de esos medios europeos. Él pretendía realizar vuelos de larga distancia. “Su sueño era volar a San Francisco”, contó un allegado del copiloto. Sin embargo, por su corta experiencia, sólo le permitían -después de su interrumpido entrenamiento- h
acer rutas en Europa. Recuperan partes porque “no hay cuerpos enteros” La Gendarmería francesa, a cargo de la recuperación de los cadáveres del avión de Germanwings/Lufthansa estrellado por su copiloto, hasta ahora ha recolectado de la ladera de la montaña “entre 400 y 600 partes” de los 150 pasajeros y tripulantes fallecidos.En declaraciones desde la localidad francesa de Seyne-les-Alpes, el comisario Patrick Touron aclaró que sus hombres no han encontrado “ningún cuerpo intacto”.La identificación de los cadáveres dependerá de las pruebas de ADN tomadas de objetos personales entregado por los familiares de las víctimas, como cepillos de dientes.Touron ha dicho que también serán de ayuda las joyas y demás objetos personales que pudieran portar los cadáveres y que puedan ser reconocidos por sus familiares.





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