POSADAS. Los tensos sucesos que recientemente tuvieron como protagonistas a un grupo de vecinos de Itaembé Miní y a los pobladores sin techo que pugnan por la tierra no son aislados. De hecho, el conflicto es histórico y se inicia desde que éstos se fueron situando en la periferia de ese complejo habitacional, hace más de veinte años, y “si el Estado sigue sin implementar elementos sociales a los instrumentos de su política de viviendas”, la segregación seguirá agravándose, según la mirada de distintos especialistas consultados por PRIMERA EDICIÓN para entender el “mapa urbano” de los “sin tierra” en Posadas, donde el caso Itaembé Miní puede ser puesto en perspectiva como “muestra testigo” de un viejo problema por la ocupación irregular. “Con tantos casos de relocalizados de los cuales hemos sido testigos por años, ya deberíamos haber aprendido un poco más sobre cómo aplicar una mejor política para el acceso a la vivienda digna. Lo decimos permanentemente: si bien Misiones tiene una importante política habitacional, evidentemente no es suficiente. El relevamiento que realizamos en 2013 indica que en el Departamento Capital hay 72 asentamientos informales. Éste es un problema prioritario y se hace necesario un trabajo activo para resolverlo”, reflexionó la directora general de Techo en Misiones, Soledad Balán, al frente de un interesante proyecto de construcción de viviendas de emergencia en locaciones de la periferia. Desde el momento de su creación (1994), Itaembé Mini se convirtió en un espacio territorial muy particular, “atravesado por una serie de problemas y conflictos que emergieron debido a la ausencia de componentes sociales y urbanos en el diseño de las políticas habitacionales implementadas”, tal la perspectiva del antropólogo Walter Brites, docente de la Facultad de Humanidades de la Unam, quien recientemente concluyó una etapa investigativa sobre “Políticas habitacionales sin componentes sociales: el caso del complejo Itaembé Miní” (Cuaderno Urbano. Espacio, Cultura, Sociedad, octubre de 2008).Se desprende del análisis de Brites que con el paso de los años se agudizaron muchos de los conflictos en el barrio, especialmente de vivienda, los cuales derivaron, por ejemplo, en la “creación” irregular de distintos asentamientos cuyos pobladores, mayormente segregados y de origen pobre, llegaron a la zona por diferentes modos, se posicionaron y ocuparon grandes porcentajes del territorio en sus alrededores y que en la actualidad se conocen como los barrios Belén, Aeroclub, Faraón, Prosol, Nuevo Amanecer y otros, en torno a los cuales crece la sensación de inseguridad y la mirada de temor y de desconfianza. La mirada antropológica de la pobreza no obstante es abarcativa y obviamente está despojada del sesgo discriminatorio (no todos los pobres son delincuentes ni todos los más “aventajados” son honestos), ya que pone en perspectiva la falta de oportunidades de las personas que nacieron en las villas y que, como tales, es probable que sean “víctimas” de algo que evidentemente está fallando, porque son el resultado de la implementación de programas habitacionales del que estan apartados.“Nosotros, por haber nacido en una villa, no tuvimos la oportunidad de comprar un terreno o de acceder a un plan de vivienda del Estado, pero somos honestos, trabajadores y queremos negociar la compra de un lote a valor accesible a nuestro bolsillo”, había dicho a este diario Amalia, una joven madre de dos niños que el sábado último fue una de las mujeres que protagonizó la ocupación de un predio al final de la avenida 178.Se refería a los barrios Mercado, Nosiglia e Idrelco, cuya situación desbordada desató un foco del conflicto latente por el territorio que finalizó el miércoles con la orden de desalojo que despachó el Juzgado de Instrucción 3 de Posadas. Escenario de conflicto y diálogoEvidentemente, la ubicación periférica del entonces nuevo barrio Itaembé Miní, alrededor del cual existían campos privados y fiscales ocupados sistemáticamente en estas décadas, fue gestando un escenario de conflicto pero también de diálogo para el tratamiento y resolución de los problemas. En ese último sentido se anunció, junto con la creación del “Banco de Tierras”, que la Provincia apunta a dar una solución para las familias residentes en asentamientos informales del municipio capitalino, entre quienes estarán incluidos los habitantes del barrio Belén (2.035 habitantes según el censo de 2014). “Tenemos entendido que el 30% de ese Banco de Tierras (alrededor de 500 hectáreas) será dispuesto por el Municipio para beneficiar a las familias dentro de los 72 asentamientos informales que están diseminados por la ciudad. Tendrán respuesta a su reclamo de inclusión