GARUPÁ. Cansadas de la lucha, la espera y las falsas promesas, las familias de Vecinos Unidos que fueron trasladadas al barrio Los Potrillos en busca de una mejor calidad de vida, se resisten a bajar los brazos, y seguirán peleando por sus derechos porque, aseguran, “no podemos vivir así, tampoco podemos seguir esperando”. Es que hace diez días habitan unas viviendas a medio terminar, que les fueron cedidas por el Iprodha tras tres meses de espera. Las casas carecen de pisos y de sanitarios, por lo que la mayoría debe hacer sus necesidades en una precaria edificación que utilizaban para el fin los obreros afectados a la obra.“Acá sigue todo igual”, dijo un vecino, que prefirió mantener en reserva su identidad. “Supe que unos vecinos fueron a descargar materiales que un camión dejó en la Delegación de Miguel Lanús, pero no sé de qué se trata. No sé si son caños, piedra o cemento”, agregó.Indicó que “no podemos hacer el piso. Estamos tratando de agrandar las casas porque son muy chiquitas, pero no tenemos los medios”.Contó que las demás familias que debían “desembarcar” en la zona suspendieron el traslado hasta tanto “se mejore un poco el tema del piso y los sanitarios. Por ahora no vino más gente, están resignando las casas hasta tanto se consiga algo. No quieren venir a sufrir lo que sufrimos nosotros”. “¿Y qué vamos a hacer?”, preguntó el vecino, al tiempo que añadió que “algunas familias ya estamos resignadas. Hay que luchar y empezar de nuevo. Estamos cansados de tantas mentiras que nos hicieron. La Municipalidad está tratando de ayudarnos pero el Iprodha sigue con lo mismo. No hay noticias”.“Nadie se preocupa”Miriam, madre de cuatro chicos, confió que “seguimos sin piso, sin baño, y nadie se preocupa. Dijeron que “Argentina trabaja” se iba a encargar de hacer eso pero hasta ahora no hay ningún movimiento. Lo único que hicieron es estirarnos el cable de la luz para que pudiéramos conectarnos”. Recordó que “a nosotros nos dijeron que las casas no tenían piso tres días antes de traernos. Y se comprometieron a construirnos el baño, cosa que nunca cumplieron”. De todos modos, llegaron esperanzados, como toda familia que se dispone a disfrutar de una vida mejor pero como en el barrio anterior también aquí el barro era el común denominador. “Nos encontramos con una casilla muy precaria de cinco por cinco sin división de habitaciones. Algunos armaron su baño a su manera mientras que otros utilizamos el baño precario que habían armado los obreros de la construcción”, comentó la mujer.A los chicos “los llevamos a la escuela porque ya no pueden perder más días, ya perdieron demasiado. Sólo se consiguió en el turno tarde. Es una lucha pero nos arreglamos como podemos. Nadie se acercó, nadie hizo nada. Hasta el momento seguimos igual que el primer día”, manifestó.Pero, a su entender, “lo peor de todo es que “Titina” Delpiano se había comprometido a conseguir lugar para todos los chicos y resulta que ahora no conseguimos lugar para los pequeños de las salitas de cuatro y de cinco. Algo tendrían que hacer porque no puede ser que los nenes queden sin estudiar porque, además, ahora es obligación. La escuela nos quedó a quince cuadras cuando la más cercana está cruzando la ruta 12, pero ellos no nos consiguieron lugar”.Confió que “nos vamos a juntar y veremos que haremos porque no podemos seguir viviendo así, tampoco seguir esperando”.





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