POSADAS. “¿Adónde vamos a ir a parar? Aunque a esta gente se los lleven presos, a mí nadie me va a devolver nada, ya no puedo volver a vivir ahí. Perdí mi casa, mi terreno, perdí todo”, se lamentó Efraín Zela, una víctima más del accionar de barras que con sus actitudes sólo generan destrucción.Sucede que el hombre, nacido en Perú y quien se considera a sí mismo descendiente de los Incas, hace aproximadamente veinte años que vive en el país. Después de varios años logró comprarse un terreno y pudo construir allí su casa. La misma se encuentra en el barrio 158 de Posadas, en la zona Oeste de la ciudad. Todo iba bien, había logrado construir allí un ecosistema donde cultivaba plantas medicinales y tenía las tacuaras, su materia prima para la realización de instrumentos musicales. Todo desapareció.“La convivencia en el lugar fue tranquila hasta que se fue mi mujer, que tuvo que continuar sus estudios en la ciudad de Corrientes. Fue ahí cuando comenzó mi problema”, le relató a PRIMERA EDICIÓN. En ese momento, un grupo de jóvenes del barrio se ensañó con el músico. “Son chicos con todo tipo de vicios, amanecían frente a mi casa. Yo jamás me hice ningún problema, ellos hacían su vida y yo la mía. Pero comenzó a tornarse difícil de noche, siempre me dirigí a la comisaría Séptima, donde me tomaron las denuncias de todos los hechos: amenazas de muerte, ataques y demás. Ellos tenían que llevarme a mi casa porque si no, no entraba. Ni en pleno día podía entrar a mi casa. Se volvió tan difícil vivir ahí que decidí irme. Durante ese tiempo le presté mi casa a una pareja amiga de Buenos Aires. Yo traté de salir, porque quizás con gente nueva se calmaban. Cosa que no pasó, como amenazaban a su hijo adolescente, al tiempo también se fueron”, contó Zela, a la vez que agregó que otro amigo fue a vivir al lugar pero tampoco pudo vivir allí debido al constante acoso de los jóvenes. “Hubo mucha gente que quiso comprar el lugar, pero no lo hicieron cuando observaron el lugar donde vivía, y eso que yo lo había reacondicionado”, indicó el músico. En dos ocasiones -según su relato- le salvaron la vida. “El agente Valenzuela del 911 fue uno de los que más me ayudó. Hubo una ocasión donde se encontraban efectuando disparos en el muro de mi casa y afilaban una especie de machete con el que ‘iban a matarme’ como decían. Entonces, el agente Valenzuela de inmediato me socorrió. Pero en otras circunstancias nadie hizo nada. Un domingo se encontraban atacando mi casa con piedras e insultándome y nadie hizo nada”, señaló.Casa tomadaHace un tiempo que Zela ya no vive en el lugar. Entonces, un amigo suyo se encargaba de ir todos los días a regar las plantas y a controlar lo que sucedía en su casa. “Él tuvo que viajar por las fiestas a Buenos Aires, habrán visto que no había nadie y aprovecharon para entrar. El lunes pasado fuimos entre tres y encontramos todo arrasado. No queda ni un ladrillo de las dos piezas de material noble que tenía. Sacaron todo, encontramos la casa destruida, quemada. Tenía mi taller que era todo de madera, y no quedó nada. Desarmaron todo, hasta el muro perimetral de 20×10 con hierros, alambres y cemento que estaba trenzado. No sé cómo lo sacaron. No dejaron escombros, nada”, contó. PRIMERA EDICIÓN hizo un recorrido visual por la zona y constató que el lugar donde estaba su casa hoy es un terreno arrasado, donde este grupo de individuos ya se encargó de armar una especie de carpa en la que se juntan de manera habitual. “Tengo algunos libros que pude sacar, algunas ropas, bolsas de dormir. He perdido heladeras, cocina, dos roperos llenos de ropa, dejé cajones de libros, ropas de un amigo que se han llevado. Yo no puedo ni quiero volver al lugar. No puedo ni vender el terreno porque en esas condiciones, quién me va a comprar. Ya no hay vuelta atrás”, se lamentó Zela y agregó: “Cómo podemos creer que estamos en un país formal con derechos si pasan estas cosas”. Indicó que hay mucha gente con los mismos casos. “No denuncian ni hablan porque tienen miedo. Esta gente no tiene escrúpulos, está llena de vicios. No sé qué ganan con lo que hicieron con mi casa, yo no reparo en eso pero es esta la estructura absurda de la sociedad en la que vivimos. No existe un Estado formal presente que me pueda dar una solución a este perjuicio que he sufrido. ¿Qué gano con que los metan presos? Ya perdí todo”, cerró.





Discussion about this post