POSADAS. Antonella es un niña de tan sólo seis años y le diagnosticaron celiaquía, una intolerancia al gluten que no representaría ningún problema para su salud si la pequeña pudiera acceder a los servicios básicos de luz eléctrica y agua segura. Pero Antonella vive con su papá en una precaria casa de la Picada 9 de Julio, cercana a la Colonia La Flor (El Soberbio), donde no cuenta con energía eléctrica ni agua corriente. Ramón Cardozo es un vecino de la zona y amigo del papá de la nena, Dalvino Zoarez, un joven agricultor de tabaco que hace dos años quedó viudo y vive con Antonella y el hermano mayor y la esposa de éste. Sólo una familia sin luz “Ver la situación en la que viven me genera impotencia, nosotros desde el año 1991 que contamos con luz, pero a ellos no sé por qué motivo aún no le conectaron”, contó a PRIMERA EDICIÓN, Ramón, en una comunicación telefónica. “La niña sufre porque tiene que tener una alimentación diferente y también otros cuidados”, afirmó Ramón, conociendo de la realidad de los Zoarez. Esta familia vive en una zona rural distante unos quince kilómetros de La Flor. Dalvino es agricultor y a veces debe ir a trabajar con su hija para no dejarla sola en la casa. Caminará 20 kilómetros para ir a la escuela Este año, Antonella empezará la escuela, para ello deberá caminar alrededor de 20 kilómetros (ida y vuelta). Si bien “esto lo llena de alegría, también es una preocupación más para Dalvino”, aseguró el vecino que dio a conocer la historia de vida de esta luchadora. La mamá de Antonella, llamada Argentina, falleció hace dos años como consecuencia de un cáncer. “La muerte de su mujer afectó muchísimo a Dalvino, todavía no pudo superar eso y encima ahora se enfrenta con la enfermedad de su niña. Él me contó la historia de vida más triste que me tocó escuchar hasta ahora y lo peor es la preocupación por su hija, que no lo deja vivir en paz”, relató. Ramón detalló que “el médico le recomendó a Dalvino que su Anto solamente consuma alimentos siempre frescos y que tengan mucho cuidado con el agua, pero ellos no tienen energía eléctrica ni agua corriente, entonces ¿cómo van a hacer para conservar la comida fresca?”. Cerca de la casa, un poco más abajo de un galpón, hay una vertiente de donde se proveen el agua, sin embargo, esta situación tampoco es recomendable porque “se podría intoxicar”, dijo Cardozo. El hombre comentó a este Diario que “una vez me contó Dalvino, casi quebrando su voz, que el último año de vida de su esposa, la tuvo que sacar de la casa y llevarla a vivir en la vivienda de un pariente, que sí tenía luz, ya que tenía miedo por los alimentos y los medicamentos que debía ingerir la mujer. Eso es terrible, él a veces está angustiado”. “Él y nosotros no pedimos nada raro, solamente queremos que le bajen la luz eléctrica. Incluso Dalvino fue a hablar con la gente de Emsa y les dijo cuánto tenía que pagar para poder contar con energía. Yo le dije que si era mucho, entre todos vamos a encontrar la manera de recaudar el dinero, haremos empanadas para vender, alguna rifa, lo que sea. Pero no creo que sea plata, la luz no se le niega a nadie”, dijo Ramón, quien ayer estuvo visitando a la familia.Dalvino, según comentó Ramón a este medio le contó que el tendido eléctrico está a sólo 1.700 metros de su casa. “Muchas veces le hicieron limpiar todo el camino (aéreo) porque le iban a instalar la luz, habrán sido unas cinco veces, incluso él se ofreció a cavar los pozos para colocar los postes, sin embargo, hasta ahora está esperando que vayan”.“En 1991 un grupo de vecinos de colonia La Flor formaron un consorcio y con la totalidad de aproximadamente 90 usuarios compraron el cable para el tendido de alta tensión, que debía traerse desde Colonia Primavera, donde ya había luz eléctrica. Además se compraron los transformadores y una empresa privada donó todos los postes y así logramos nuestro objetivo, pero esa misma suerte no tuvo la familia de Antonella”, cerró Ramón.





Discussion about this post