POSADAS. Con la presentación de un extenso y detallado informe entregado por médicos forenses, continuó ayer el debate oral y público por el crimen de Gerardo Vergara (23). En la oportunidad, las pericias reflejaron luces y sombras en torno al hecho, aunque una cosa quedó clara: el joven fue asesinado de forma salvaje.Una vez más ocuparon el banquillo de los acusados del Tribunal Penal 2 de Posadas Ramón Villalba (49) y su hijo, Aníbal Villalba (22), imputados por “homicidio calificado por la saña”, tras el hecho perpetrado el 23 de noviembre de 2012 en Concepción de la Sierra.La segunda jornada estuvo marcada por la presentación de las pericias técnicas, que reflejaron en detalle cómo la víctima recibió las heridas que en pocos segundos le provocaron la muerte.En primer turno hizo su presentación el doctor José Carlos Alegrini, quien fue uno de los primeros que examinó el cuerpo de Vergara (in situ) y determinó la gravedad de las heridas que afectaron órganos vitales y le provocaron la muerte a causa de un shock hipovolémico.Posteriormente, Sebastián Wolhein expuso un extenso informe de la autopsia, donde detalló punto por punto cada una de las 16 heridas punzo cortantes que tenía el cuerpo, sobre todo en tórax, cuello, brazo izquierdo y espalda.Las fotografías presentadas por Wolhein plasmaron la ferocidad del ataque: la víctima recibió cuatro cuchillazos en el corazón y al menos dos estocadas que le perforaron los pulmones. A ese brutal ensañamiento se agregó un profundo corte en la parte izquierda del rostro que le afectó la glándula carótida y la región cervical, lesión que por sí sola puede provocar la muerte casi instantánea de una persona.El médico explicó que Vergara recibió todas las agresiones aún vivo y en un breve lapso de tiempo, además de que intentó defenderse. El forense opinó que pudieron haberse utilizado dos armas para cometer el hecho, cuestión que parece complicar a los Villalba.A través de los datos obtenidos, se llegó a la sospecha de que las lesiones cervicales, en la mejilla izquierda y en el brazo pudieron haber sido causadas por un arma blanca larga, similar al machete que se encontró en casa de los acusados. Luego declararon los bioquímicos Carlos González y Cecilia Palsewich, quienes fueron los encargados de determinar el grado de alcohol en sangre que tenía Vergara la noche en que lo asesinaron. Los análisis dieron distintos resultados, producto de la utilización de diferentes técnicas de extracción, advirtieron los profesionales. El Tribunal solicitó entonces la explicación para clarificar la documentación que figura en el expediente. Otra de las declaraciones destacadas fue la del oficial principal Bogado, quien recordó el allanamiento en el que se detuvo a los imputados. Dijo que a los policías les llamó la atención el alto contenido de humedad que presentaban las armas incautadas, al igual que una bermuda colgada en el interior de la vivienda, signo de que esos elementos pudieron haber sido lavados para ocultar pruebas.Quizás eso fue lo que no permitió a los peritos encontrar sangre en las armas. Al menos así lo explicó la perito Gladys Ayala, quien de todas maneras confirmó una arista “de peso” en la causa: en un brazo y en la espalda de Aníbal Villalba se encontró material genético de Vergara, nada más y nada menos. Fue el cierre de las testimoniales de ayer, más allá de la declaración de otros testigos que aportaron poco y nada a la causa.Alrededor de las 14 (la audiencia comenzó a las 9), el presidente del alto órgano judicial, Roque González, ordenó un cuarto intermedio hasta hoy a las 8, cuando se reanuden las declaraciones.Los Villalba responden por el crimen de Vergara, quien murió después de recibir 15 puñaladas en el barrio Pozo Público de Concepción de la Sierra, el 23 de noviembre de 2012, producto de una gresca de vieja data entre las partes.





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