Sunstar Cinemas y PRIMERA EDICIÓN presentan esta semana “Kingsman: El Servicio Secreto”. Después del avasallante éxito del confiado Bond interpretado por Sean Connery, o aquel encarnado por Roger Moore, un tanto caricaturesco, las películas de espías y agentes secretos en general han tomado un camino mucho más serio y oscuro, y en la mente de la mayoría del público, una historia al estilo del personaje de Moore, no serviría en la época actual, pero “Kingsman…” viene a demostrar lo contrario.Todo aquello que durante años ha sido criticado de ridículo e imposible, aquí funciona de una manera increíblemente divertida… Impresionantes persecuciones, espías que no se despeinan ni arrugan su traje al pelear con hordas de criminales, pero eso sí, llegan a morir y de las peores maneras; un villano con un desfasado sentido de la moda, un bizarro secuaz con implantes metálicos que hacen las veces de armas y aparatos tecnológicos fuera de toda lógica, todo perfectamente ajustado en una película que se siente totalmente actual.Kingsman es un film espectacular, diseñado para distinguirse en el mundo de las películas de espionaje ya que a pesar de cubrirse con un manto de una brillante elegancia, es escandalosa y llamativa, de esas de las que es imposible olvidar. Quienes quieran disfrutar de esta película, el viernes 27 a partir de las 19.50, pueden canjear el cupón de esta página en las oficinas del diario en Córdoba 1738. Diseñada para distinguirseKingsman, dirigido por Matthew Vaughn, es un film basado en un comic de Mark Millar, de quien ya se hicieron las adaptaciones de “Wanted” y “Kick-ass”, la cinta cuenta la historia de Eggsy (Taron Egerton), problemático chico inglés, quien es reclutado por una antigua organización privada de espías. En esta organización, Colin Firth personifica al cuasi invencible agente que no se despeina. La elección del inglés para este papel puede parecer una rara, pero la elegancia que lo distingue funciona a la perfección, logrando una simbiosis con su contraparte maligna en la figura de Samuel L. Jackson, cuyo personaje es desgarbado, exagerado y poco propio. En definitiva, este film se caracteriza por la pericia del director de conseguir el pequeño milagro a la hora de establecer un tono perfecto en todo momento.





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