mediante el acceso a una vivienda propia por la cual pagarán una cuota mínima”, aseguró a este diario el delegado municipal de la zona, Carlos Oviedo. “Con los demás asentamientos irregulares (Prosol I y II y barrio Aeroclub) tengo entendido que la Municipalidad les va a resolver el problema de la titularidad de las tierras donde construyeron sus viviendas, con lo cual no serán relocalizados. Las familias del barrio Belén se situaron en terrenos privados, que vienen siendo reclamados por sus dueños hace años, por lo tanto serán reubicadas para devolver lo que por derecho le corresponde a sus titulares”, se explayó Oviedo. De su parte, al directora de Techo insistió: “No estamos completamente de acuerdo con la manera de relocalizar a las familias, porque si bien les proveen una mejora habitacional y se le otorga a la familia beneficiaria el derecho a una vivienda digna, en muchos casos se les ha quitado el ‘derecho a la ciudad’”.Según indicó Balán, “permanentemente somos testigos de la reubicación en un barrio sumamente alejado, sin transporte, lejos de las escuelas y los centros de salud y muchas veces también los dejan sin su fuente laboral y quedan imposibilitados de pagar la cuota de la vivienda. Lo que veo es que no hay es una medida de prevención y eso es lo que hay que cambiar para que no sigan ocurriendo nuevos casos de ocupaciones como las que hemos sido testigos recientemente”.La voluntaria de la ONG trajo a colación el ejemplo del núcleo de viviendas “Vecinos Unidos”, en el barrio Néstor Kirchner, que es un “barrio sumamente alejado, con poco acceso al transporte público y donde en general no se cuenta con salitas de salud cercanas. Esas cuestiones no se contemplan y son
las que van marginando a los vecinos”.En sintonía, el arquitecto Jaime Erazo Espinosa, gerente del programa Pro-suelo del Banco del Estado de Ecuador e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), quien disertó en Posadas en el marco del primer Simposio de Estudios sobre Ciudad y Territorio, había explicado a este diario durante una entrevista en exclusiva, previa a su ponencia, que “con el ascenso del nivel del río Paraná (a causa de la represa de Yacyretá) hubo grandes cambios en la ciudad y algunos los sufrieron más que otros. Así como hay un centro ‘revalorizado’ y limpio, hay una periferia, una gran segregación de ciudadanos que antes vivían en las orillas del Paraná y hoy viven en grandes conjuntos habitacionales ubicados a varios kilómetros del centro”. Destacó el técnico que “si lo pensamos desde la participación ciudadana, las escuelas de la periferia deberían tener los mejores maestros, la mejor educación, para conocer la historia (de la ciudad y la región) y poder construir su propio proyecto de vida. Pero no estamos viendo eso, y participar es construir, y construir es un proceso a largo plazo”. Contexto históricoEl proyecto habitacional Itaembé Miní se genera a comienzos de 1994 con el propósito inicial de construir viviendas económicas para familias provenientes de sectores populares.Según la mirada del antropólogo Brites, “con la crisis del modelo de vivienda de interés social, la política habitacional comenzó a ser pensada sencillamente como ‘políticas de viviendas’ (haciendo referencia a la casa objeto), se dejó de lado la tradicional concepción del ‘desarrollo habitacional’,que además de la casa contemplaba componentes externos a la vivienda, colectivos y públicos, integradores y dinamizadores de la compleja dimensión del habitat”. “En este marco -sostiene el científico social- el complejo habitacional Itaembé Miní, localizado periféricamente a diez kilómetros del centro urbano de Posadas, representa el caso testigo más emblemático de un acervo habitacional que, desde el primer momento de su creación, ha atravesado por una serie de problemas y conflictos debido a la ausencia de componentes sociales y urbanos en el diseño de las políticas habitacionales implementadas”. A partir de la situación planteada en Itaembé Miní, “surge la cuestión acerca de la implicancia que tuvo la construcción de un megacomplejo habitacional que en su diseño no ha incorporado los componentes sociales y urbanos más allá de algunos elementos de gestión social que intentaron acompañar el proceso de instalación de la población en el nuevo asentamiento”, advirtió el especialista. Y puntualizó: “Los componentes sociales y urbanos constituyen elementos indisociables en el conjunto de las políticas de viviendas, en tanto determinarían la calidad del tipo de respuesta que se considera adecuada a la necesidad y la organización de las relaciones sociales para las actividades correspondientes a satisfacerla”.





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